viernes, 22 de enero de 2016

Sean Penn/Bukowski

Sean Penn/Bukowski
      En 1987 Sean Penn, adicto a la entrevista rocambolesca, se bajó con una de esas para Interview. Charles Bukowski en el cuadrilátero. Ese mismo año, meses después (septiembre), se estrenaba la película Barfly en la que el propio Bukowski además de escribir el guión (autobiográfico), tomaría un protagónico que al final, fue Mickey Rourke quien interpretó. Lo que sigue son las respuestas que Charles Bukowski dio a Sean Penn sobre el alcohol, Shakespeare y ser entrevistado. De su primera respuesta se infiere algo relacionado con la segunda: que Bukowski solía leer a Shakespeare, as usual, borracho como una cuba, y supongo en árabe, algo que no solo le facilitaría no entenderlo, sino además odiarlo. La tercera respuesta es un disparo de gracia al entrevistador.
 El alcohol es probablemente una de las mejores cosas que han llegado a esta tierra, además de mí. Entonces nos llevamos bien. Es destructivo para la mayoría de la gente, pero yo soy un caso aparte. Hago todo mi trabajo creativo cuando estoy intoxicado. Incluso me ha ayudado con las mujeres. Siempre fui reticente durante el sexo, y el alcohol me ha permitido ser más libre en la cama. Es una liberación porque básicamente yo soy una persona tímida e introvertida, y el alcohol me permite ser este héroe que atraviesa el espacio y el tiempo, haciendo un montón de cosas atrevidas…Entonces el alcohol me gusta, cómo no.  
Shakespeare es ilegible y está sobrevalorado. Pero la gente no quiere escuchar esto. Uno no puede atacar templos. Ha sido fijado a lo largo de los siglos. Uno puede decir que tal es un pésimo actor, pero no puede decir que Shakespeare es mierda.
Ser entrevistado es como ser arrinconado. Es vergonzoso. Por eso, no siempre digo toda la verdad. Me gusta jugar y burlarme un poco, así que doy información falsa sólo por el gusto de entretener y mentir. Así que si quieren saber algo sobre mí, no lean una entrevista. Ignoren ésta, también.

miércoles, 30 de diciembre de 2015

Mario Vargas Llosa, en La tía Julia y el escribidor, dibuja una pincelada de aquella otra Cuba, hoy pura nostalgia.

 
Mario Vargas Llosa, en La tía Julia y el escribidor, dibuja una pincelada de aquella otra Cuba, hoy pura nostalgia:
        Sospechaba que los radioteatros se importaban, pero me sorprendí al saber que no los compraban en México ni en Argentina sino en Cuba. Los producía la CMQ, una suerte de imperio radiotelevisivo gobernado por Goar Mestre, un caballero de pelos plateados al que alguna vez, de paso por Lima, había visto cruzar los pasillos de Radio Panamericana solícitamente escolt...ado por los dueños y ante la mirada reverencial de todo el mundo. Había oído hablar tanto de la CMQ cubana a locutores, animadores y operadores de la radio – para los que representaba algo mítico, lo que el Hollywood de la época para los cineastas – que Javier y yo, mientras tomábamos café en el Bransa, alguna vez habíamos dedicado un buen rato a fantasear sobre ese ejército de polígrafos que, allá en la distante Habana de palmeras, playas paradisíacas, pistoleros y turistas, en las oficinas aireacondicionadas de la ciudadela de Goar Mestre, debían de producir, ocho horas al día, en silentes máquinas de escribir, ese torrente de adulterios, suicidios, pasiones, encuentros, herencias, devociones, casualidades y crímenes que, desde la isla antillana, se esparcía por América Latina, para, cristalizado en las voces de los Lucianos Pandos y las Josefinas Sánchez, ilusiona las tardes de las abuelas, las tías, las primas y los jubilados de cada país.

miércoles, 23 de diciembre de 2015

Explicaciones no pedidas, de Piedad Bonnett.


 
 
Explicaciones no pedidas, de Piedad Bonnett: Premio Casa de América de Poesía Americana (Madrid, España, 2011), y  Premio José Lezama Lima 2014 de Casa de las Américas (Cuba)
      No va uno por la vida dándole hachazos a los malos libros pero coño, bajarse, entre otros desconsuelos, abriendo poema con algo como esto: Tiene varios colores el amor:/el blanco donde escribes con tintas indelebles/el estridente sol del amarillo/y el verde donde crecen verdes hojas/bulbos devoradores, rosas rojas…, o con algo como esto: Una vez fuiste un ángel,/mi más bello demonio./Horas hubo en que ardí en tu luz/y horas/en que fui por tus llamas arrasada…,y ganar el XI Premio Casa de América de Poesía Americana (Madrid, España 2011), y el Premio José Lezama Lima 2014 de Casa de las Américas (Cuba), más que una burla, más que una ofensa, más que un asunto, como diríamos por acá, bewilderling, es algo así como limpiarse las nalgas con dos géneros al mismo tiempo: el poético y el humano. Si este libro, Explicaciones no pedidas, el noveno de Piedad Bonnett, concentra el sumun del oficio de su autora, no puede uno menos que imaginar los afables infortunios literarios que podremos encontrar en los anteriores aun cuando la contratapa de este se empeñe en decir lo contrario. Digo yo que para llegar a semejante agravio impreso grande debe ser el contubernio entre la escribidora  antioqueña con la institución española y el régimen de Labana, que a la altura de los extrainnings que vive la Cuba actual sigue siendo allí en muchos casos más ideológico que artístico el rigor que se exige a la hora de ocupar montículo literario y que si el título de este – es por decir algo – libro de poemas explicaciones no pide, al menos alguien debería darlas por los agasajos.  
 

 
 

sábado, 25 de julio de 2015



         Él solía tirar la bola para el home como pocos saben hacerlo. Mi criterio del tiempo comprimido en una cámara al vacío era verlo jugar pelota con el Habana, mi equipo. Cada lanzamiento suyo era una obra de arte en proceso, un performance. Por algo tiene el record de más juegos ganados en una Serie Nacional de Beisbol (20), allá en Cuba. En promedio perdía un juego (casi siempre apretado) después de haber ganado 5 o 6 consecutivos. Por eso el cuento El día que perdió José Ibar..., de Francisco García González, es un cuento de ficción, pero al cuadrado. Por algo fue él el pitcher que le pusieron delante, hace ya 15 años, a los Orioles d Baltimore en aquella escaramuza contra un equipo de las Mayores: si el tema era tirar maravillas para "la goma" no podía ser otro el elegido. Para romper las marcas del “Cheo” Ibar tendría que nacer otro como él, algo que sucede – cálculo conservador – cada 100 años. Así es que, por más que le pese a quien le pese, presiento que habrá números suyos para rato en las estadísticas de la pelota cubana. Por algo lo querían también aquí, tirando pelotas para el home plate en Grandes Ligas, asunto que por razones que no hay que mencionar aquí, no pudo ser. Pero igual aquí está, en esta orilla. Ladies and gentleman, esto sí es un ídolo de multitudes: José “Cheo” Ibar.

miércoles, 10 de junio de 2015

Entrando al abismo.



Entrando al abismo.

El amanuense fue profesor de John Carter – dos cursos – hace casi dos años, en Costa Rica. Con una disciplina académica (auto impuesta) espartana, es del tipo de estudiante que siempre honra la clase. Carter hoy tiene apenas 18 años y su lengua nativa es el inglés, así es que su empeño, además de talento, también revela los síntomas de la hombrada. He leído otros poemas suyos que nada quedan debiéndole a este. Sirvan estas palabras para introducir su texto. Y anoten el nombre, y el apellido, que ver nacer a un poeta es lo mismo que ver el estallido de una galaxia.

La salida del abismo

Cuestionando la oscuridad
y la experiencia,
las sombras salen a jugar,
se revelan ellas mismas.
El viento siempre ha susurrado
pero nunca he escuchado su voz en el día.
Habla de nuevo,
mi cuerpo tiembla más.

El cielo es negro
y los cielos siguen desconocidos.
Un sonido extraño embruja mi mente
me doy la vuelta,
no hay nadie ahí.

Una risa engañosa
se arrastra en mi oído
la luz parpadea, luego se quiebra.
La luna llena
da luz a esta noche de Halloween.

Árboles se estrechan para agarrar mi brazo,
las enredaderas, siniestras, ondulan entre mis dedos.
Escalofrío en mi espina
y el suelo se vuelve hielo.
Ahora estoy congelado.

Mi sombra se tuerce detrás mío
para verme y enjaular mi alma.
Tengo poder, tengo fuerza,
calor: me puedo mover
con más agilidad que antes.

Mi alma grita,
mi sombra no es mi reflexión
mi sombra es mi demonio
mi sombra es vidrio, mi alma también.
Son porcelanas, uno ha de ser piedra.

Cenizas llenan el mar, sombrean los cielos.
Mi sombra es un sádico;
sus ojos desean la tortura.
La guerra es emoción, la felicidad miseria.
Congoja y agonía les dan placer.
Los más negros de los malvados
fantasmas y necrófagos podrían ser mi ejercito.
En mi carne duerme Lucifer,
por ahora, la bestia duerme en paz,
ojos abiertos lo esperan.

Dándoles el espejismo de tener sus deseos,
soy su negociante.
Pueden lanzar los dados,
sus cartas nunca ganarán.
Apostando sus almas por sus obsesiones,
gatos negros y espejos quebrados
deciden su  suerte.
¡No puedo perder!

Fuego en sus manos.
No puede sangrar ni ahogarse.
Esto no puede ser silenciado,
es inmortal, ¿qué es real?
Oh señor, ¡Despiértame!

He jurado para que los horrores
de mi mente torcida me vuelvan a ver.
Vi ante los ojos del abismo,
me di cuenta que soy parte de él.
Para deshacer el hielo,
vendí mi alma,
y todo el hielo
se hizo agua.

Mis ojos solo han visto
hasta la orilla del horizonte.
Mi mente estaba hipnotizada
e imaginé las ilusiones
que fueron fundidas
ante el nuevo horizonte.
Entonces vi el sol amanecer,
desde el fondo del mar.


                                                      John Carter

Y bueno, leyendo Waiting for Snow in Havana, esto:



Y bueno, leyendo Waiting for Snow in Havana, esto:
And speaking of fictional characters, Popeye might have been the wisest of all time, for he knew instinctively what it has taken me a lifetime to realize. "I am what I am," or as Popeye puts it, "I yam what I yam."
I yam Cuban.
God-damned place where I was born, that God-damned place where everything I knew was destroyed. Wrecked in the name of fairness. In the name of progress. In the name of love for the gods Marx and Lenin.
Utterly wrecked.
I have pictures to prove it, from twenty years ago, when my mother went back to visit for one week, packing a Kodak Instamatic camera. Everything was already so thoroughly ruined by then as to be barely recognizable. The entire neighborhood went to ruin, just like ancient Rome, only more quickly and without the help of German barbarians. The entire city. The entire country, from end to end. (1)
          (1) Carlos Eire. Waiting for Snow in Havana.

lunes, 1 de junio de 2015

La mancha de sangre.


 


La mancha de sangre.
      
        Fidel Castro debió morirse joven, sierramaéstrico. Como James Dean, vaya, o en su lugar. Habría sido una opción más sana, menos letal. Ahora bien lo sabemos. Dado el teatro de operaciones "pre revolucionario", bien pudo procurarse una desaparición del más alto vuelo poético: cayendo por un precipicio de una loma del Segundo Frente oriental, se me ocurre. Digo yo para que en la memoria colectiva su recuerdo quedara tan vital como una mancha de grasa, y no como esa cosa que va quedando, que de vez en cuando se atreve en la tele y que más parece – ironías del destino – un águila americana que un ser humano.