viernes, 18 de mayo de 2012

Rebelión en el gallinero.



Rebelión en el gallinero.
          Un grupo de 5000 personas, al amparo de algún que otro gallero senatorial, pretende lanzar una moción con el despropósito de legalizar en Costa Rica las peleas entre pollos del sexo fuerte. El desparpajo y la desvergüenza no conocen de límites. Al menos en teoría, en estamentos parlamentarios y populacheros, quebrantos emocionales con tratamiento de sicólogo provocan las peleas de perros. Pero no es lo mismo ver a dos canes despedazándose que a dos gallos finos desguazándose. Entre los plumíferos la sangre no llega a magnitudes de charco y todos los elementos anatómicos – con la excepción de algunas plumas ventosas – se mantienen formando un único cuerpo. No igual horror provoca en el quórum una dentellada arrogante que un sencillo picotazo o un pueril espuelazo en la cabeza del contrincante. La claque se conforma con el cambio del hiriente último alarido por cacareo terminal. Y si no es mucho pedir, también se contenta. Si la propuesta pasa los filtros y llega al debate, la próxima caricatura en querella será una mía, sin sangre, sin desmembramientos: colgar en una plaza pública, por inmorales, a estas 5000 personas, formando círculos, además, en torno a los cuerpos tiesos, oscilantes, de los regios galleros senatoriales.

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