domingo, 3 de junio de 2012


¿Adónde va el palabreo libertino, la libertad cantinflesca?

          No está de más recordar que escritor(a) no es aquel que con todo empeño garrapatea cuartillas y publica libros. Cualquiera pare un descendiente tecnológico de las hilachas de un árbol, protegido el parto malogrado por dos tapas que anuncian lo que en su vientre de folios algún desdichado sufrirá leyendo. Pero no alcanza con enlazar cuatro o cinco metáforas medianamente dignas, o un par de historias semiprecarias frente al ojo público para dejar aquel rasguño en la piedra de que hablara José Lezama Lima. Al escritor el ego en soledad le crece. No se abalanza un escritor(a) sobre los cuatro gatos diletantes que junto a él comparten espacio y tiempo porque su tarea es tratar de colocar otra crucecita en el almanaque de la eternidad. Y eso es cosa seria. En esta comarca, como en cualquier otra, la ignorancia es atrevida, y sin patrones de contraste sólido cualquiera puede creerse lo que no es. Como en cualquier otro lugar, también aquí son frecuentes los artículos que en las páginas de opinión de la prensa, garabatean los escribidores de la comarca. En no pocas ocasiones inspira nulas ganas de pensar lo que se lee y sí mucha compasión, vergüenza ajena, deseos de llorar. Y no hay un alma en esos periodicuchos capaz de ponerle freno a lo que freno lleva. Por tanto, dado que no aparece, ni de lejos se ve en algún rotativo de la comarca un editor, un corrector de estilo que valga tres quilos, es justo que todo el peso de la faena recaiga sobre los hombros del escribiente. El problema es que alguien que respete el oficio – aunque no lo domine – de escribir, no puede darse el lujo de sacar a la luz pública en el periódico más importante del país un ¿artículo? donde se lea algo como esto: Con el corazón en la mano, con lágrimas de sangre, con las cenizas de un antiguo fuego, por citar solo algunas metáforas, seguimos siendo polvo de estrellas enamorado. Animales que aúllan ante el desierto, pájaros que le cantan a la lluvia. (…) ¿Adónde (va) la gracia, la obsesión misma que me hace escribir una y otra página a lo largo de mi vida? ¿Adónde la contemplación, silenciosa y obstinada, que hace soñar al astronauta con naves estelares combustionadas por plasma? (Dorelia Barahona. ¿Adóne de va la libertad? Sección Opinión. Periódico La Nación. Jueves 31 de mayo de 2012) Donde solo cabe una cosa no caben dos ni tres. Ese texto, del cual he tomado, para atenuar horrores, un botón de muestra, más que un artículo de opinión parece un extracto de tertulia pasada de copas en sabatina noche o dominguera madrugada, la clásica nota del suicida o el borrador de lo que de todas formas será un pésimo poema. Aún no se define la ruta. Lo que queda claro es que la verborrea que destila el asunto es abundante; tanta que se convierte en reverencia gratuita a Mario Moreno porque, ¡oye!, según el apiñamiento de palabras los derroteros de la libertad parecen inescrutables pero el lenguaje cantinflesco tiene puerto seguro.

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