sábado, 9 de marzo de 2013

Del rasguño en la piedra.


 
Del rasguño en la piedra.
         En 1963, allí donde bien vale misa celebrar, Mario Vargas Llosa, “El indio” en los ambientes literarios europeos del momento, un parvulito que por aquel entonces buena pluma prometía, tuvo el privilegio de entrevistar a Jorge Luis Borges. El peruano trató a Borges con el respeto que le debe el hijo al padre; supongo yo que también con una dosis amarga de admiración. En abril de 1980 aquel gaucho memorioso recibió el Premio de Literatura Cervantes. El periodista y locutor Joaquín Soler Serrano lo entrevistó para TV Española. Y Borges, como siempre, ofreció un recital de genialidades. En algún momento Soler Serrano mencionó algunos escritores latinoamericanos que ya se despegaban del montón, y dijo Cortázar, dijo García Márquez, y dijo Mario Vargas Llosa. J.L.B habló bien del volumen de cuentos “La autopista del Sur” (Cortázar), habló muy bien de los 100 años de soledad (G.G. Márquez) y dijo no estar al tanto de la obra de Mario Vargas Llosa. Pero además, por el tono incómodo de los términos poco faltó para que soltara la pregunta: ¿y ese quién es? Si M.V. Llosa pretendió ganarse algún punto a su favor con el argentino, en el París de 1963, no lo logró. Si J.L. Borges, ya en 1980, no consideraba de rigor (a no ser que fuera de rigor mortis) la obra de Mario Vargas Llosa, por algo sería, sus razones tendría. Quizá Borges, que siempre se consideró ante todo un poeta, con el roce de sus muchos años y con sus retruécanos literarios de tipo mental, y temporal, consideró que el peso de una obra literaria se asienta más en el linaje del mensaje que propone, que en cualquier otra cosa, incluyendo la maestría de un narrador. Quizá. De cualquier manera, para mí los dos son imprescindibles.  

jueves, 7 de marzo de 2013

Tutankameando la historia.


 
Tutankameando la historia.
      El cuerpo de Hugo Chávez será embalsamado, según un ex empleado del metro de Caracas que ahora ejerce funciones de Presidente de República en Venezuela, para que todo el mundo pueda contemplarlo como a Ho-Chi Ming, Lenin y como Mao Tse Tung. Todo está dicho ahí, imposible imaginar un resumen más elocuente. Le ha tirado un cubo de mierda encima a su difunto presidente. No obstante, para abundar en hedores, le faltó mencionar nombre de otros especímenes de similar ralea a los cuales se aplicó semejante método de conservación inmaculada de la muerte: Gueorgui Dimitrov, Joseph Stalin, Kim Il Sung y su vástago Kim Jong Il, todos tutankameados con el objeto de sembrar la mala hierba del culto a la personalidad. Este ex empleado de subterráneo metropolitano no ha puesto aún el primero de sus dos pies en estrado alguno como jefe de gobierno y ya comienza a pifiar. Diría yo que los errores van delante de él, acaso dando la voz de alarma para que todo el mundo sepa lo que viene detrás.  

domingo, 24 de febrero de 2013

Al pairo.


Al pairo.  


       Una clepsidra calando el tiempo gota a gota. Un sicomoro lezamiano bajo el cual sentarse a leer una carta. Clepsidra o sicomoro; no es la imagen inscrita al objeto ni su contexto lo que realza la sentencia. La poiesis, su alumbramiento, está en la cobertura oral, en el tamiz auditivo que recubre la secuencia de signos, en los pliegues silábicos que como un hule revestido de cera formarán las palabras. Y vuelvo atrás, a ese vapor en slow motion que me permite caldear en el éter cada vocablo: C-l-e-p-s-i-d-r-a, s-i-c-o-m-o-r-o. (De mi libro “Cuerpos de racha”)

domingo, 17 de febrero de 2013

Rebelión en La Comarca y un bolero que te salve la vida.


 
Rebelión en La Comarca y un bolero que te salve la vida. 
         Un escritor con nombre de bolerista acaba de rechazar un premio literario que concede el suplemento cultural Áncora, del diario La Nación, el de más peso en la comarca. La causa, según él: “…irreconciliable divergencia política e ideológica con la línea editorial de ese diario, a la que considero falaz y tendencioso en el tratamiento y cobertura de la información nacional e internacional, incluida la del ámbito cultural y artístico”. Cuestión de criterios, pero además, el premio no incluye cheque. El leitmotiv de la perreta no se vincula con las pistas que aporta la clásica sentencia yanqui, la incontrastable fallow the money, porque aquí de money no hay un cinco. Por tanto, la gallardía es dudosa y nada cuesta hacerse el tipo duro. ¡Ayy, ya quisiera verlo envuelto en el mierdero periodístico cubano para que aprenda lo que es falacia y manipulación descaradas de la información! Y ya quisiera verlo atreverse a tanto allá. Porque si allá viviera, a no dudarlo, lo que aquí piensa allí no lo pensaría, y lo que aquí dice y hace, en Cuba huevos para hacerlo no tendría. Ahora mismo, en la antilla más grande, el escritor Ángel Santiesteban (y del que ya desearía este, aunque fuera de lejos, salpicarse con algo de sus creativos sudores) se pudre en una cárcel apenas por protestar contra ese régimen que teóricamente también se opone a las doctrinas neoliberales y con el que, deduzco sin mucho análisis, tantísimas simpatías debe tener este Fernando Contreras que comer frutas no sé, pero boleros no creo que cante. Según aquel que hereje cree ser:Mi libro Fragmentos de la tierra prometida es una sincera y apasionada denuncia del daño que las políticas neoliberales, defendidas explícitamente por ese periódico, le han causado a nuestra sociedad y, particularmente, a los sectores más vulnerables de ésta” Primero, según edición 2012 de la Real Academia Española de la lengua, ese “ésta” ya tilde no lleva, y segundo, sería bueno que en ara de desmontarle ese adoctrinamiento que lo enceguece, La Nación publicara sin dilaciones la carta d su ahora público contrincante. En un país democrático, y este es el caso, un premio literario, venga de la institución que venga, no es otra cosa que un reconocimiento a la calidad de una labor creativa. Eso parecer no saberlo él. No estamos hablando de un premio que concedió un rotativo de Corea del Norte. Hace unos años de este señor leí un buen borrador de lo que pudo haber sido, quizá, con un poco más de paciencia, una buena novela: “Única mirando al mar”, y hasta ahí las clases. ¿Se atrevería este utópico Tomas Moro de los tiempo que corren a rechazar los 150 000 toletes verdes que ofrece Alfaguara en su premio anual de novela o los tantísimos de Seix-Barral, por divergencias ideológicas con los directivos de la primera y herederos de Carlos Barral en el segundo caso? ¿Se atrevería a rechazar los 125 000 euros del Premio Cervantes o el ¡one million dollar baby! del Nobel por similares causas, y además, por haberse atrevido aquellos, por ejemplo y para no ir muy lejos, a otorgarle semejantes reconocimientos a Mario Vargas Llosa, neoliberal consuetudinario? En ocasiones se impone pensar las cosas más de una vez antes de tomar decisiones. La arrogancia ondeará siempre donde el viento no sea lo suficientemente fuerte como para tumbar un asta. La valentía no se vale cuando se muestra la pechuga ante rival famélico, intrascendente. No por gusto se llama como se llama el hombre: hay algo de bolero en todo esto.

martes, 12 de febrero de 2013

Tico viejo


 
Tico viejo.
       Tengo un amigo viejo – que no es lo mismo que un viejo amigo – por acá, que en sus años de juventud vivió en Cuba, músico fue y será, y eventualmente tocó con varias orquestas cubanas de calibre magnum entre los años 40 y 50 del siglo que en la cuneta dejamos década y tanto hará. De la Riverside a Los Muñequitos de Matanzas,  de Chapotín y sus estrellas al Conjunto Casino. Compañero de correrías de Tito Gómez, bohemio irreconciliable, mantiene a los 88 años una lucidez que rebasa los resplandores y el chisporroteo que en la Pan-American Exposition de Buffalo, EE.UU (1901) soltó la Torre de Electricidad. Ya quisiera el Tutankamón con la cara llena de hilachas y vestido de pelotero que en la isla tenemos, conservar un cuarto - o un baño - de la lucidez que tiene mi amigo viejo. Conversador inteligente, mejor lector, dejó Cuba en 1958 después de haber vivido 14 años en ella y hoy me ha dicho que no quiere morir sin volver a verla y que pronto volverá. Así, como si hablara de una novia, una mujer que se ama a contracorriente, imposible de evadir humanamente. Me sorprendió su vehemente, irreprimible deseo de rebobinar y cuanto antes; y temo por él: no es lo mismo ver a una vieja con coloretes que a una doncella en los huesos. Y es que Cuba es algo así como una hembra de lujo, una mujer hermosa que tísica quedó cuando vivía sus mejores años. Mi amigo viejo lo presiente pero a sus almanaques quizá no alcancé con eso para sobrevivir a un leñazo de magnitudes ciclópeas, encontradas y entrecortadas (como la leche) emociones.  De todas formas le deseé suerte, espero que el corazón, por mucho que allá se le arrugue, le aguante. Quiero verlo de vuelta.

 

domingo, 10 de febrero de 2013

Siete Habanas en dos horas.


 
Siete Habanas en dos horas.
       Hermoso este medio soundtrack de la película 7 días en La Habana. La vi esta madrugada: un refresquito. Imagino una película fabricada – como el antojo del capítulo final –  a la carrera, porque con ese elenco detrás y delante de cámaras, las apuestas sobre la mesa daban para más. Al final me queda la impresión de que esa gente fue a Cuba “a joder la pita” y  pasar el buen rato con un pretexto fílmico. Me gustó la presencia de Emir Kusturica, ¿Te acuerdas de Dolly Bell?, su bis actoral y la historia que le tocó llevar porque la asocio con el motivo primario de todos los que involucrados en la película estuvieron: el tropical vaciloncesto. Me gustó además el desenfado constante que transpira ese capítulo, en una Cuba donde los límites, las fronteras sociales son tan porosas que se desploman sin alboroto. Entre la gente de la ínsula que hizo lo suyo en el plató, me quedo con Mirta Ibarra, grande siempre. El tema que les cuelgo, creo, es de Descemer Bueno, pero bueno, nunca se sabe. Lo que sí sé es que me traen con la nostalgia al lomo los todavía próximos recuerdos de ese pedazo casi humano del malecón habanero y  esos 24 instantes de una primavera eterna que te hará renacer…lejos de mí.

!Ay que yo no haría!


 
!Ay que yo no haría!
       2008 fue el año del estreno de "Corazón del tiempo", película de Alberto Cortés (Ciudad de ciegos) sobre el conflicto zapatista. En Sundance no pasaron por alto el filme. La ranchera "Ay que yo no haría!" se roba el show del soundtrack: segundas partes no siempre fueron malas. Los cubanos Descemer Bueno y Kelvis Ochoa hacen buen tándem interpretándola pero me gusta más en la voz de Cecilia Toussaint y, a qué negarlo, esto es opio sin malezas para mi oído.