Soy de los jóvenes y de los viejos, de los inquietos y de los discretos/Indiferente a los demás, atento para con los demás,/Maternal, paternal, niño y hombre.
(Walt Whitman. Canto a mi mismo)
Nicolás – alias El
Plátano – se pasó de maduro. Propuso incluir el término millonas como nueva palabra en el diccionario de la RAE y pidió
hacer votos litúrgicos por la multiplicación de los órganos de cópula
masculinos, de los falos, de los penes, vaya, para decirlo como él. No aclaró las
vergas de cuales especies orbitaban en su pensamiento pero supongo que la
nuestra era el astro rey. A mí no me asombran estos desaciertos. Cualquier disparate
se puede esperar de un graduado del matadero de ideas Ñico López, la escuela “del partido” de Labana. ¿Qué va usted a pedirle a un pica tickets del metro de
Caracas? Un olmo no da peras ni a palos. Bastante hace, el pobre, para oxigenar
el socialismo bolivariano. Bastante poco.
LQQD (lo que queda demostrado): ¡Se puede llegar nadando!
Una señora, ¡adulto
mayor!, o casi, llamada Diana Nyad (64 abriles) completó a nado la ruta entre Labana, Cuba y Cayo Hueso, al sur de
Florida, Estados Unidos de América. Dos días, 160 y pico de kilómetros dando brazadas.
¡Qué bestia! Cuando llegó a Cayo Hueso, entre otras cosas, dijo: nunca renuncies
a tus sueños. Así es que ya tienen consuelo de repuesto los habitantes de la Antilla
más grande. Se pueden meter una vida entera tratando de salir de allí por los métodos
ortodoxos pero si a los 64 años aún no lo logran, les queda la opción de
intentarlo a nado.
Ocaso. Un documental cubano de Ulises Hernández Expósito.
Ocaso, un documental
de Ulises Hernández Expósito sobre la cara fea (¿hay otra?) de la realidad, de la vida en
San José de las Lajas, un pueblo cubano, cualquier pueblo cubano. Un documental con arreboles de
pantalla cotidiana, sin celuloide pero trunca, porque una de las historias que nos cuenta – la de la
muchacha drogadicta – se apega más al teleplay,
al teatro, y menos a lo ordinario. Y es una lástima, porque tan digna es la
crónica del resto de los “personajes” que, más allá del parentesco visual, sonoro,
de criterio, con la habanera suite de Fernando Pérez, si no conmueve por lo
menos inquieta. El parlamento de Ulises y esa estampa medio onírica al comienzo
del mediometraje, creo que nada aportó a la película; pero esta se recompone
sobre la marcha, se equilibra y finalmente, ella misma se recompensa. Y si bien
es cierto que tuvo un soporte digamos paterno, aquel que legó Fernando Pérez,
el asidero en algún punto se fractura para (aunque parezca atrevido decir esto)
rebasarlo. Y ahí están para demostrarlo esos desnudos, más que humanos, casi
pictóricos dentro del drama en que se insertan. Por lo demás, lo único que, se
me ocurre, explica la presencia a toda costa del relato de la drogadicta, aun
sabiendo Ulises – como supongo notaría – que cojeaba por manierista, es el
empeño por mostrar el asunto. Pudo haber trocado ese tema por otros también en
llagas allí: la prostitución, el proxenetismo, la ambivalencia moral. Al menos
en las dos primeras ronchas, “personajes” para asumir la tarea no faltarían. Y
si el empeño en contar la tragedia de la toxicómana era inamovible, pudo haber trocado
una actriz por otra, por otro. De todas formas, la secuela del trabajo es de
una dignidad evidente, y eso es lo que cuenta.
Mario Benedetti, un
uruguayo cuyo mérito en vida consistió en demostrar, con sus constantes
ataques, que la literatura posee un
poder de supervivencia descomunal, alguna vez escribió este coctel molotov: me gusta la
gente que vibra, que no hay que empujarla, que no hay que decirle que haga las
cosas…y por ahí. Parece que eso de referirse al tipo de gente que nos gusta es
asunto viral. Jack Kerouac, el líder evangélico de la Generación Beat y de aquellos
desaliñados beatniks que abrieron el paso al movimiento hippie y a la
revolución sexual, en su novela En el camino, escribió: (…) la única gente que
me interesa es la que está loca, la gente que está loca por vivir, loca por
hablar, loca por salvarse, con ganas de todo al mismo tiempo, la gente que
nunca bosteza ni habla de lugares comunes, sino que arde…y por ahí, también. Aunque
el yanqui , en obra, parece más apegado a la dignidad literaria, creo que en algún
momento se dio la mano con Benedetti . Nadie es perfecto. No me apunto en el
bando de los vibradores ni de los que se carbonizan. Paso con ficha.
Se dirá, casi 180 años
después de tantísimos aguaceros literarios, y literales, que ese tono simplón,
cuasi meloso, a medio camino entre el espíritu romanticón y el realismo, a
nadie convence ya. Sé dirá también que ese narrador omnisciente, rayano en la
prepotencia, poca gracia concede a la narración. Se dirán horrores, de Balzac –
por ejemplo – y de Papa Goriot. Pero el
relato se sostiene, porque las tres o cuatro verdades que nutren su historia (patrimonio
de nuestra especie) y que comenzamos a padecer en el paleolítico – quizá antes –
nos sobreviven, y nos empañan. Aquí debajo, las palabras finales de la novela Papa Goriot. Al menos para mí, tal vez
para alguien más entre los que la ha leído, de una gracia que se desplaza entre
la nobleza de la descripción, la audacia de la decisión, la sordidez remanente,
lo necesario.
Ya solo Rastignac, dio unos pasos hacia lo alto del
cementerio y vio París tortuosamente acostado a lo largo de las dos orillas del
Sena, donde ya empezaban a brillar las luces. Fijáronse casi ansiosamente sus
ojos entre la columna de la plaza Vendome y la cúpula de los Inválidos, allí
donde vivía aquel bello mundo en que había querido penetrar. Lanzó sobre
aquella bordoneantecolmena una mirada
que parecía sorberle por adelantado su miel y pronunció estas grandiosas
palabras:
–¡Ahora nos las
veremos los dos!
Y, como primer acto de desafío que lanzaba a la sociedad,
Rastignac fue a cenar con madame de Nucingen.
Costa Rica: entre la Santa
Inquisición y el sagrado chupete.
Un grupo de ciudadanos
costarricenses intenta promover una moción ante el Parlamento para despenalizar
el consumo de marihuana. Republica Dominicana y Costa Rica son los únicos especímenes en todas las Américas (hispana, lusitana, anglosajona…) considerados
Estados Confesionales. En todo el planeta Tierra, algo más de una veintena de países
se declaran estados confesionales, la mayoría musulmanes. En un país donde se conceden
privilegios estatales a una doctrina religiosa, lo cual implica que sus representantes
poseen el privilegio soberano de intervenir con poder real en los asuntos
políticos de la nación, siempre serán más los frenazos que los espaldarazos
oficiales a cualquier intento de moción como aquel. Y si además el país está en
Centroamérica, el tema pasa por una broma de mal gusto. Costa Rica no está
entre los únicos 6 países que prohíben el aborto en todas sus formas, pero
casi. En América del Norte (México a última hora, EE.UU, Canadá), Cuba, Europa
(excepto El Vaticano y Malta), casi toda Asia, Australia y Nueva Zelanda el
aborto es legal. Prohibido o ilegal en el resto de Oceanía, África (excepto
Sudáfrica), América del Sur (excepto Uruguay) y América Central: en fin, la
cola del mundo. Aquí, donde hablar del aborto es menear un tabú, a un grupo de
pobladores se le ha ocurrido que es posible aunar filas para legalizar el
consumo de la marihuana. Es algo semejante a alunizar con los pies, tristemente,
sobre la tierra; o algo parecido a alucinar sin haberle metido el primer chupete
al cigarro de cannabis. Habrá que rebasar primero ese alto Medioevo en el que
acá mentalmente vivimos para pensar después en cuestiones del siglo XX. Del XXI
ya hablaremos, cuando allá se llegue.
P.D: La Constitución de Costa Rica establece:
La Religión católica apostólica romana es la del Estado, el cual contribuye a su mantenimiento, sin impedir el libre ejercicio en la República de otros cultos que no se opongan a la moral universal ni a las buenas costumbres.
La revolución cubana:
dos metas para este milenio.
En el año 2010, finales,
la revolución cubana acuñó lo que posiblemente los libros de consulta recogerán
como el mayor de sus logros: conseguir que llegue el agua a los grifos de las
zonas residenciales los días que no están en el almanaque y, a veces, días
alternos. Considerando que hace poco celebramos el aniversario 500 000 de nuestra especie, no fue mucho el tiempo que les tomó – para decirlo como ellos – alcanzar
el compromiso trazado. El 1ro de enero de 1959 las hordas batistianas,
impotentes ante el avance de aquellos que rasuradora nunca conocieron, se
agarraron en catarsis contra las tuberías de agua de todo el país (metálicas en
aquella etapa de evolución tectónica del planeta), anudándolas, con esa fuerzas más que dan las espinacas en lata, para evitar
que fluyera la mezcla paradisíaca resultado del despelote entre dos átomos de
hidrógeno con uno de oxígeno. Mas la revolución cubana, que como digno leproso
se desmiembra pero no se amedrenta, asumió el reto de restablecer en el menor
tiempo posible el vital servicio. 50 años y un plus estuvieron desenredando
nudos. A no dudarlo, una hazaña. De la presión con que sale, a veces, el agua de las
llaves, no hay que hablar. Qué presiones ya tienen de varios
tipos allí y no hay que darse el innecesario lujo de incluir una más! Basta con un símil
para, al menos, imaginar la poética magnitud de la conquista: el mojado
elemento discurre por la boca del grifo como la cola famélica, viscosa, de una
salamandra contenta. La próxima meta será lograr que llegue el agua a las duchas. Si no
pierden el paso, tal vez me quede algún nieto vivo cuando lo consigan.