martes, 12 de noviembre de 2013

FaceLook


 
FaceLook.
       Una mujer, un hombre, novios durante 7 meses, (15 esculturales años ella, 20 intrépidos él) se reencuentran, 35 años después, en facebook. Ella vive hace 30 abriles en EE.UU. En Noruega él, igual ponle tres décadas. Divorciados. 5 hijos en el tándem: 3 ella, él un par. La última vez que se vieron, Notre Dame ni en planos. Ambos en el andén: se les fue el tren con los mejores años. La mujer “sube” a su “página” unas fotos de cuando aquello del noviazgo sietemesino. Comenta él, elogioso. Comenta ella una de él, amarillenta, como esa de que habló Miguel Hernández. Ella, 180 libras en metro y medio de estatura, – centímetro más centímetro menos – ya no es la misma “de cuando aquello”. Él ni hablar: 200 en 1.75. Planean “verse”, por internet. Y lo hacen. Las imágenes son un horror, un atentado somático pero ninguno se atreve a escupirse las verdades en la cara. Si acaso: “estás más lleno”, “tú también”. Notre Dame en los planos la última vez que hicieron un trámite sexual. El señor ya ni recuerda si la sonrisa que se abre en la entrepiernas de una mujer es vertical u horizontal. Yo creo que es horizontal, medita. Tampoco recuerda si queda algo por ahí por donde sube y baja la cremallera de sus pantalones. Yo creo que sí, se alegra, porque meo. Planean encontrarse, en terreno neutral, Atenas, digamos. Y lo hacen. Ella según él: pa ´los leones. Él según ella: pa ´los cocodrilos. Por segunda vez ninguno se atreve a escupirse las verdades en la cara y vaya usted a saber cómo llegó hasta la cópula ese par de sandías pero hay milagro en plenilunio: lo logran. Dos miserables minutos demora el acto final de la tragedia griega. El tiene sus mañas, ella también. Pero el amor todo lo puede, o casi, y hasta se habla de matrimonio. Regreso a casa. Al día siguiente, notifica el de las 200 libras, por facebook, proposición de vuelta de página a quien fuera escultural jovencita a los 15 años. Acepta ella, con alivio.  

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