domingo, 14 de julio de 2013

Submarinas.



 
Submarinas.

       Desde hace unos meses Venezuela y Cuba, lecho marino mediante, tripa metálica recubierta de hule mediante, se acoplan. Es un fenómeno interesante para la neonatología. Veámoslo así: la madre – Venezuela – facilita alimento nutricional informativo al hijo distrófico (Cuba). Pero el chamaco no se deja alimentar, se mete la píldora en la boca, y no se la traga. Embaraja la talla, vaya. La madre lo sabe, pero “se hace la sueca”: no requiere al hijo por la falta grave. Pensará: yo cumplí con la parte formal del procedimiento. Si el recién nacido come o no, eso poco le importa. Es el clásico caso de desapego entre congéneres. Me atrevería a decir que esa madre sería feliz si muriese aquel hijo mal parido.

jueves, 11 de julio de 2013

De smart-phones y antropoides.


 
De smart-phones y antropoides.

      En algún lugar escuché que varios teléfonos celulares smart-phones están sacando al mercado una nueva aplicación para “texteadores”. No estoy al tanto de asuntos relacionados con smart-phones ni aplicaciones. Mi teléfono celular tiene cierta empatía visual con los machacadores de biftecs, con el modelo de piedra “china pelona”  que de rodar no se cansa por los caminos del oriente cubano. Pero infiero que el término “texteador” se refiere a un macro organismo que mucho trabajo pasa para despegar ojos y falanges del aparato comunicador, a una especie no marina cuya silueta antropoide le permite pasar por humano sin serlo, tal vez a un modelo de “replicante” estilo Blade Runner pero menos temerario. La evolución toma caminos que la razón no entiende. Hay que ver los eufemismos que se gasta la propaganda comercial.

domingo, 7 de julio de 2013

Desempolvando el tiempo entre duna y duna, entre dona y dona.


Desempolvando el tiempo entre duna y duna, entre dona y dona.

      Hará dos años en octubre de la muerte de Muamar el Gadafi. Entre duna y duna, entre dona y dona, van pasando del recuerdo al olvido las memorias del gran estadista. Pero no hay que ser así, no hay que dejar que el polvo del tiempo, el hollín para habitante de gran urbe, nos tupa  la tapa. He aquí un ejemplo de las faenas en las que, con notable arresto, se empeñaba el más honesto de los libios, colocando, contra viento y marea un derivado de su mucho petróleo aquí, otro poquito de asfalto allá, en la ruta hacia el mejoramiento humano. Digo yo que, entre otras cosas, también por eso tuvo la bella muerte que tuvo, con un proyectil calibre 50 ajustadito en el recto, cinco minutos antes de que otro – calibre más discreto – abriera el paso a otra Libia posible en su parietal izquierdo.
 

viernes, 5 de julio de 2013

Del marabú y otras hierbas alucinógenas.


Del marabú y otras hierbas alucinógenas.

         Bien lo recuerdo: – y lo recordarán aquellos que conmigo comparten generación, lugar de nacimiento y crecimiento – en nuestros tiempos de “pionero” se entonaba como un cántico medio místico, acaso nostálgico, acaso como una letanía interminable, esta porquería que aquí reproduzco: Yo quisiera ser como él: yo quisiera ser, yo quisiera ser, como él, como él, Yo podría ser, yo podría ser, como él, como él. Yo tendré que ser, yo tendré que ser, como él, como él, ¿Cómo quién? ¿Cómo quién? Como el Ché. Como el Ché. Como el Ché.. Niño al fin, disco duro semivacío al fin, uno casi terminaba llorando cuando el último “gallo” asomaba en la garganta. Y es que al tono melancólico de la cantaleta le agregábamos, por efecto evocativo, (lo mismo que hoy al Combo hamburguesa-papas fritas, el vaso de refresco) el prontuario de idílicas referencias que sobre Ernesto Ché Guevara desparramaba (y desparrama) sobre la impermeable geografía isleña, “el aparato”. Aquello era soltar la enjundia ideológica como quien suelta el sudor hasta los tuétanos arando la tierra; labor esta que por cierto, va quedando allí en desuso frente al avance irrevocable de la tecnología del parásito. El bombardeo ideológico no fue estéril. Los cráteres que dejó convirtieron  (con el perdón de T.S.Eliot) en tierra baldía, en solar habanero, no solo la corteza cerebral de alguno que otro entre aquellos que alguna vez fuimos párvulos isleños, sino también la mollera de quienes puertas afuera, por fatum-genoma propenden a la adicción malsana y a estas alturas de humanidad se les hace difícil tapar esos boquetes por los que cabe cualquier cosa menos la realidad.

P.D: mi memoria no llega hasta el recuerdo literal del canto místico que aquí reproduje. Cualquier cosa seré, menos masoquista. Este enlace, que recomiendo, me sirvió de sustento.

domingo, 30 de junio de 2013

España-Brasil en el Maracaná: la guerra del fin del mundo sigue siendo otra.


España-Brasil en el Maracaná: la guerra del fin del mundo sigue siendo otra.

       Menos mal que La guerra del fin del mundo ya fue escrita y bien que quedó, porque este juego de futbol España-Brasil por 4.1 millones de verdes dolores - y de paso la Copa Confederaciones - que presagiaba nuevo maremágnum, acabose remix al estilo Canudos y replanteo de los postulados del cristianismo, del amago y la chambelona no pasó. La banda ibérica se presentó como un sólido equipo de oficinistas, ducho en aligerar la burocrática tramitología que en ocasiones dificulta la gestión de sus clientes de turno. Al menos por esta vez el trabajo se agilizó de la siguiente manera: por favor firmen este documento, ese otro y aquel, 3-0, gracias, cerramos esta oficina hasta el próximo partido.  Sigue siendo aquel áspero nordeste brasileño de Los sertones (1902) de Euclides da Cunha, el mejor referente que ha encontrado escritor alguno para escribir algo que se parezca a una guerra del fin de los tiempos. Y Mario Vargas Llosa sigue siendo campeón del mundo.

miércoles, 29 de mayo de 2013

En Cuba: ¡Oye vecino, llegó Internet a la carnicería!



 


En Cuba: ¡Oye vecino, llegó Internet a la carnicería!
 
       Desde hace media rueda y algo, a los cubanos que en la ínsula todavía viven les llega – por la libreta de des/abastecimiento – un mes sí y otro también: arroz, huevos, arroz, huevos, arroz, huevos, arroz, huevos y de vez en cuando algo que se parece a un jabón, media libra de aceite y un engrudo enmaraña´o que según dice la plana mayor es picadillo de soya. Una vez al año el vecino, envuelto en clamores, te dice: ¡llegó el pollo a la “carnicería”! Cinco años después un hijo famélico de aquel vecino ya en eterno reposo, le dice a tu famélico hijo: llegaron a la “carnicería” los tarros d una recua de vacas que un tren mató. Necesario es aclarar, para el lector no nativo, que en Cuba “carnicería” es un término, digamos, folclórico, que se emparenta más con lo que sucede entre quienes se congregan en las cercanías del local donde, eventualmente, se guardan los tarros de alguna vaca que un tren mató, que con el propio local. Ahora, la plana mayor anuncia la salida al mercado (es por decir algo) de un nuevo producto: Internet. Y si han pasado veinte años desde que la red comenzó a sumar adeptos y ahora es que Cuba se entera, pues a la plana mayor eso poco le importa. De todas formas Carlos Gardel dijo que veinte años no es nada. Así es que apuro no había, ni hay, para montarse en la carrilera del progreso. Ya Internet no llega a Cuba en dosis de cucharita de postre, ya no hay justificaciones técnicas para ponerle trancas y cerrojos pero aun así, si usted le mete retina al andamiaje que está montando el régimen para controlar el asunto (todos los sitios con conexión son patrimonio del gobierno), y al prohibitivo precio que tendrá una efímera hora de enlace a la red, deducirá sin mayores obstáculos interpretativos que el progreso allí, más que importar, estorba.   

martes, 21 de mayo de 2013

La única frase convincente.


 
La única frase convincente.

      En estos últimos días algún que otro escándalo bananero se ha destapado por acá. Los motivos: algo que se me escapa relacionado con no sé qué cosa de una carretera, el viaje de Obama y un vuelo a Perú de la presidenta de la república, supuestamente en el avión de un narcotraficante. Partiendo de ese trío de ases, la ejercitación constante y tumultuaria de las cuerdas vocales en sitios públicos ha tomado magnitudes dantescas, diría yo por el aquello de la Divina Comedia. El caso es que el revolico me ha hecho desempolvar unas palabras escritas por Virgilio Piñera en su novela Pequeñas maniobras: en medio de sus rugidos y de sus espumarajos de rabia pronuncian frases inconexas: “derechos conculcados”, atropello sin nombre”, “morirse de hambre”, acusaremos”, “mataremos”, “moriremos”. Bien dicho: moriremos. Es la única frase que me convence.