lunes, 31 de diciembre de 2012

Resumen 2012: el peso de las estaciones.


Resumen 2012: el peso de las estaciones.
       Un año más, un año menos. Siguiendo la tendencia – para decirlo a la manera de Eduardo del Llano – de la masa cárnica, si al resumen de ingresos monetarios doy el peso de las estaciones, ha sido una mierda este año, el peor de mis últimos cuatro. Si coloco en una balanza mental las ganancias y pérdidas emocionales, ya van por dos las mierdas. Si aplico operación matemática de suma y resta en la que incluyo trivialidades que no lo son tanto como sentido de pertenencia, momentos felices, progreso material, compañía, confort, calidad de vida; pues uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis elementos por acá más dos que llevaba son ocho…mierdas. He ahí el resumen de la faena. A ver si en el 2013 (ya lo sé: tócate… código para cubanos) logro zafarle un pedazo al rompeolas, desmocharlo un poco. Felices fiestas, y sean felices en el nuevo año; o como diría Borges: inténtenlo. Yo como él, hasta ahora no sé lo que es eso, pero también lo intento.

domingo, 30 de diciembre de 2012

De cefalópodos y otras tendencias.



De cefalópodos y otras tendencias.
       
         A la izquierda siempre –  y solo – “los buenos”, y como no hablamos de cefalópodos, pues solo nos queda esa otra orilla, la derecha, donde pernoctan “los malos”. Podríamos decir incluso de estos que, medio paralíticos están, acaso si los miramos desde el paraje siniestro de la ballesta. No hay más opciones, ni condiciones. Es un pastiche de recuadro, de esquema y teorema, diría yo en blanco y negro, a rajatabla así. Diría yo, en fin, como el esquema global. Pues bien, aborde usted, estimado hombre de mundo, de pletórico cerebro recubierto y requemado por arabescos mentales de todo tipo, aborde usted, decía yo, y digo, retomando el hilo de Ariadna trunco de esta conversación, más bien monólogo sin catedrales,  a cualquiera de los individuos que de tan peculiar manera cubren en ese ómnibus, bus, guagua o como sea que se llame y que usted ve ahí, en esa foto – montados, sentados, acostados, amarrados, violados, de cabeza, en 4ta dimensión, en alpargatas…– el tramo La Lisa-Parque Central (Ruta 222, La Habana, Cuba), aborde usted, decía yo, y digo, por 2da vez y con la venia de los presentes, a cualquiera de los individuos que de tan original – siempre titánica – manera se trasladan de un punto a otro de la ciudad citada, y por la mierda sitiada, abórdelo además, si puede, formando usted también parte de ese amasijo sincrético, y pregúntele a cualquiera de ellos, así, con estas letras, con esa allí exótica inflexión de su voz, con estos puntos, con estas tildes, con estos signos de interrogación y de ser necesario – y lo será, si quiere usted sobrevivir al menos hasta el final del trayecto – en este orden, con estas comillas y con estas comas: 1. ¿es usted “de derechas” o “de izquierdas”?, 2. ¿Qué opina usted del “hombre nuevo” del que hablara el Che Guevara”?, 3. ¿Se considera usted, tomando en cuenta que ha nacido y crecido en el sitio donde – según ese mae, Guevara –  se coce la mejor sopa de nabos, necesaria para la formación del “hombre nuevo”, parte indisoluble de tan reciente especie?,  4. ¿es usted martiano, fidelista, guevarista, o "el hombre nuevo"?, 5. ¿es usted un revolucionario?, 6. ¿se considera usted un individuo comprometido con el proceso revolucionario cubano? Pregunte usted, estimado ser de foránea orilla, formando parte, repito – si puede – del folclórico conglomerado, y ya verá de qué brutal manera puede un hombre cultivar un cefalópodo ideológico en la cabeza, o convertir la suya, estimado hombre de mundo, en ramillete de tentáculos sanguinolentos.

miércoles, 26 de diciembre de 2012

Crónicas castrenses. (X y final)



Crónicas castrenses. (X y final)
        No vive un pueblo de romántico desaliño, de promesas, de sacrificios inenarrables en pos de un futuro que nunca llega. No vive un pueblo de barbas sin arreglar desde hace más de 50 años, de greñas al viento que hoy parecen más los pelos de una escoba vieja que lo que antaño fueron. No vive un pueblo vestido de verde olivo para toda circunstancia. No vive un pueblo que no se regenera, que se desangra por cualquier orilla, por cualquiera de sus aeropuertos a como dé lugar y contra todo riesgo. No vive un pueblo de la diatriba constante de sus regidores, ni de traiciones. No vive un pueblo del castigo brutal de sus gobernantes. Una nación, un pueblo que bajo esas circunstancias discurre, si acaso – apenas por estática milagrosa – sobrevive. “Fiel” Castro es un documental del cineasta cubano Ricardo Vega, hoy exiliado en Francia. Haciendo una pedestre culinaria comparación diría yo que si un pedazo de pollo fuera el film, habría que chuparle hasta los huesos. Buena parte del material de archivos que lo conforma fue sacado clandestinamente de Cuba. Lo que ahí se verá, y sobre todo, se escuchará, no son precisamente las palabras de algún improvisado “desafecto” a la revolución cubana. Je le raconte comme ils l´ont raconté, así comienza la película; no pasemos por alto ese detalle. Ojalá quien esto lea disponga de los 51 aleccionadores minutos que dura el documental. Para botón de muestra tenemos, por ejemplo, los 44 segundos que transcurren del minuto  43:00 al 43:44, agréguele a esas palabras  la humildad de los gestos y ya verá que rico pastel sale de ahí. No sobra cerrar con una máxima de José Martí: cuando los pueblos emigran, mal van los gobiernos. Y otra, de vox populi dirigida a los amantes de la utopía desecha: cuando no sabes, mejor te callas.
 


domingo, 23 de diciembre de 2012

Certificación de nacimiento.


 
 
Certificación de nacimiento.
        Nací en una isla-santuario, compartida ayer entre los que ya no están, compartida hoy entre los últimos 15 millones de paganos y feligreses que en ella nacimos y todavía pestañeamos. Nací en una isla-doncella marítima, en una isla-goleta geográfica que navega en el pecho de cada cubano, dondequiera que esté. Es una  isla que para patria ser le alcanza con habernos parido, y con ello legarnos esa herencia topográfica, racial, sincrética, emotiva, de formas, olores, sabores y ausencias; ese yo preliminar que nos constituye. Nací bajo secuestro en una isla que flota dentro del mundo, en una isla que semeja un piano que alguien toca detrás del horizonte. Un piano de atril, visible desde lejos, empotrado en laminar tarima de mar. Nací en una isla bajo secuestro, bella pero triste, de alegría ontológica. En una isla que hecho jirones mantiene sobre su lomo, desde hace 53 duros años, el último de sus temporales ornamentos; en una isla-Acrópolis de los tiempos modernos, que emite resplandores de fuego fatuo desde sus ruinas, en una isla que se desnutre hoy alimentando la manía de una grandeza que perdió hace mucho tiempo.  
 
Post Data: En la 1ra foto: La Habana !primera mitad de los años 20, hace casi un siglo! ( Prado, intercepción con la calle Neptuno). En la 2da, La Habana, hoy.

sábado, 22 de diciembre de 2012

Crónicas castrenses (IX)


 
Crónicas castrenses (IX)
       En 1947 el filósofo francés Emmanuel Mounier, fundador del Movimiento Personalista, publicó su Tratado del carácter, escrito entre 1942 y 1944. No tenía Mounier ningún tipo de contacto con Fidel Castro, a quien aún le salían los últimos pelos de esa barba engañosa, inconclusa, que supongo yo le crearía un trauma todavía latente, dada su personal interpretación de esa estirpe de macho alfa a la cree pertenecer. El caso es que Emmanuel Mounier trazó en su Tratado…una semblanza impersonal del paranoico, tomando a Adolfo Hitler como modelo para definir genéricamente a todos los que avasalla esa enfermedad. El francés murió sin conocer personalmente a Fidel Castro, pero los clásicos impresos no son solo los monumentos literarios. Y Fidel Castro se cuenta entre aquellos que ayudan a perpetuar la vigencia de las palabras de Emmanuel Mounier. ¡Allá va eso! ¡Métele Emmanuel!:
“Todos nosotros hemos encontrado a alguno de esos individuos maniáticos, llenos de sí mismos, que lanzan sobre sus semejantes una mirada soberbia y despectiva; son, además, desconfiados, inadaptables y están convencidos de que todo el mundo a su alrededor se ocupa en confabularse contra ellos. El paranoico está constantemente satisfecho de sí mismo; todo pretexto le viene bien para confirmar su orgullo; no admite ni sus yerros ni sus defectos, ningún fracaso le afecta” Y sigue Mounier con su retrato al oleo de Fidel Castro: “El paranoico avanza, bien armado de su suficiencia, y ya puede perecer la humanidad antes que uno solo de sus principios. Los hombres no son más que comparsas puestos a su disposición. Su actitud expresa su carácter: camina con el busto erguido, la mímica desdeñosa, pronto al encogimiento de hombros o a la sonrisa de conmiseración que a veces lleva casi permanentemente esculpida en su rostro. Todo este cuadro denota una profunda perturbación de las facultades autocríticas” Y abunda el galo desde su Tratado del carácter: “El paranoico se equivoca a la vez sobre sí mismo y sobre el mundo exterior: la vanidad y la desconfianza son inextricablemente solidarias y expresan bajo dos aspectos diferentes la discordancia fundamental con el medio. Con frecuencia sus paradojas tienen chispa y originalidad, su retórica es sutíl y a veces brillante. Pero parte siempre de un error de juicio, de un escamoteo de la prueba, de una sistematización abusiva. La perturbación de las facultades de autocrítica y el espíritu de sistema son las dos causas principales de su aberración. Nadie es más razonador, más cuidadoso de afirmar que solo la lógica le guía, pero ninguna razón es más extravagante que la suya. El paranoico, ese Don Quijote del sofisma, dotado de una memoria efervescente, es un observador atento y un dialéctico casi siempre hábil, que aprieta el hilo de su razonamiento, cita hechos y fechas, persigue con ardor los matices, dispone dilemas y celadas, como un verdadero juez de instrucción del mundo a quien acusa. Proyecta una luz ácida sobre un campo soberanamente restringido, cuyos destellos se ponen de relieve en detrimento de las perspectivas por la iluminación demasiado cruda. Se indigna si alguien le trata de delirante. No hay en él decaimiento intelectual, sino, según la fórmula de Dugas, confiscación de la mente en provecho de un sentimiento fijo…”
 Los de foránea orilla no sé, pero cada cubano que lea este fragmento del Tratado del carácter de Emmanuel Mounier sabrá que difícilmente un dedo podrá estar con más certeza encima de la llaga, una flecha difícilmente podrá partir ese blanco isleño con más precisión.  

martes, 18 de diciembre de 2012

Crónicas castrenses (VIII)


 
Crónicas castrenses (VIII)
        El 30 de setiembre de 1959 el Diario de la Marina publicaba en editorial: “No basta que no haya censura antes de la publicación para afirmar que existe la libertad de prensa. La libertad de prensa está comprometida cuando se ha creado una atmósfera de coacción contra quienes tratan de expresar libremente sus opiniones, sus ideas o sus principios.” (Ver Crónicas castrenses V) A esas alturas del 1959 el acoso al periódico de la oposición (aunque poco les quedaba, todavía existían periódicos de oposición en Cuba) no se limitaba ya a las “manifestaciones espontaneas del pueblo enardecido” frente al edificio del Diario de la Marina, ni a la quema “simbólica” de algunos de sus ejemplares. Para ese triste entonces, no solo se arrebataban por la fuerza paquetes enteros a los distribuidores del Diario…, sino que además se destrozaban sus quioscos de venta y llegado el caso y la necesidad, se volcaba algún que otro vehículo de reparto. “Para que fuesen aprendiendo”, según Fidel Castro. En 1960 el Napoleón insular arremete en televisión contra Agustín Tamargo, por la fecha redactor de Bohemia y El Avance. Acostumbrado a no recibir réplicas por sus regaños, jamás imaginó que Agustín Tamargo tuviera los huevos necesarios para responderle con una carta abierta: “Lo que usted desea, comandante Castro, no son periodistas, sino fonógrafos”  Y en el mismo globo en que desapareció Matías Pérez montaron al redactor de Bohemia. Casi al mismo tiempo, Carlos Lechuga, diplomático cubano en los EE.UU, decía: “El hecho de que algunas personalidades del Movimiento respondan a ciertas críticas no significa que (en Cuba) sea infringida la libertad de prensa. Al contrario, es esta una nueva ilustración del libre juego de las opiniones, exactamente tal y como existe en los EE.UU” Y el cordelito que rompía la piñata de un tirón: "Cuando el presidente Roosevelt o el presidente Truman, por ejemplo, hablaban de tal o cual periodista en términos más bien duros, nadie lo consideraba aquí como censura” Harry Truman escribió alguna vez una carta bien áspera a un crítico musical que habló despectivamente de las cualidades “musicales” de su hija. El periodista, tranquilo y contento la recibió. Y dicha carta le granjeó una publicidad inesperada que terminó traduciéndose en enormes ventajas en su vida personal y profesional. A Agustín Tamargo, Fidel Castro lo tildó ante las cámaras de la TV Cubana de “plumífero al servicio de los criminales del Departamento de Estado”. Y ya se sabe en el globo que lo montaron después.

lunes, 17 de diciembre de 2012

Crónicas castrenses (VII)


 
Crónicas castrenses (VII)
       Herbert Matthews se convirtió en admirador y hasta protector de Fidel Castro al minuto siguiente de haber terminado su entrevista con aquel a comienzos de 1957, en el campamento del líder guerrillero en la Sierra Maestra. El 17 de febrero del propio año el New York Times publicó la entrevista. Es uno de esos exóticos, desquiciantes casos de estudio para la psicología, en los cuales alguien admira lo que detesta. En el libro que Herbert Matthews escribió pocos años después, en defensa de F.C, se deja leer lo siguiente: “Aquellos de nosotros que han estado en contacto personal con él y que le han observado desde el principio, se han visto inducidos a preguntarse si la famosa máxima de Lord Acton – la que dice que todo poder tiende a corromper y que el poder absoluto corrompe absolutamente – podría ser aplicada a Fidel. ¡Ay, ya lo creo que puede aplicársele!...Se da uno cuenta de ello en el caso de Fidel, en la manera que ha tenido de hacerse cada día más autocrático. Tenía sed de poder, y la sed ha aumentado bebiendo” Ante defensas como esa, preferiría yo agarrarme a los puñetazos con cualquiera en el medio de la calle. Y H. Matthews no se detiene ahí, ¡qué va!, faltaba el soporte teórico sobre los rasgos de la evolución política del caudillo tropical. Dispara Herbert: “…no conocía ni iba a conocer nunca el verdadero significado de las palabras libertad y democracia. Solo como consecuencia del progresivo desarrollo de los acontecimientos se ha hecho claro que mientras Fidel Castro siga en el poder no habrá ni podrá haber democracia y libertad en Cuba” Pocas veces en la historia humana un protector ha conocido y calibrado de manera tan precisa a su protegido, aunque ya usted sabe, hay amores…