Mi criterio estético,
como el de cualquiera, también ha variado con el tiempo. Pero aun así, a mis 40´s,
se me hace difícil meterle oreja a algo que, rocanroleramente no suene como
sonaba la música a comienzos de los 90 y que me parezca bien. Y es que, a no
dudarlo, el “alternativo”, el grunge, marcó la historia de la música. Fue algo
así como un punto de quiebre de la inercia, un antes y un después de aquello.
En fin, un Jesucristo sonoro. Aquí dos “monstruos” del “alternativo”: Eddy Vedder
y Chris Cornell, cuando todavía no sabían que serían leyenda y desandaban
juntos las calles de Seattle y arrabales aledaños, buscando espacios para Temple of the Dog.
Soy de los jóvenes y de los viejos, de los inquietos y de los discretos/Indiferente a los demás, atento para con los demás,/Maternal, paternal, niño y hombre. (Walt Whitman. Canto a mi mismo)
lunes, 18 de noviembre de 2013
jueves, 14 de noviembre de 2013
Dame la mano y danzaremos, Teresita.
Dame la mano y
danzaremos, Teresita.
Murió Teresita
Fernández. No hay cubano entre cinco y cien años, si es que hasta allá nos
llega la memoria, que no la conozca. Qué cubano no tarareó alguna de sus
canciones, todas concentradas en esa nostalgia ingenua, necesaria, que se nos grabó quién
sabe dónde y ya trasciende nuestra infancia. Allá en la isla, a medio trayecto entre los Cuatro Caminos y San José de las Lajas (kilómetro 26 de la
Carretera Central) se levanta como un tótem, a una orilla de la ruta, una ceiba peculiar: La Ceiba de
Don Alejo (Carpentier). Según memorias del escritor, alguna vez se sentó bajo
su sombra, a descansar y a degustar el paisaje y el árbol tremendo. Años después, incluyó al
paquidermo vegetal en su novela "La consagración de la primavera”, lo describió,
lo ubicó incluso geográficamente. Cada año, a finales de diciembre, celebrando
el natalicio de Carpentier sucede allí en la ceiba, más que un evento, una “descarga”
cultural formalmente informal. Entre poetas, botellas de ron, trovadores, alguna cosa para engañar el hambre, los locos cuerdos habituales, buena charla, Teresita Fernández y alguna vez la
propia viuda de Carpentier, pasábamos - los ahora ausentes - quizá el mejor día
de todo el año. Teresita nunca faltó. Le tocaba, además, digamos por tradición,
cerrar “la función” tocando “Dame la mano”, el poema de Gabriela Mistral. Un par de veces debí ir a buscarla a su casa para llevarla hasta “la ceiba” y
devolverla a salvo a su isla personal, siempre llena de perros y gatos, siempre
hedionda, a qué negarlo, en aquel apartamento
de un edificio de veinte pisos que se levanta en un liso barrio de El Cerro
habanero como un pene erecto, acaso para recordarle a los transeúntes que allí la
musculatura impone las leyes de la convivencia. En el trayecto hasta la ceiba,
o ya de regreso, Teresita hablaba sobre cualquier cosa con un ímpetu
invariable: lo mismo sobre las fases de la luna, el gato minusválido
del que nació “Vinagrito”, el número limitado de mamíferos de cualquier especie
que le permitieron llevarse de su antiguo caserón y mantener en el apartamento,
los problemas para conseguir buenas cuerdas para la guitarra, un libro; el
impulso era siempre el mismo. Apenas dejaba hablar, ni falta que hacía. La
primera vez que fui a buscarla, algo de tiempo me dejó para contarle de mi
gato, del accidente tremendo que sufrió y de como casi de puro milagro no murió,
y logró - pasadores mediante en sus patas traseras - recuperarse. Al año siguiente, cuando llegué a buscarla, su primera
pregunta, su primer pensamiento fue para el felino: ¿cómo está el gato? Al amor que repartió Teresita Fernández no se le puede parcelar porque nos quiso a todos, lo mismo a sus perros y
gatos que a los millones de hijos que no engendró en su vientre porque le nacieron
de otros. La Ceiba de Don Alejo ya no será la misma. Se murió la madre de todos
los hijos de Cuba.
martes, 12 de noviembre de 2013
FaceLook
FaceLook.
Una mujer, un hombre, novios durante 7 meses, (15 esculturales
años ella, 20 intrépidos él) se reencuentran, 35 años después, en facebook.
Ella vive hace 30 abriles en EE.UU. En Noruega él, igual ponle tres décadas.
Divorciados. 5 hijos en el tándem: 3 ella, él un par. La última vez que se
vieron, Notre Dame ni en planos. Ambos en el andén: se les fue el tren con los
mejores años. La mujer “sube” a su “página” unas fotos de cuando aquello del
noviazgo sietemesino. Comenta él, elogioso. Comenta ella una de él,
amarillenta, como esa de que habló Miguel Hernández. Ella, 180 libras en metro
y medio de estatura, – centímetro más centímetro menos – ya no es la misma “de
cuando aquello”. Él ni hablar: 200 en 1.75. Planean “verse”, por internet. Y lo
hacen. Las imágenes son un horror, un atentado somático pero ninguno se atreve
a escupirse las verdades en la cara. Si acaso: “estás más lleno”, “tú también”.
Notre Dame en los planos la última vez que hicieron un trámite sexual. El señor
ya ni recuerda si la sonrisa que se abre en la entrepiernas de una mujer es
vertical u horizontal. Yo creo que es horizontal, medita. Tampoco recuerda si
queda algo por ahí por donde sube y baja la cremallera de sus pantalones. Yo
creo que sí, se alegra, porque meo. Planean encontrarse, en terreno neutral, Atenas,
digamos. Y lo hacen. Ella según él: pa ´los leones. Él según ella: pa ´los
cocodrilos. Por segunda vez ninguno se atreve a escupirse las verdades en la
cara y vaya usted a saber cómo llegó hasta la cópula ese par de sandías pero hay
milagro en plenilunio: lo logran. Dos miserables minutos demora el acto final
de la tragedia griega. El tiene sus mañas, ella también. Pero el amor todo lo
puede, o casi, y hasta se habla de matrimonio. Regreso a casa. Al día
siguiente, notifica el de las 200 libras, por facebook, proposición de vuelta
de página a quien fuera escultural jovencita a los 15 años. Acepta ella, con
alivio.
jueves, 7 de noviembre de 2013
Profanación.
Profanación.
Según estudio encuesta
de The Guardian, en Reino Unido, el 62 % de las mujeres chequea su teléfono
celular o escribe mensajes de texto mientras tienen relaciones sexuales. Sucede
lo mismo con el 48 % de los hombres. Supongo que por acá los números son
similares. Será cosa de los años, pero con el tiempo he aprendido a aplicar los
filtros con rigor y a estas alturas de vida apenas un par de cosas decanto en
el tamiz de lo sagrado: las relaciones sexuales son una de ellas. Así es que ni
de juego entro en ese porciento. Hay rituales en los que funciona, como castigo, la desviación de alguno de los cinco sentidos. Hay rituales, en fin, que no deben ser profanados.
miércoles, 6 de noviembre de 2013
Recuerdos.
Recuerdos.
Como dice esa canción - Ciego amor – que tan rico canta la Gema
Corredera: nunca fue buena de más la inocencia si arrastra quimeras vacías que
me degeneran. Sí, está bien, pero aun así, siempre pongo la carne en el asador. Y si me quemo,
pues nada, tarde o temprano me regenero, o como pueda me reinvento. Este grupo y Enrique Bumbury, fueron
dos descubrimientos a los que llegué gracias a unas manos que hasta ellos me
guiaron, manos ya ausentes, manos bajo las cuales mi piel ardió, y también se
quemó como la carne en el asador. Nunca fue buena de más la inocencia, pero nunca fue buena de menos. Sigo poniendo la carne en el asador.
jueves, 31 de octubre de 2013
No escampa.
No escampa.
Nicolás – alias El
Plátano – Maduro, uno de por allá por donde corren las aguas del Orinoco, un
tipo que comprobó el vínculo – nunca antes demostrado – entre la ornitología
sapiens y el canto coral, uno que propuso a la RAE (después de incisivo,
filológico análisis de los vericuetos del idioma español) la incorporación del
término “millonas” al diccionario de nuestra lengua (si hay millones de dólares
mal retenidos en los bancos, ¿por qué no puede haber millonas de locas gozando
con lo que otros sufren?); uno que pidió la multiplicación de los miembros
fálicos y que hace cosa de horas, como aquel que dice, constituyó un vice ministerio
Para la Suprema Felicidad Social del Pueblo venezolano, uno ahí, en fin, que ocupa
bolivariano puesto presidencial, dijo ahora que vio la imagen de Hugo Chávez en
una pared rocosa de uno de los túneles de ampliación del metro de Caracas. Y
dijo más: “Se me paran los pelos nada más de contarlo. Es la mirada de la
patria que está en todos lados, inclusive en fenómenos que no tienen
explicación” Vaya mirada fea la que se gasta la patria venezolana, pero además,
si te descuidas, también se le paró otra cosa. Que este tipo se encabrita con cualquier
horror.
martes, 29 de octubre de 2013
Octubre 1962, octubre 2013: el mismo perro, y el mismo collar.
Octubre 1962, octubre
2013: el mismo perro, y el mismo collar.
Para definir una
conducta ideológica, de principios, medianamente coherente, medianamente sana, medianamente
objetiva (si fuera eso posible) es necesario marcarle más que un par de décadas
al almanaque, digo yo. Hay que vivir, hay que meterse en la historia, pero de
cabeza; hay que experimentar en propia piel y sin referencias de segunda mano los
avatares existenciales, la manera en que, en fin, discurre la vida en orillas
tan distantes como por ejemplo Cuba y el mundo real. A propósito de la Crisis de
octubre, o de los misiles, o del último gran amago de despelote mundial: 15-28
de octubre de 1962 – con Cuba como carne de cañón – unas palabras de dos
implicados en el asunto. ¿Cómo medir en una escala los niveles de
irresponsabilidad y desprecio al homo
sapiens que mostró este par de ególatras?
Carta de Fidel Castro a Nikita Jruschov. 27 de octubre de 1962. (Fragmentos)
Si los misiles hubiesen
permanecido en Cuba, nosotros los habríamos usado contra el propio corazón de
los Estados Unidos, incluyendo la ciudad de Nueva York, en nuestra defensa
contra la agresión. (…) Nosotros marcharemos hacia la victoria aun si ello cuesta
millones de víctimas en una guerra atómica.
Ernesto
(Che) Guevara en entrevista concedida a San Russel, corresponsal del Daily Worker en La Habana. 29 de noviembre de 1962.
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