miércoles, 26 de noviembre de 2014

Miel-coles.


 
Miel-coles

        Según los aztecas, que a Calderón de la Barca dudo conocieran, la vida es un sueño del que solo al morir despertamos. ¿Será por eso que me he pasado la vida deambulando en el proceso precipitación-evaporación-condensación, enmascarándome entre las nubes y mi reflejo en cualquier charco callejero? ¿O será que ya estoy muerto?

martes, 25 de noviembre de 2014

Marciana.



Marciana.
    
       Mañana lloverá en Miami, dicen, y bajarán las temperaturas, así, en plural, como si fuera una ristra de ajos la temperatura y ojalá, a ver si voy arrancándole grados a mi antojo. En fin, el caso es que mañana lloverá en Miami, dicen, por la noche, es decir a cualquier hora dentro de mí.

lunes, 24 de noviembre de 2014

Lunática.


 
Lunática.

      A ver si lo que no sucedió el fin de semana me despide las ganas; si el sol se pierde un rato y eso me alcanza para odiarnos menos, si la semana me traga desde ahora y me escupe a finales.

domingo, 23 de noviembre de 2014

Dominguera.


Dominguera.
       Un brazo fálico, medio erecto, medio fláccido, levanta un sol ya tardío entre una rambla de nubarrones. El viento es casi un amuleto pero el invierno es indigno y no llega la piel al sobresalto. Así debió correr un domingo en el Cretácico, solo que no revienta su voz un dinosaurio, sino que suena un claxon. Pero la hierba es la misma, supongo que también la refracción de esta luz mortecina sobre sus hojas. Así debió correr el tiempo en el Cretácico. Si acaso les faltaba la tristeza.

lunes, 17 de noviembre de 2014

Vecino II. (Final)


 
Vecino II. (Final)

       Ha muerto el vecino que vivía conmigo. El arco metálico decidió completar ayer, como un bólido, su letal trayecto en ángulo de 360 grados cuando el vecino, como cada día, por un pedazo de queso se jugaba la vida. Parafraseando a Oliverio Girondo se me antoja y digo: muerte súbita, muerte cruel, muerte en cumplimiento del deber la de mi vecino. No hay júbilo ni sombrerazos al viento en la orilla opuesta porque fue, si es que la hubo, pírrica mi victoria. Hasta me atrevo a decir que le guardo mis respetos al vecino, y que lo extraño. No cualquiera sabe morir con las botas puestas, o con las patas agarrando el queso, vaya, que para el caso es lo mismo. En fin, medio mar-t-ciano como también a veces me pongo, reconozco que dos veces vi el alma ayer, dos: cuando murió el vecino que vivía conmigo; cuando le dije adiós.

jueves, 13 de noviembre de 2014

Vecino.


 
Vecino.

       Tengo un vecino que vive conmigo. Que se las trae, y se las lleva también, sobre todo esas lascas de queso que impunemente se roba de la trampa donde espero verlo un día caer. Ojalá más temprano que tarde, porque ya voy por dos libras de queso – ¡suizo! – y hasta ahora lo mejor que ha hecho la trampa es machucarme con saña dos dedos de la mano izquierda y al paso que voy ahorita los pierdo. El asunto es que parisino, antimonárquico, comunero como a veces me pongo, no quiero matar a mi vecino a dolores de barriga sino así, medio a lo Luis XVI, apachurrándolo con una trampa miserable a falta de revolucionaria guillotina. Y hablando de guillotina y como los locos, imagino ahora un diálogo histórico e histérico entre dos sublevados dieciochescos – un hijo y su madre –  en camino al sitio de la ejecución de su rey: De Fontanes, apúrate mijoo coñooo, que cuando lleguemos a la plaza aquello va a estar lleno de gente y no podremos ver la cabeza del rey haciendo piruetas en el aire y el chorro de sangre saliéndole del cogote. / Madre, creo que por mucho que corramos, ya si acaso veremos la sangre de mi tocayo abrillantando las alpargatas de Sansón, las tablas de la tarima, los ladrillos de la plaza. Tengo un vecino que vive conmigo: si no lo parto en dos con la trampa por lo menos lo intoxica el atracón de queso suizo.

jueves, 23 de octubre de 2014

De cumpleaños.







De cumpleaños.
 
    Pensando la tarde del 22 de octubre en una máxima (no sé si de Platón, de Cicerón, de Catilina, del Arcángel Gabriel, de Agustín Marquetti , de Armandito El Tintorero, de Pepe El Globero o vaya usted a saber de quién), que reza: lo que no sirve que no estorbe, y abocado al moco, la nostalgia, con esto de mis 44 redondos, decidí hacer una limpieza profunda del entorno y por botar boté hasta la mujer. Después me fui a la presentación del Anuario Segundo de la Revista Conexos y tan duro le di allí a la uva, la croqueta y el vino tinto que poco faltó para que terminaran excomulgándome. Aquí debajo cuelgo, bueno, eso. Así es que mejor busco sinónimo y aquí debajo “adjunto” uno de los dos textos que Rodolfo Martínez Sotomayor tuvo el gesto de incluirme en el Anuario.
 
                                                                 What are dry phantoms to the old men
                                                                                       lying at night alone?
                                                                                     
                                                              Robert Fitzgerald. Song for September.                                                                            
 
En tanto el viejo defeca
ad libitum 
pero inconsciente
sentado en la piltra,
en tanto su incoherencia gestual aumenta
y la cabeza pende sobre colgajos
que no proyectan vida ni expiración
solo un brutal abandono
que denota el claro oscuro
 pendular
 de la bombilla,
en tanto los poros eyectan
la poca herrumbre
que de humano le va quedando,
en la estancia contigua
y en torno al banquete
el grupo familiar se anima.
 
(De mi libro Fe voluble)
 

P.D: en la foto, el cake que no me pude regalar.