viernes, 26 de octubre de 2012

De cocos secos y la alegría de estar vivos.


 
De cocos secos y la alegría de estar vivos.

      Esto es simple: si usted cierra los ojos está muerto, pero en vida porque piensa. Más o menos así se vive en Cuba, incluso con los tres ojos abiertos. Para el cubano que perforó la cortina de hierro y traspasó el umbral del veril nacional, volver allá es un motivo de alegría que entristece, una tristeza que alegra. Y es que usted sabe que allí estará felizmente muerto, o vivo, pero en un panteón, lo mismo da. El caso es que disfrutará junto a los suyos esa muerte isleña de todos los días, esa vida inerte de paso firme. Pero esto es simple: si usted pestañea tiene dos opciones: estar vivo o ser un espejo (con un marquito lleno de abalorios) Al otro lado del veril isleño nadie le cerrará los ojos, nadie le obligará a irse con "la bola mala": su cerebro o el coco seco que en ausencia le sustituya, escogerá la candidatura que mejor llene la cavidad.

En la foto: un cocotero.

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