viernes, 12 de octubre de 2012


 
A la deriva.
       Corren nuevos rumores viejos sobre la suerte de Fidel Castro. Se dice que el hombre ha muerto, cerebralmente, no hay que apurarse con los suspiros más profundos, la champaña, la cerveza para bolsillo más discreto, y quizá hasta con las lágrimas y los pucheros, que nunca se sabe. Mas digo yo: esos rumores correrán de boca en boca entre aquellos que estuvieron de viaje las dos últimas décadas. Y entre el ajetreo de los aeropuertos, las estaciones de trenes, el metro, los tranvías, las chalupas, los paquebotes y la estancia en lugares remotos e inaccesibles, incluso tecnológicamente (cualquiera pensaría que estuvieron en Cuba), tiempo no tuvieron de ponerse al día porque el cerebro del caudillo dejó de funcionar hace 20 años, cuando el Muro de Berlín le cayó en la cabeza. De todas formas, la bola corre, se desliza de home al jardín central; y ojalá sea un hit  y no un error de bulto del segunda base, o del shortstop. Para disimular la longeva gotera ha dicho hoy el hijo fotógrafo de Fidel Castro (Álex) que su padre está bien, fresco. Me atrevería a pensar que pensó decir “rejuvenecido”, aunque no lo dijo, quizá para no dejar constancia de que del dicho al hecho… No obstante, si usted le preguntara al retoño dinástico por la situación “general” en que se encuentra la isla, la respuesta sería la misma. Así es que no hay que creer en palabras de fotógrafo que a favores de la casta debe oficio. Vivo o muerto del cuello hacia arriba o de la cintura para abajo, Fidel Castro ya poco importa. De todas formas la isla sigue ahí, como siempre, donde siempre: a la deriva.