martes, 4 de diciembre de 2012

La Habana: un Mc Donald´s en “La pelota” de 23 y 12.



 
La Habana: un Mc Donald´s en “La pelota” de 23 y 12.
       Si el padre de Fidel Castro no hubiera aceptado ir a Cuba – última Guerra de Independencia (1895 – 1898) –  sustituyendo por una bolsa con cuatro pesetas al joven que a filas había sido llamado para engordar el famélico ejército español de ese momento, quizá ahora mismo estaría yo, pedestre como siempre he sido en mis gustos nutricionales, sentado en La Habana en el Mc Donald´s de 23 y 12. Porque, a no dudarlo, en “La pelota” de 23 y 12 habría un Mc Donald´s. Pero la historia todavía no lo quiere así. En fin, que al Ángel caído Castro se le ocurrió la pésima idea de aceptar el dinero sustitutivo de un hombre por otro, y tras una sucesión de fatales acontecimientos (incluir repercusiones del aleteo de una mariposa en las estribaciones del Everest), heme aquí sentado en foráneo Mc Donald´s hasta tanto se resuelva el asunto de “La pelota”.   

viernes, 30 de noviembre de 2012

La farándula habanera se reunió en Hialeah


 
La farándula habanera se reunió en Hialeah…
       Aunque digamos que quizá algunos no compartimos el enfoque ideológico de un par de temas de Frank Delgado, no hay por eso que negarle al hombre los méritos que le corresponden como el buen trovador que es. De todas formas el tipo confunde, parece estar en misa y en procesión a la vez, como casi todo el mundo en la Cuba de hoy. Así es que nunca se sabe. Cualquier día de estos se levanta uno con la noticia de que Frank Delgado cambió de ribera su campamento, y después, cuando en la tele de Miami le pregunten por causas y azares de la permuta, tal vez responda que ha decidido ser parte de esa farándula habanera que, en los tiempos que corren y tal vez per saecula saeculorum, se reúne en Hialeah.

jueves, 29 de noviembre de 2012

Estafa.



Estafa.
      En los últimos tiempos antediluvianos a lo más que he podido aspirar en avistamientos de dinero no salarial es a 2000 colones, digamos 4 dólares para aquellos que en la comarca no viven. Fue un encuentro cercano de primera clase con un billete arrugado que soñoliento se adormecía sobre un adoquín de bulevar, aquí, en San José de Costa Rica. Dos años se han escurrido ya desde la grata colisión visual que se trocó en modesto pote industrial repleto de cremoso helado. De fresa y chocolate, para abundar en detalles, cinematográficos además. Hace unos días, pasadas las 12 d la noche y viendo lo que nunca, la tele, me enredé con programa de baja estofa en canal nacional (9), en el que ofrecían 500 dólares a quien adivinara oculto rostro humano entre las piezas del rompecabezas que felina figura formaba. Localizada la imagen de rostro sapiens me dispuse a llamar. Tomando en cuenta que probablemente volverá la fortaleza de El Morro a ser de cartón antes de que encuentre yo en la calle otro billete de cualquier denominación, no era mala idea ganarse 500 dólares por acertado veredicto y certero timbrazo. En el estudio del programa no sonaba teléfono alguno, la presentadora se quejaba por ausencia de quórum auricular y aun así, mis llamadas nunca entraron. No obstante, en cada intento que hice (4 o 5), teóricamente lograba comunicar, pues aflautada voz femenina en recorder me anunciaba que ¡ya está usted participando en GanaMillones! Le recordamos que esta llamada tiene un costo de 950 colones (casi 2 dólares, para lector no nativo) Jamás pasaron mis llamadas a estudio, pero los 2 dólares por cada llamada, se cobraron sin falta. Conclusión: atraco a mano desalmada. Me pregunto cuantos cientos de llamadas desviarán hacia la nada de similar manera antes de permitir la entrada de alguna al estudio. Deduzco que esos 500 dólares serán entregados a quien la suerte le acompañe después de haber recaudado el programa y el canal por extensión, varios miles de dólares con el engaño. ¿Cómo es posible que las instituciones encargadas de velar por la transparencia necesaria en este tipo de manejos, no tome cartas en el asunto? ¿Cómo es posible que a un canal  televisivo de la nación se le permita fabricar semejante patraña ante la vista, paciencia e indiferencia de las autoridades, digamos judiciales de este país? ¿Quién paga por la estafa? Hasta ahora, pagando está mi bolsillo, y supongo que el de otros tantos miles de crispados habitantes de este país.

martes, 27 de noviembre de 2012

De alpargatas, guardarrayas y carretas.


 
De alpargatas, guardarrayas y carretas.
       No sé como funcionarán los buenos sabores y su opuesto en profesión que no sea la que ejerzo. Pero intuyo que momentos amargos a cualquiera en algún momento le tocará vivirlos. Hoy fue mi turno. Un año entero preparando, entre otros, a estudiantes que deben enfrentarse a  examen nacional que abre o cierra, según el caso, las puertas y ventanas de los recintos universitarios. De 16 candidatos que asumieron el reto apenas 6 superaron la contienda. De cualquier manera todos llegaron al siguiente nivel educativo pues va en combo el resultado del examen con la tabla salvavidas del “ponderado”. No obstante, me apenan las calificaciones de mis estudiantes, me frustran, y a qué negarlo, me avergüenzan  Y no es que fuera una sorpresa la debacle porque en exámenes similares que apliqué, previos al nacional, la coincidencia fue tristemente milimétrica. No se pueden pedir peras al olmo, lo sé, no se le puede pedir a una alpargata que desande un camino muy largo pero uno siempre espera que en alguna guardarraya mental los estudiantes encuentren la carreta del conocimiento y se monten en ella. La carreta en la que durante todo un curso intenté montarlos, sin conseguirlo. Ahora solo me queda un revolico de contrariedades en la cabeza, y un parpadeo medio triste para cerrar el día. No hay mucho más que escribir aquí. Mañana será otro día.

lunes, 26 de noviembre de 2012

Lunáticas.


 
Lunáticas.
        He descubierto que a falta de algo de qué hablar con los famosos, uno siempre puede decir: “¡Oiga señor famoso, tengo todos sus álbumes!”, y eso aunque no sea un músico. Son palabras de Claire, protagonista junto a 2 más de la novela Generación X, de Douglas Coupland. El absurdo, la idolatría gratuita - vaya un nudo para la lengua - como parte de la vida. El ridículo también. La jodedera y tirarlo todo a mierda, también. Descubriendo el agua fría no estoy, obvio, pues lógico es admitir que todo lo material o no que nos envuelve como tamal, elemento de la que se nos escapa es. Solo que en el segmento inmaterial algunos aúpan en el cocotimbo, el güiro, o la jupa para decirlo como en la comarca, píxeles existenciales que otros desechan. En el tema material las coincidencias suelen ser mayores. Por ejemplo casi todo sapiens – con variantes de estilo – cuando sale a la calle traspasa el umbral de la puerta de su casa con el cuerpo cubierto de textiles. Aunque excepciones hay. Los famosos, por ejemplo. Yo he visto a Madonna haciendo auto stop en cueros, y a Lady Gaga intentando disfrazar de ella a sus disfraces. Yo vi a Jim Morrison sacando la verga en mitad de concierto, y a Isaac Newton pidiendo solemnemente la palabra por única vez en el parlamento británico para pedir que cerraran cierta ventana por la cual se colaba un frio tremendo. En fin, que he descubierto que a falta de algo de qué hablar con los famosos, uno siempre puede insinuarles que no dejen de pedir que cierren esa ventana por la cual a todos se nos cuela un frio del carajo.

viernes, 23 de noviembre de 2012

Batilongas con rima pobre.


 
Batilongas con rima pobre.
        
          Suele el médico venderse bonito fuera de laboral recinto que en ocasiones hasta  precinto parece. Le gusta ofrecer al quórum imagen de bata blanca hasta las rodillas aunque camine por citadina avenida que ni siquiera entronca en el trazo urbano con hospital en el que parte de su vida acontece. No importa si está a 100 metros o a 100 kilómetros del sitio donde la gente en posición horizontal sana o perece, la bata-valla no puede faltarle sobre los hombros, que sin anuncio lo que hay debajo de valor carece, pero con textil proclama, alguno que otro pensará que reverdece.     

jueves, 22 de noviembre de 2012

De cobardes, prohombres y otra mierdas.


 
De cobardes, prohombres y otra mierdas.
       Algo dije ya sobre la subrepticia cobardía que me abriga y convierte en rehén de lo que no comparto: la dictadura cubana. Pero si lo pienso doble, no es mi cobardía mayor que la de otros. Es una pendejada irónica, eso sí, pues he tenido valor para loqueras que quizá la mitad más uno de los sapiens no haría, y enumero: 1. jugármela con carta de invitación falsa para lograr permiso de salida de Cuba, 2. atravesar media América Latina, más solo que perro viejo, sin un quilo y con pasaporte, para variar, falso también, burlando en la estampida no solo controles fronterizos terrestres, sino incluso controles de aeropuertos (Brasil/Panamá), 3. en Cuba, al garete, sin pertenecer a grupo antigubernamental alguno, conocido o por conocer, injuriar a la policía,  gritar Abajo Fidel en medio de la calle y después soportar no solo los garrotazos sobre mi espalda, sino además, 4. cubrir con este cuerpo – entonces más frágil que ahora – otro cuerpo que soportaba golpiza más cruda que la mía pues recibía los golpes en la cabeza. Claro que no era cualquier tipo aquel al que también maceraban, era un hermano de esos que no dará la sangre porque se lo dará la vida a quien suerte de la buena le acompañe. Para mantener la tendencia a fatal fidelidad onomástica, diremos que cumplía yo 26 años ese día. La cobardía de la que hablo es algo difícil de entender para quienes no nacieron donde yo. Es temor a no poder reencontrarme allá de vez en cuando con mis padres si levanto aquí la voz demasiado alto en contra de aquel engendro que detesto. Y sé que ese temor me troca en cómplice de la barbarie castrista. Pero el password del asunto es que para mí, mis padres están por encima de cualquier otra causa por muy digna, altruista o sublime que se presente. De cualquier manera, siempre es tarea fácil promover sublevación en Cuba cuando, para decirlo en cubano, el que empuja no se da golpe. Y es de un perfil ético menos que nulo hacerlo, cuando quien promueve la rebelión incapaz fue de levantar no digamos la voz, ni siquiera un peo en contra de la dictadura mientras en la ínsula hasta los huesos se amedrentó. Si entre los cubanos que viven en foránea orilla hay algún que otro kamikaze que su familia sacrificó en la contienda contra La Habana, solo el paso de las estaciones definirá si la batalla lo convertirá en prohombre o en el rostro que apenas justifica la razón de ser de un portarretratos colocado sobre una mesita de noche, en la sala de aquellos que, por mucha filosofía que quiera meterle al tema, a su suerte abandonó.