En 1960, Jean-Paul
Sartre era ya un acólito fundamentalista de lo que entonces nacía como un nuevo
canto redentor de naciones, la revolución cubana. No obstante, tonto no era el
hombre. El 12 de julio de ese año, en conversación con Sartre (recogida en Huracán sobre el azúcar) Fidel Castro
dejó claro que estaba dispuesto – en su obsesión antinorteamericana – a
sacrificar al pueblo de Cuba si con ello podía arrancarle una zancadilla a los
Estados Unidos. No le importaba, para decrilo a la manera de Leo Sauvage, cambiar su traje de rebelde libertario por otro de
sepulturero si así lograba despeinar a los EE.UU al hacerlo
tropezar con el cadáver del pueblo cubano. “¿Qué hará usted?” (le pregunta Sartre a F.C
ante la posibilidad de que los EE.UU establecieran definitivamente un embargo
económico sobre la isla) y Fidel Castro, impasible según Sartre, responde: “Si
quieren empezar con el bloqueo, nosotros no podemos impedírselo. Pero podemos
hacer que lo abandonen por la verdadera guerra, por la agresión a mano armada.
Y esto lo haremos; le respondo por ello” Semanas después, el 26 de julio, en su
“cita con la Sierra”, llegó más lejos el barbudo al declarar que su misión era
liberar la América Latina del imperialismo yanqui. Y Sartre anota: “Si los
Estados Unidos no existieran, la revolución cubana tal vez los inventaría;
ellos son los que le conservan su lozanía y originalidad”
Soy de los jóvenes y de los viejos, de los inquietos y de los discretos/Indiferente a los demás, atento para con los demás,/Maternal, paternal, niño y hombre. (Walt Whitman. Canto a mi mismo)
viernes, 14 de diciembre de 2012
jueves, 13 de diciembre de 2012
Crónicas castrenses (V)
Crónicas castrenses (V)
Cuando mis palabras,
como casi siempre sucede, nada nuevo aportan, lo mejor que puedo hacer es cedérselas
a alguien más:
“Tiene usted miedo de
las ideas?¿ Cree usted que un demócrata debe tener miedo de una idea cualquiera
que sea? Yo no soy comunista en modo alguno, pero jamás me alzaré contra los derechos
de nadie” Fidel Castro. 11 de enero de
1959 en entrevista con Jay Mallin, periodista del Miami News.
“¿Por qué se agita el
espectro del comunismo simplemente porque no perseguimos a los comunistas?
Nosotros no perseguimos a nadie. ¿Por qué razón íbamos a perseguir a los
comunistas por el hecho de ser comunistas? ¿Habrá que perseguir al católico por
ser católico, al protestante por ser protestante, al masón por ser masón y al
rotario por ser rotario? ¿Habrá que perseguir al Diario de la Marina por ser un periódico de derechas, a otro porque
es de izquierdas, perseguir a un hombre porque es de extrema derecha y a otro
porque es de extrema izquierda? Todo esto, miren ustedes, yo no puedo tenerlo
en consideración, y no lo haré, y la revolución no lo hará. La democracia
consiste en hacer lo que estamos haciendo: respetar todas las ideas” Fidel Castro. Declaraciones en la Televisión
Cubana, noche del 1ro al 2 de abril de 1959.
Nada nuevo bajo el sol; ya lo dije hace unos días: el pez muere por la boca.
miércoles, 12 de diciembre de 2012
Impasse.
Impasse.
Anoche hice algo que no
acostumbro, intercambié criterios en facebook
y con un tipo moldeado a machetazos. No es mucho lo que se puede esperar de alguien
cuyo segundo nombre fue encontrado en los remates del universo pero entretenerse
nunca está de más. Decía el Mengano de tal, el Fulano Rufino, que la Cuba de
hoy (1959-2012...¿?) debería reproducirse al menos en otros 100 países. ¡Y eso, para
bien! También según este adorador de lo que ni siquiera conoce, él, que en
Costa Rica nació y a Cuba habrá visto, si acaso, en fotos de polaroid o
imágenes de la NASA, es más cubano que yo. Sus argumentos: él venera a Fidel
Castro y a la revolución cubanayagua, yo no. Los criterios que pude hacerle
llegar sobre el asunto debí escribirlos a la carrera porque conociendo
ya la pata coja que honraba, intuí que en algún momento de “la charla”
actuaría copiando al papel carbón el procedimiento habitual de aquello que tanto
ama: la censura. Y así sucedió. Sin embargo, mientras me dejó Rufino algo se
habló. Le dije que la patria es algo así como una úlcera que late debajo de la ropa, y que la ropa son los gobiernos de turno, aunque el turno supere los 50 años. Empecinado el hombre en ser más cubano que yo, lamenté decirle que aun
sabiendo que lo acongojaba, debía ser honesto y comunicarle que no cumplía los
requisitos que exige el formulario para aspirar a tan singular oficio. Casi al
final del intercambio cuasi epistolar que con el mae (el ecobio, el asere) mantuve ante el ojo público, me
dijo Rufino, no sé porqué, que sus ancestros eran españoles republicanos. Dado
el tema que se venía tratando, fue un poco desconcertante tener que responderle
que los míos también. En fin, que si de árbol genealógico habló, para no
hacerle un desaire de árbol genealógico respondí yo. No obstante, para que no
sintiera el hombre vínculo remoto que pudiera unirnos y avergonzarlo, mencioné también la
presencia de ascendientes congos y carabalíes en mi raíz, visible sobre todo en
aquello que me cuelga por alguna parte. Concluyendo: entristece un poco
encontrar a alguien, a estas alturas de historia, con unos criterios que la
realidad dejó fuera de combate hace un montón de años, entristece tener que
reconocer que todavía quedan tontos útiles que sin masticar se tragan un cuento
de camino que a otros le sirve para mantenerse precariamente dentro del ruedo, y
entristece, en fin, tener que aceptar que un ser humano puede vivir toda la
vida dentro de una paja mental que – piensa él – moralmente lo justifica.
martes, 11 de diciembre de 2012
Crónicas castrenses IV.
Crónicas castrenses IV.
En 1960 Jean-Paul
Sartre, Simone de Beauvoir y Waldo Frank, todos miembros del Fair Play for Cuba Committee (Comité
para una justa actitud respecto a Cuba) afirmaban en un llamamiento, a calzón
quita´o, que “la isla está administrada por un gobierno provisional bajo la
Constitución de 1940, notable en el hemisferio por su liberalismo” Y agregaban:
“los cubanos son más libres, en muchos aspectos, que los ciudadanos de los
EE.UU”, rematando con esto: “No se exige ninguna autorización de la policía,
como en Nueva York, para un mitin o una demostración pública” Cinismo mayor es difícil
imaginar. Para ese entonces, hacía mucho rato que cualquier demostración
pública o mitin en contra del gobierno castrista constituía una muestra de
desobediencia civil, un acto ilegal inimaginable para una persona en plenitud
de facultades mentales. Ni siquiera era pensable una demostración pública en
contra de los desmanes del gobierno chino en el Tíbet o en contra de la
violencia que desataba el ejército soviético acantonado en Europa del Este,
sobre todo en Hungría, tomando en cuenta la fecha. Las únicas manifestaciones
legales eran las de apoyo al propio gobierno. Al año siguiente (1961), justo el 1ro de mayo,
Fidel Castro vociferaba que la Constitución de 1940 era cosa del pasado, un “trajecito
corto”. Y ya sabemos cuán elástico en el tiempo ha sido ese “gobierno provisional”
del que hablaran Sartre y compañía, allá en el remoto 1960. El 22 de setiembre
de ese propio año, el agrónomo francés René Dumont, consultor para el gobierno de
La Habana, escribía en L´express: “Puede
decirse desde ahora que la revolución cubana lleva el camino de alcanzar en el
plano económico el elevadísimo nivel alcanzado en el plano político” También
sabemos ya, 52 años después de aquella visionaria sentencia, hasta qué etapa
del paleolítico económico logró avanzar la revolución cubana, digamos que como
consecuencia directa, proporcional, a los aportes que en materia dinástica nos legó,
aunque justo es reconocer que al menos en política se rebasaron allí un par de
etapas después del paleolítico Los
egiptólogos y los medievalistas tienen ahí para rato estableciendo analogías y
diferencias entre ambas orillas de la historia humana. Quizá muy a su pesar, tal
vez sin saberlo, René Dumont colocó una guinda en el pastel cubano: “Quedé
asombrado ante los conocimientos agrícolas de Fidel. Pero su séquito permanecía
silencioso. Temía yo que, sin que el mismo Castro se dé cuenta, esta ausencia
de críticas acabe por crear una atmósfera cortesana”
lunes, 10 de diciembre de 2012
Crónicas castrenses (III)
Crónicas castrenses (III)
El 1ro de mayo de 1961, y
tras haber desfilado en la Plaza Cívica de La Habana (después Plaza de la
Revolución) el último de los tanques, cohetes y fusiles con que contaba el
nuevo régimen, Fidel Castro comenzó su interminable perorata. En algún momento
dijo: “A los que nos hablan de la Constitución de 1940 nosotros respondemos que
la Constitución de 1940 ya es anticuada, demasiado vieja para nosotros, que
estamos ya muy crecidos para ponernos ese trajecito corto de la Constitución de
1940. Esta iba bien para su época, pero nunca fue aplicada y ahora está
superada por nuestra revolución” Una vez más invoca F.C esa primera persona del
plural que primera del singular debería ser. ¿Quién había tomado esa soberana
decisión de tan dramáticos ribetes? ¿El Consejo de Ministros? Imposible
legalmente ¿Cómo es posible anular de golpe y porrazo una Constitución sin
previa y extensa consulta popular antes de intentar la más mínima modificación
del más superfluo de sus incisos? En abril de 1952, Fidel Castro, ese “humilde
ciudadano”, según se definió a sí mismo frente a los tribunales batistianos, se
atrevió a invocar en su alegato “La historia me absolverá” la Constitución de
1940 como el eje y faro de su lucha y por tanto, de su postura de gallina cívica.
Y amparado en los siguientes artículos constitucionales, citados textualmente
por él mismo, se atrevía a pedir la condenación de Fulgencio Batista: “Todo
aquel que cometa un acto con la intención determinada de impedir total o
parcialmente, o incluso temporalmente, al Senado, a la Cámara de
Representantes, al Presidente de la República o al Tribunal Supremo de Justicia
el ejercicio de sus funciones constitucionales, será sancionado con una pena de
privación de libertad de 6 a 10 años”, y la tapa al pomo: “Aquel que trate de
impedir o dificultar la celebración de elecciones generales será sancionado con
una pena de privación de libertad de 4 a 8 años” “La historia me absolverá”
pasará a la historia que no absuelve como una rara avis, es decir como un alegato sobre cuyos folios su creador
se cagaría soberanamente. No obstante, honor a quien honor merece pues justo es
admitir que algunos pasajes de La historia me absolverá se convirtieron en
canónicos para la vida patria. Leamos las quejas estadísticas, tan caras al
Napoleón tropical, contra las que pretendió luchar para ser absuelto por la historia
(Datos estadísticos de 1952. Para 2012: multiplique las cifras por millones)
1) “Los 600 000 cubanos
que están sin trabajo y que desean ganarse su pan honradamente sin tener que
expatriarse para vivir…”
5) “Los 30 000
profesores y maestros de escuela llenos de abnegación, que son necesarios para
asegurar una suerte mejor a las generaciones futuras y a quienes se les trata y
se paga tan mal…”
6) “Los 20 000 pequeños
comerciantes abrumados de deudas, arruinados por la crisis y rematados por una
plaga de funcionarios tramposos, corruptos y venales…”
7) “Los 10 000 jóvenes
profesionales, médicos, ingenieros, abogados, veterinarios, pedagogos,
dentistas, farmacéuticos, periodistas, pintores, escultores, etc. , que salen
de las aulas con sus diplomas dispuestos a luchar por la vida y llenos de
esperanzas, para encontrarse en un callejón sin salida…y nadie que responda a
sus clamores y ruegos”
¿La historia lo
absolverá? No creo.
viernes, 7 de diciembre de 2012
Crónicas castrenses (II)
Crónicas castrenses (II)
El 30 de abril de 1961,
en el programa televisivo Universidad Popular, en La Habana, el Che Guevara declaraba que Cuba era ya “un
país enteramente socializado”. Se adelantaba socarronamente a la declaración
que haría 24 horas después Fidel Castro, donde sin pelos en la lengua soltaría
que la revolución cubana tenía un carácter “socialista”. Sin embargo, el Che
Guevara se atrevía a decir ante las cámaras que Cuba se hallaba “frente a graves
problemas internos”. Dejaba claro que no solo “el oro del Pentágono” estaba
provocando un éxodo masivo de personal calificado, sino que además se iba mucha
gente de Cuba “por no haberse podido adaptar a las nuevas condiciones
revolucionarias”. Al día siguiente Fidel Castro, entre otras cosas, decía que
las democracias verdaderas eran las “democracias populares” de Europa Oriental.
Es decir las que a punta de cañón de tanque soviético enfilado contra el pueblo
gloriosamente se mantenían. “Es más democrático darles fusiles a los obreros y
a los campesinos que hacerles votar…”, agregaba F.C en la arenga. Algo que por
supuesto, tampoco haría jamás. Para llegar a ese “glorioso” 1ro de mayo de
1961, fecha en que por decreto nacía la “primera República socialista y
democrática de América” hubo que previamente amarrar corto a los líderes sindicales.
Para ese entonces (mayo 1961) ya Jesús Soto se movía entre los trabajadores
cubanos como la clásica marioneta tirada por unos hilos más visibles que el
faro de El Morro porque David Salvador, antiguo líder obrero del M/26 Julio y
legítimo vocero de la Central de Trabajadores de Cuba, se estaba pudriendo en
la cárcel. Los demás auténticos líderes sindicales habían sido expulsados de la
CTC, encarcelados o defenestrados. Y para que a nadie se le ocurriera tildar de
blandengues a los nuevos redentores de la nación cubana, algunos representantes
de los sindicatos de la electricidad, los autobuses, puertos y muelles, habían
sido pasados por las armas sin pestañear dos veces. Las firmas que autorizaban
las ejecuciones casi siempre llegaban de la mano serena de uno de los untouchables del nuevo régimen, el superdotado
Ministro de economía Ernesto Che
Guevara. Pulso más firme que aquel para firmar sentencias de muerte habría que
mandarlo a hacer en un laboratorio. El argentino no solo firmaba las permutas para
el reparto bocarriba, tampoco dejó pasar un día entre los previos al 1ro de
mayo del 1961 – y esos fueron todos los que corrieron desde el 1ro enero de
1959 a la magna fecha – sin repetir al menos una vez por hora (sume y
multiplique cuántas a la semana, el mes y el año) que “En Cuba está acomodada
la gente a una vida un poco comodona, y ya es hora de hacer más esfuerzos. No
se trabaja bastante, hay que trabajar más, es preciso trabajar mucho más. Es
preciso que haya mucho más trabajo voluntario…” Después dicen por ahí que los
cubanos somos arrogantes. Para decirlo como nosotros: le ronca los coj…tener
que aguantar al sapingo ese, que ni
cubano era, firmando sentencias de muerte de cubanos, regañándonos e injuriándonos en nuestra propia tierra. Humildad
mayor no se ha conocido en la historia humana, o temor mayor. En fin, el caso
es que abundaba el Che Guevara, ¡en Cuba!,
en elogios a los cubanos: “Es preciso luchar contra la indolencia. Los obreros
se desinteresan de los planes gubernamentales, no se desviven por participar en
ellos, carecen de conciencia. Si no adquirimos más conciencia del hecho de que
estamos viviendo en una época socialista, no podremos llegar a la sociedad
socialista a que aspiramos”. Todo esto se dijo hasta el día antes del 1ro mayo
del 61, y aun así, Fidel Castro declaró ese día a los 4 vientos lo que ya se
sabe. El propio Che Guevara se decía
y desdecía porque a pesar de los constantes insultos al pueblo, declaraba en Universidad Popular lo que al comienzo del artículo escribí. Fueron tan largas las luces que creyeron tener aquellos dos tipos, que les faltó juicio para reconocer que con una más corta cualquiera se daba cuenta de que no era precisamente "socialismo" lo que necesitaba y necesita Cuba.
miércoles, 5 de diciembre de 2012
Crónicas castrenses (I)
Crónicas castrenses (I)
Fidel Castro supo desde
joven que su fátum lo encaminaba a la
apostasía, que el pueblo de Cuba era apenas un instrumento masivo necesario
para llegar hasta el zócalo en el que siempre se concibió. Solo que, para no pensarlo
tan vil, quiero creer que la frase “el fin justifica los medios” fue el asidero
que encontró para ejecutar – en el extenso sentido de la palabra – “su obra”,
porque se imaginaba a sí mismo como un redentor, y no como el traidor que
terminó siendo. Lo que sigue es la transcripción de un fragmento de la
entrevista que Fidel Castro concedió a los periodistas Stuart Novins, Richard
Bate (C.B.S) y William L. Ryan (Associated
Press) el 11 de enero de 1959, en La Habana, semana y media después del “triunfo”
del 1ro de enero. Parecía que “La historia me absolverá”, el “Manifiesto de
la Sierra” y la Constitución de 1940 finalmente
trocarían palabras por cuerpo. Pero sabemos que no fue así. De cualquier
manera, el pez muere por la boca.
Richard Bate. (Reportero
de C.B.S) – “¿Ha dicho usted que habrá elecciones libres en Cuba de aquí a unos
18 meses?”
Fidel Castro. – “Sí”
Bate. – “Cuando llegue
ese momento, ¿todos los partidos políticos podrán presentar candidatos a esas
elecciones?”
Fidel Castro. – “Sí,
desde luego”
Bate. – ¿Todos los
partidos políticos, incluido el Directorio?”
Fidel Castro. – “Naturalmente!
Si no diéramos a todos los partidos políticos la libertad de organizarse no
estaríamos en un país democrático. Hemos combatido para dar la democracia y la
libertad a nuestro pueblo…”
William L. Ryan. –
“¿Qué garantías hay de que se celebrarán verdaderamente elecciones libres dentro
de 18 meses?”
Fidel Castro. – “Pues
bien, la opinión pública, para empezar. Nuestra palabra, en segundo lugar. En
tercero, nuestras intenciones, cuya rectitud ha sido bien probada. Cuarto,
porque somos gente desinteresada. Y quinto, porque está claro que no tenemos
nada que ganar de no proceder a unas elecciones. Desde el momento que tenemos
el pueblo…”
Sintomático el
hecho de que “nuestra palabra” no sea la que rompa el estambre, llega de
segundona en la carrera por el poder. Sin dudas un aviso tempranero de que, de
ahí en lo adelante, no había que darle mucho crédito a “nuestra palabra”.
P.D: El
Directorio era un movimiento revolucionario paralelo al Movimiento 26 de Julio,
no subordinado a aquel e incluso rivales hasta cierto punto. Fue un producto de
la escisión que tuvo lugar en las fuerzas todavía revolucionarias después del
fallido golpe del 13 de marzo de 1957. Faure Chomón, su líder, terminó rindiendo
aperos ante Fidel Castro al aceptar el
cargo de embajador cubano en Moscú en el mismo 1959.
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