domingo, 15 de febrero de 2009

Buena suerte Pancho

Cobarde como soy para enfrentar estas cosas, llevo 2 días tratando de escribirle a Pancho, de dejarle – sin abandono – nuestro cariño familiar en la cuartilla, atado con un beso en el hocico, sin tener que partirme la mejilla con una lágrima hirsuta, ni el pecho con un dolor de lujo. Y ya ven, apenas tecleo los umbrales del texto, se me estruja la mano y la conciencia me agrede sin misericordia. Porque Pancho merecía más de lo que pudimos darle, y nunca fue mayor la culpa que cuando estuvo más cerca de nosotros, pues lo más lacerante ha sido reconocer que de nosotros, no importa que forzada, conoció el dolor insoportable que siempre dejan las despedidas definitivas. Todavía proyecto con el eco en la memoria su ladrido de infante despreocupado; con este nudo casi gordiano en la garganta, su mirada siempre agradecida – de infinita confianza – ,su abulia pueril y su manía de querernos desesperadamente. Cobarde como soy para enfrentar estas cosas, estoy tratando de escribirle a Pancho, de dejarle – sin abandono – nuestro cariño familiar en la cuartilla, trabado con un beso en el hocico. Pero no hay forma de evitar que la lágrima corra y parta la mejilla, y que se instale, grosero, este dolor de lujo en el costado izquierdo.. No son muchas ni pocas las palabras que queremos dedicarte Pancho: para consumir la ausencia no hay más consuelo que sufrirla. Te queremos amigo. ¡ Buena suerte !! No temas nuestra ausencia, no repares en el silencio de nuestras voces. Allí en tu nuevo hogar reposa nuestro olor en tu memoria, y te acaricia nuestro pensamiento. ¡ Corre Pancho, corre, y déjate alcanzar también por aquel niño!! Pensando lo feliz que yo sería si pudiera ser (una vez más) tu compañero / se feliz / como si yo estuviera contigo / ¡No tengas demasiada seguridad de que no estoy contigo! (1)

(1) Walt Whitman.

viernes, 13 de febrero de 2009

Iconoclasta

Cuando pasaron los 43 minutos que en hora pico del Metro de Washington, el 12 de enero de 2007, le bajaron los sumos y los niveles de testosterona a Joshua Bell ¿pariente de Graham Bell? – y la congregación de los infalibles emitió entonces el alarmante veredicto en el que ¿informó? que la Humanidad no está preparada para asimilar las ejecuciones de un concertista virtuoso disfrazado con gorra de pelotero, o lo que es lo mismo, la belleza fuera de contexto - con otras palabras que resumieron ellos en 350 folios - , a cuatro snobs picadores de gusanitos que deambulaban en Parísssss por la Rue Montmartre, se les ensuciaron los calzoncillos leyendo el informe y las conclusiones sobre el asunto. ¡ Que sensibilidad desbordada, que altísimo nivel de comprometimiento con las mejores causas el de aquellos snobs afrancesados, capaces de donar una millonada para restaurar la cuerda resentida en el longevo Stradivarius de Graham Bell, digo no, de Joshua Bell, aquel día terrible en que la chusma exteriorizó su chusmería indolente, su irreflexión consuetudinaria ante el maestro y sus ejecuciones joya en mano, en el Metro de Washington !!. Y mientras tanto, en otro rincón del Mundo un grupo similar – en número, no en estilo - de talibanes en fuga, guillotinaba 5 pescuezos de familia traidora y ametrallaba, horas después, un falso convoy de la ONU cargado de opio y semillitas de amapola, con el noble propósito de fatigar en la espera a los consumidores, y garantizar un precio de venta para la carga, más ajustado al mercado europeo, al bolsillo snob y a los durísimos tiempos actuales, que aquel que pretendían proponer, como intermediarios, los dobles moros - pero rasurados - de los cascos azules, a los drogadictos locales. ¡ Que grandeza de espíritu, que tremenda idea la de aquellos barbudos especuladores , degolladores natos, enemigos confesos de todo lo que huele a tijeras, champú, loción anticaspas y maquinita de afeitar !!: disparar hasta el infinito los precios del estupefaciente para que no se quede a medio camino, devorado por la chusma indolente, de irreflexión consuetudinaria e incapaz de asimilar la belleza fuera de contexto, y logre llegar, incólume, o casi, a las manos adecuadas, las de aquellos snob afrancesados dispuestos a soltar una millonada – dado que ya no quedaba ningún otro asunto pendiente y apremiante que resolver en este Mundo - para restaurar la cuerda dañada en el longevo Stradivarius de Graham Bell, o de Joshua Bell, o de Bell-South, lo mismo da, el día que la chusma exteriorizó su chusmería indolente, su irreflexión consuetudinaria, y le bajó los sumos y los niveles de testosterona a Graham Bell, o a Bell Corp., o a Joshua Bell, el 12 de enero de 2007, o el 18 de Brumario, o el 24 de Diciembre del 43 000, lo mismo da, y risa también.

sábado, 7 de febrero de 2009

Héroe..de barrio.. por un día .

Ahora resulta que Benedicto XVI no sabia absolutamente nada de los desmanes verbales del cura británico anti Torá. “Señores, que yo vivo en este pueblo pero no tengo ni la más remota idea de donde están las casas”. Debe ser este el estandarte del Papa para limpiar el mierdero y aclimatar el entorno con ambientador. Pero dejemos eso ahí, que voy entrar hoy en un capítulo biográfico de estilo auto, o de estilo moto chopper, que son las que me gustan hasta la última célula .

Tercer swing creando turbulencia en el viento que se agolpa detrás del bate cual si fuera el madero un ala de avión en laboratorio de cálculos y conclusiones sobre temas de aerodinámica, mientras la pelota se incrusta por tercera vez en la mascota del cátcher ante la mirada de resignación de mis compañeros de equipo que sembrados en bases, o desde el banco y con las uñas en el estómago, esperan el prodigio que rara vez llegaría; o un único swing, también al aire, mientras la pelota golpeaba con un impacto seco, violento, de ponche humillador, justo al centro del cuadro marcado detrás de mí, en la pared de la casa de aquel vecino que ya no sabia de que manera encomendarse a San Lázaro y Babalú Ayé con promesas de bloque atado a canilla de cuerpo mugriento y lacerado devorando asfalto hasta Rincón si sucedía el milagro y aquel grupo de muchachos desaparecía tragado por la Tierra: son los recuerdos usuales que de mi paso por las Grandes Ligas.. del barrio quedarán en la memoria histórica del vecindario, de mis amigos ausentes, de aquellas calles que, con sus balcones forrados de sábanas blancas, sigo amando en la distancia. Y claro está, no podría ser de otra manera, si hasta yo mismo rara vez evoco un swing golpeando la pelota.

Pero siempre habrá un paréntesis en la remembranza, para mi y para los que allá quedaron, porque también tuve un día para marcar distancia.. de mi mismo, y hacer un alto en la rutina de ponches, roletazos al cuadro y foul-flys al cátcher que deshonraban mis apariciones en el diamante. Por una vez en la vida el eterno villano deslumbró – más bien sorprendió, asustó – a todo un barrio. Dejó a toda una comarca con la mandíbula batiendo al viento, los labios resecos y la baba amontonándose bajo la lengua, al despachar halando para su mano, en cuenta de notificación de sentencia habitual en situaciones similares para su caso, 2 strikes sin bolas, un soberano triple entre left – center que arrebató el letargo acumulado durante tantos turnos infértiles al bate, a los out-filders del equipo rival, y limpió las almohadillas.

Y aquel “tablazo”, para redondear el encontronazo inesperado con la gloria y con Gloria, la nueva vecina – me interesaba más la Gloria que recién llegaba con un cuerpo hecho a mano, que aquella otra gloria tumefacta, carente de atractivos sexuales – , no fue en un juego cualquiera, ni en un momento cualquiera del juego. Se definía el Campeón de la LKP, la Liga del Kiko Plástico, luego de 5 peleados partidos en los que contra todo pronóstico mis compañeros de equipo redondearon un fabuloso 450 de promedio que sacó a flote mi record de ponches consecutivos, y metió al team en la pelea por el título.

Aquel domingo colapsó desde temprano la reserva de botellas de ron y masarreales de a medio en la cafetería de Acosta y 10 de Octubre. La tarde fría, plomiza, de un enero que exhibía más derrotas que victorias en las vitrinas de Palacio, se veía extraña para jugar pelota, pero ayudaba con el trago a la concurrencia, y el masarreal bajaba enchumbado en alcohol hasta la gandinga. A la altura del octavo inning, parte baja, con el equipo a 4 outs de inclinar la frente perdiendo por 3 carreras, con las bases llenas, sin emergente a la vista y un servidor en el home play, a un strike de imprimir nueva marca mundial de ponches consecutivos; ante el silencio repentino, premonitorio y de catacumba de la concurrencia, a mi viejo, con la razón ya nublada, pienso yo que más por la euforia ante el exceso de dulce que por efecto del ron, se le ocurrió la temeraria idea de pararse en las gradas y gritar a voz en cuello que su hijo tenia los testículos más grandes que aquel que protestó en Mangos de Baragúa, y desechó la propuesta pacificadora de Arsenio Martínez Campos – con términos beisboleros – y que : “este juego lo va a ganar ese que está parado ahí en home, o yo me cambio el nombre”. Por un segundo imaginé a mi padre al día siguiente madrugando para acceder al turno que el permitiera realizar tan engorroso trámite en el Registro Civil o frente a funcionaria del MININT, en la oficina del Carnet de Identidad. Pero fue solo un segundo, solitario y mustio, y el Universo todo se detuvo para mi en el instante siguiente. Lo que sigue parece un evento cinematográfico, pero no lo fue, y es que hay momentos en la vida que superan la entelequia, la irrealidad de la ficción. (Y el que aún lo dude que rebobine las imágenes del 9/11). Mi padre terminó su arenga y permaneció de pie, solitario. Me aparté del home play y lo miré unos instantes con el bate al hombro. Su mirada todo el tiempo sembrada sobre mí. Aunque faltaban unos años para conocerle, la figura broncínea del Doríforo de Policleto con el agudo venablo sobre el hombro, era lo más parecido en ese momento a la imagen corpórea de quien escribe, aunque yo estaba vestido..!! y de pelotero !!. Busqué entonces a la Gloria hecha a mano entre la multitud, y allí estaba, también de pie, en un extremo del graderío. Sus manos en las mejillas revelaban la tensión del momento. Regresé al cajón de bateo.

Sentí por el impacto que le había dado a la bola en la mismísima madre.

Cuando doblaba como un rayo por primera base, fue que recuperé el sentido del oído y la visión periférica, la gritería era de manicomio, miré al left-center y vi como la bola se extendía saltando por la grama hasta lo más profundo del ángulo, después vi a los jardineros corriendo como diablos detrás de ella. Llegué a tercera base de pie. Los masarreales volaban como fuegos artificiales. A esa altura del juego del ron quedaría tal vez el mejor recuerdo. Mis compañeros de equipo salieron corriendo del banco y me abrazaron en masa. Aturdido aún, alcancé a mirar hacia donde estaba mi padre, que al parecer, conectado también supra naturalmente conmigo, sus ojos todo el tiempo sobre mí, en ese instante comenzaba a recuperar el dominio de sus sentidos. Lo vi secarse la cara con el pañuelo y me pareció extraño porque con aquel frío no sudaba ni Rocco F. Marchegiano – Rocky Marciano en sus peores tiempos. Por primera vez en mi vida, y de lejos, había visto llorar a mi padre.

martes, 3 de febrero de 2009

Al pan, pan..

El 24 de enero el Papa Benedicto XVI dejó claro ante el ojo público que no solo de buenas intenciones puede estar empedrado el camino al Infierno, sino también de las peores, y que se puede llegar en un santiamén, sin hoja de ruta ni pésima conducta previa, hasta el mismísimo noveno círculo. Suficiente con decir y permitir lo inaceptable, lo inconcebible, para llegar hasta allí, dando brincos de fosa en fosa, siempre y cuando le cobije la infalible escolta del Todopoderoso para garantizar el pasaje de regreso a la superficie. ¡¿ Que piedra ni que palo ni que maní para coger vivo a quien ?! ¿¡ Que Dante ni que Virgilio para explorar desde ahora el probable final de trayectoria!?; ¡ Benedicto XVI para un Tour al Infierno con todo incluido !! .

Un cura británico excomulgado hace casi 20 años por haber llegado tan lejos – y tan cerca - en sus declaraciones como Hermann Goering, Rudolf Hess, Joachim Von Ribbentrop, o cualquiera de aquellos sádicos implicados a finales de 1945 en el Juicio de Núremberg, acaba de ser rehabilitado en funciones por el nuevo prelado de la Wehrmacht . Fue tan alta la montaña de muertos amontonados entre 1939 y 1945 por el meticuloso trabajo de aquellos bárbaros, que fue necesario, para dar curso legal al Proceso de Núremberg, sacar con traje nuevo un término jurídico desconocido hasta ese entonces por el homo sapiens : crímenes contra la humanidad. 6 millones de judíos tuvieron la desgracia de perder sus vidas, o lo que de ellas quedara, a manos de semejantes perpetradores, con el único e irracional designio de hacer que la montaña fuera cada vez más alta y miserable. Pero no, según Richard N. Williamson, el cura apócrifo reivindicado por su papá, esto no sucedió. Para este memo “apenas” fueron unos 200 000 o 300 000 judíos los que murieron en campos de concentración alemanes..”pero ni uno solo en cámaras de gas” ¡!. ¡ Y hay que traerle a Herr.Williamson el equipo de investigación forense de CSI Las Vegas para probarle lo contario !!.

Tomando en cuenta los probables cálculos del SS Richard N. Williamson, de los “apenas” 300 000 judíos que dejaron de existir en campos de concentración alemanes, 299 000 debieron morir por golpes en la nuca causados por resbalones sobre las brillosas lozas de los impolutos baños higiénicamente ubicados detrás de cada barraca en Auschwitz, Treblinka, Dachau, Majdanek.. . Pero de todas formas, consta fidedignamente en actas de archivo, que se les dio la posibilidad de regresar al mundo de los vivos, reencarnados, y al mismo baño, ahora convertidos en pastillas de jabón. Y por balas perdidas moriría, a medio camino entre el pico-la pala y la barraca, el ínfimo porciento restante de los judíos “internados”. ¡ Que estábamos en guerra por el 45, y accidentes de ese tipo son frecuentes en las conflagraciones ! De cualquier menara, poco importa la cifra de defenestrados - pensará inmutable, irretractable, rígido, ¿ regio ?, el santísimo y docto Williamson - si al fin y al cabo estamos hablando de “gentuza”, de “enemigos de Cristo”. Más bien deberíamos pensar - si pensáramos con su balón de futbol, con su maraca, cualquier cosa menos una cabeza - que fue un milagro divino lo que permitió firmar tantas actas de defunción de judíos en tan corto tiempo.

No hay que pasar por alto que para este personero de la nueva Wehrmacht comandada por su papá Benedicto XVI - el prelado entre prelados -, los callos en las manos del ex presidente norteamericano G.W. Bush, son un síntoma inequívoco de cuanta mandarria estuvo aquel dando noche a noche en las bases de las Torres Gemelas, para tumbarlas “ de a viaje “, y “echarle el muerto” a Bin Laden y su tropa redentora.

De “negacionista” , “lefebvrista” - seguidores del reaccionario Cardenal Marcel Lefebvre - y “tradicionalista de línea dura”, se tilda con toallita tibia sobre la frente a este cura revisionista británico; y de equivoco papal al disparate cometido por su ¿ Santidad? Joseph Alois Ratzinger , al reivindicar los derechos parroquiales de este pichón de sajón, de anglo, de juto y de frisón, cuando las cosas, y la actitud de ambos, deben ser llamadas por su nombre: inmoralidad, desprecio por la Historia, desprecio por la especie humana, descaro.

. Floriano Abrahamovicz, otro cura sin-vergüenza que ha levantado la voz en defensa de Williamson el anticura, dice saber “que las cámaras de gas existieron al menos para desinfectar, pero no sabría decir si en ellas mataron gente o no, pues no ha profundizado en la materia”. ¡ Con fijador la peste a heces fecales – en buen cubano emplearía otro término - que se ha desatado en el Vaticano, y altares colindantes !

Negar el Holocausto, la shoah, evadiéndolo con “tecnicismos” mediocres, es legitimarlo. Y negar la Historia es negarlo todo, es una negación que sobrepasa los límites del credo, la geografía y el color porque es negar al prójimo, es negarlo a usted, y a mi, al que vendrá y al que aquí estuvo.