martes, 11 de diciembre de 2012

Crónicas castrenses IV.


    
Crónicas castrenses IV.
 
    En 1960 Jean-Paul Sartre, Simone de Beauvoir y Waldo Frank, todos miembros del Fair Play for Cuba Committee (Comité para una justa actitud respecto a Cuba) afirmaban en un llamamiento, a calzón quita´o, que “la isla está administrada por un gobierno provisional bajo la Constitución de 1940, notable en el hemisferio por su liberalismo” Y agregaban: “los cubanos son más libres, en muchos aspectos, que los ciudadanos de los EE.UU”, rematando con esto: “No se exige ninguna autorización de la policía, como en Nueva York, para un mitin o una demostración pública” Cinismo mayor es difícil imaginar. Para ese entonces, hacía mucho rato que cualquier demostración pública o mitin en contra del gobierno castrista constituía una muestra de desobediencia civil, un acto ilegal inimaginable para una persona en plenitud de facultades mentales. Ni siquiera era pensable una demostración pública en contra de los desmanes del gobierno chino en el Tíbet o en contra de la violencia que desataba el ejército soviético acantonado en Europa del Este, sobre todo en Hungría, tomando en cuenta la fecha. Las únicas manifestaciones legales eran las de apoyo al propio gobierno.  Al año siguiente (1961), justo el 1ro de mayo, Fidel Castro vociferaba que la Constitución de 1940 era cosa del pasado, un “trajecito corto”. Y ya sabemos cuán elástico en el tiempo ha sido ese “gobierno provisional” del que hablaran Sartre y compañía, allá en el remoto 1960. El 22 de setiembre de ese propio año, el agrónomo francés René Dumont, consultor para el gobierno de La Habana, escribía en L´express: “Puede decirse desde ahora que la revolución cubana lleva el camino de alcanzar en el plano económico el elevadísimo nivel alcanzado en el plano político” También sabemos ya, 52 años después de aquella visionaria sentencia, hasta qué etapa del paleolítico económico logró avanzar la revolución cubana, digamos que como consecuencia directa, proporcional, a los aportes que en materia dinástica nos legó, aunque justo es reconocer que al menos en política se rebasaron allí un par de etapas después del paleolítico  Los egiptólogos y los medievalistas tienen ahí para rato estableciendo analogías y diferencias entre ambas orillas de la historia humana. Quizá muy a su pesar, tal vez sin saberlo, René Dumont colocó una guinda en el pastel cubano: “Quedé asombrado ante los conocimientos agrícolas de Fidel. Pero su séquito permanecía silencioso. Temía yo que, sin que el mismo Castro se dé cuenta, esta ausencia de críticas acabe por crear una atmósfera cortesana”  

lunes, 10 de diciembre de 2012

Crónicas castrenses (III)



 
Crónicas castrenses (III)
        El 1ro de mayo de 1961, y tras haber desfilado en la Plaza Cívica de La Habana (después Plaza de la Revolución) el último de los tanques, cohetes y fusiles con que contaba el nuevo régimen, Fidel Castro comenzó su interminable perorata. En algún momento dijo: “A los que nos hablan de la Constitución de 1940 nosotros respondemos que la Constitución de 1940 ya es anticuada, demasiado vieja para nosotros, que estamos ya muy crecidos para ponernos ese trajecito corto de la Constitución de 1940. Esta iba bien para su época, pero nunca fue aplicada y ahora está superada por nuestra revolución” Una vez más invoca F.C esa primera persona del plural que primera del singular debería ser. ¿Quién había tomado esa soberana decisión de tan dramáticos ribetes? ¿El Consejo de Ministros? Imposible legalmente ¿Cómo es posible anular de golpe y porrazo una Constitución sin previa y extensa consulta popular antes de intentar la más mínima modificación del más superfluo de sus incisos? En abril de 1952, Fidel Castro, ese “humilde ciudadano”, según se definió a sí mismo frente a los tribunales batistianos, se atrevió a invocar en su alegato “La historia me absolverá” la Constitución de 1940 como el eje y faro de su lucha y por tanto, de su postura de gallina cívica. Y amparado en los siguientes artículos constitucionales, citados textualmente por él mismo, se atrevía a pedir la condenación de Fulgencio Batista: “Todo aquel que cometa un acto con la intención determinada de impedir total o parcialmente, o incluso temporalmente, al Senado, a la Cámara de Representantes, al Presidente de la República o al Tribunal Supremo de Justicia el ejercicio de sus funciones constitucionales, será sancionado con una pena de privación de libertad de 6 a 10 años”, y la tapa al pomo: “Aquel que trate de impedir o dificultar la celebración de elecciones generales será sancionado con una pena de privación de libertad de 4 a 8 años” “La historia me absolverá” pasará a la historia que no absuelve como una rara avis, es decir como un alegato sobre cuyos folios su creador se cagaría soberanamente. No obstante, honor a quien honor merece pues justo es admitir que algunos pasajes de La historia me absolverá se convirtieron en canónicos para la vida patria. Leamos las quejas estadísticas, tan caras al Napoleón tropical, contra las que pretendió luchar para ser absuelto por la historia (Datos estadísticos de 1952. Para 2012: multiplique las cifras por millones)
1) “Los 600 000 cubanos que están sin trabajo y que desean ganarse su pan honradamente sin tener que expatriarse para vivir…”
5) “Los 30 000 profesores y maestros de escuela llenos de abnegación, que son necesarios para asegurar una suerte mejor a las generaciones futuras y a quienes se les trata y se paga tan mal…”
6) “Los 20 000 pequeños comerciantes abrumados de deudas, arruinados por la crisis y rematados por una plaga de funcionarios tramposos, corruptos y venales…”
7) “Los 10 000 jóvenes profesionales, médicos, ingenieros, abogados, veterinarios, pedagogos, dentistas, farmacéuticos, periodistas, pintores, escultores, etc. , que salen de las aulas con sus diplomas dispuestos a luchar por la vida y llenos de esperanzas, para encontrarse en un callejón sin salida…y nadie que responda a sus clamores y ruegos”
¿La historia lo absolverá? No creo.

viernes, 7 de diciembre de 2012

Crónicas castrenses (II)


 
Crónicas castrenses (II)
        El 30 de abril de 1961, en el programa televisivo Universidad Popular, en La Habana, el Che Guevara declaraba que Cuba era ya “un país enteramente socializado”. Se adelantaba socarronamente a la declaración que haría 24 horas después Fidel Castro, donde sin pelos en la lengua soltaría que la revolución cubana tenía un carácter “socialista”. Sin embargo, el Che Guevara se atrevía a decir ante las cámaras que Cuba se hallaba “frente a graves problemas internos”. Dejaba claro que no solo “el oro del Pentágono” estaba provocando un éxodo masivo de personal calificado, sino que además se iba mucha gente de Cuba “por no haberse podido adaptar a las nuevas condiciones revolucionarias”. Al día siguiente Fidel Castro, entre otras cosas, decía que las democracias verdaderas eran las “democracias populares” de Europa Oriental. Es decir las que a punta de cañón de tanque soviético enfilado contra el pueblo gloriosamente se mantenían. “Es más democrático darles fusiles a los obreros y a los campesinos que hacerles votar…”, agregaba F.C en la arenga. Algo que por supuesto, tampoco haría jamás. Para llegar a ese “glorioso” 1ro de mayo de 1961, fecha en que por decreto nacía la “primera República socialista y democrática de América” hubo que previamente amarrar corto a los líderes sindicales. Para ese entonces (mayo 1961) ya Jesús Soto se movía entre los trabajadores cubanos como la clásica marioneta tirada por unos hilos más visibles que el faro de El Morro porque David Salvador, antiguo líder obrero del M/26 Julio y legítimo vocero de la Central de Trabajadores de Cuba, se estaba pudriendo en la cárcel. Los demás auténticos líderes sindicales habían sido expulsados de la CTC, encarcelados o defenestrados. Y para que a nadie se le ocurriera tildar de blandengues a los nuevos redentores de la nación cubana, algunos representantes de los sindicatos de la electricidad, los autobuses, puertos y muelles, habían sido pasados por las armas sin pestañear dos veces. Las firmas que autorizaban las ejecuciones casi siempre llegaban de la mano serena de uno de los untouchables del nuevo régimen, el superdotado Ministro de economía Ernesto Che Guevara. Pulso más firme que aquel para firmar sentencias de muerte habría que mandarlo a hacer en un laboratorio. El argentino no solo firmaba las permutas para el reparto bocarriba, tampoco dejó pasar un día entre los previos al 1ro de mayo del 1961 – y esos fueron todos los que corrieron desde el 1ro enero de 1959 a la magna fecha – sin repetir al menos una vez por hora (sume y multiplique cuántas a la semana, el mes y el año) que “En Cuba está acomodada la gente a una vida un poco comodona, y ya es hora de hacer más esfuerzos. No se trabaja bastante, hay que trabajar más, es preciso trabajar mucho más. Es preciso que haya mucho más trabajo voluntario…” Después dicen por ahí que los cubanos somos arrogantes. Para decirlo como nosotros: le ronca los coj…tener que aguantar al sapingo ese, que ni cubano era, firmando sentencias de muerte de cubanos, regañándonos e injuriándonos en nuestra propia tierra. Humildad mayor no se ha conocido en la historia humana, o temor mayor. En fin, el caso es que abundaba el Che Guevara, ¡en Cuba!, en elogios a los cubanos: “Es preciso luchar contra la indolencia. Los obreros se desinteresan de los planes gubernamentales, no se desviven por participar en ellos, carecen de conciencia. Si no adquirimos más conciencia del hecho de que estamos viviendo en una época socialista, no podremos llegar a la sociedad socialista a que aspiramos”. Todo esto se dijo hasta el día antes del 1ro mayo del 61, y aun así, Fidel Castro declaró ese día a los 4 vientos lo que ya se sabe. El propio Che Guevara se decía y desdecía porque a pesar de los constantes insultos al pueblo, declaraba en Universidad Popular lo que al comienzo del artículo escribí. Fueron tan largas las luces que creyeron tener aquellos dos tipos, que les faltó juicio para reconocer que con una más corta cualquiera se daba cuenta de que no era precisamente "socialismo" lo que necesitaba y necesita Cuba.

miércoles, 5 de diciembre de 2012

Crónicas castrenses (I)


 
Crónicas castrenses (I)

      Fidel Castro supo desde joven que su fátum lo encaminaba a la apostasía, que el pueblo de Cuba era apenas un instrumento masivo necesario para llegar hasta el zócalo en el que siempre se concibió. Solo que, para no pensarlo tan vil, quiero creer que la frase “el fin justifica los medios” fue el asidero que encontró para ejecutar – en el extenso sentido de la palabra – “su obra”, porque se imaginaba a sí mismo como un redentor, y no como el traidor que terminó siendo. Lo que sigue es la transcripción de un fragmento de la entrevista que Fidel Castro concedió a los periodistas Stuart Novins, Richard Bate (C.B.S) y William L. Ryan (Associated Press) el 11 de enero de 1959, en La Habana, semana y media después del “triunfo” del 1ro de enero. Parecía que “La historia me absolverá”, el “Manifiesto de la Sierra”  y la Constitución de 1940 finalmente trocarían palabras por cuerpo. Pero sabemos que no fue así. De cualquier manera, el pez muere por la boca.

Richard Bate. (Reportero de C.B.S) – “¿Ha dicho usted que habrá elecciones libres en Cuba de aquí a unos 18 meses?”

Fidel Castro. – “Sí”

Bate. – “Cuando llegue ese momento, ¿todos los partidos políticos podrán presentar candidatos a esas elecciones?”

Fidel Castro. – “Sí, desde luego”

Bate. – ¿Todos los partidos políticos, incluido el Directorio?”

Fidel Castro. – “Naturalmente! Si no diéramos a todos los partidos políticos la libertad de organizarse no estaríamos en un país democrático. Hemos combatido para dar la democracia y la libertad a nuestro pueblo…”

William L. Ryan. – “¿Qué garantías hay de que se celebrarán verdaderamente elecciones libres dentro de 18 meses?”

Fidel Castro. – “Pues bien, la opinión pública, para empezar. Nuestra palabra, en segundo lugar. En tercero, nuestras intenciones, cuya rectitud ha sido bien probada. Cuarto, porque somos gente desinteresada. Y quinto, porque está claro que no tenemos nada que ganar de no proceder a unas elecciones. Desde el momento que tenemos el pueblo…”

 

Sintomático el hecho de que “nuestra palabra” no sea la que rompa el estambre, llega de segundona en la carrera por el poder. Sin dudas un aviso tempranero de que, de ahí en lo adelante, no había que darle mucho crédito a “nuestra palabra”.

P.D: El Directorio era un movimiento revolucionario paralelo al Movimiento 26 de Julio, no subordinado a aquel e incluso rivales hasta cierto punto. Fue un producto de la escisión que tuvo lugar en las fuerzas todavía revolucionarias después del fallido golpe del 13 de marzo de 1957. Faure Chomón, su líder, terminó rindiendo aperos  ante Fidel Castro al aceptar el cargo de embajador cubano en Moscú en el mismo 1959.  

 

martes, 4 de diciembre de 2012

La Habana: un Mc Donald´s en “La pelota” de 23 y 12.



 
La Habana: un Mc Donald´s en “La pelota” de 23 y 12.
       Si el padre de Fidel Castro no hubiera aceptado ir a Cuba – última Guerra de Independencia (1895 – 1898) –  sustituyendo por una bolsa con cuatro pesetas al joven que a filas había sido llamado para engordar el famélico ejército español de ese momento, quizá ahora mismo estaría yo, pedestre como siempre he sido en mis gustos nutricionales, sentado en La Habana en el Mc Donald´s de 23 y 12. Porque, a no dudarlo, en “La pelota” de 23 y 12 habría un Mc Donald´s. Pero la historia todavía no lo quiere así. En fin, que al Ángel caído Castro se le ocurrió la pésima idea de aceptar el dinero sustitutivo de un hombre por otro, y tras una sucesión de fatales acontecimientos (incluir repercusiones del aleteo de una mariposa en las estribaciones del Everest), heme aquí sentado en foráneo Mc Donald´s hasta tanto se resuelva el asunto de “La pelota”.   

viernes, 30 de noviembre de 2012

La farándula habanera se reunió en Hialeah


 
La farándula habanera se reunió en Hialeah…
       Aunque digamos que quizá algunos no compartimos el enfoque ideológico de un par de temas de Frank Delgado, no hay por eso que negarle al hombre los méritos que le corresponden como el buen trovador que es. De todas formas el tipo confunde, parece estar en misa y en procesión a la vez, como casi todo el mundo en la Cuba de hoy. Así es que nunca se sabe. Cualquier día de estos se levanta uno con la noticia de que Frank Delgado cambió de ribera su campamento, y después, cuando en la tele de Miami le pregunten por causas y azares de la permuta, tal vez responda que ha decidido ser parte de esa farándula habanera que, en los tiempos que corren y tal vez per saecula saeculorum, se reúne en Hialeah.

jueves, 29 de noviembre de 2012

Estafa.



Estafa.
      En los últimos tiempos antediluvianos a lo más que he podido aspirar en avistamientos de dinero no salarial es a 2000 colones, digamos 4 dólares para aquellos que en la comarca no viven. Fue un encuentro cercano de primera clase con un billete arrugado que soñoliento se adormecía sobre un adoquín de bulevar, aquí, en San José de Costa Rica. Dos años se han escurrido ya desde la grata colisión visual que se trocó en modesto pote industrial repleto de cremoso helado. De fresa y chocolate, para abundar en detalles, cinematográficos además. Hace unos días, pasadas las 12 d la noche y viendo lo que nunca, la tele, me enredé con programa de baja estofa en canal nacional (9), en el que ofrecían 500 dólares a quien adivinara oculto rostro humano entre las piezas del rompecabezas que felina figura formaba. Localizada la imagen de rostro sapiens me dispuse a llamar. Tomando en cuenta que probablemente volverá la fortaleza de El Morro a ser de cartón antes de que encuentre yo en la calle otro billete de cualquier denominación, no era mala idea ganarse 500 dólares por acertado veredicto y certero timbrazo. En el estudio del programa no sonaba teléfono alguno, la presentadora se quejaba por ausencia de quórum auricular y aun así, mis llamadas nunca entraron. No obstante, en cada intento que hice (4 o 5), teóricamente lograba comunicar, pues aflautada voz femenina en recorder me anunciaba que ¡ya está usted participando en GanaMillones! Le recordamos que esta llamada tiene un costo de 950 colones (casi 2 dólares, para lector no nativo) Jamás pasaron mis llamadas a estudio, pero los 2 dólares por cada llamada, se cobraron sin falta. Conclusión: atraco a mano desalmada. Me pregunto cuantos cientos de llamadas desviarán hacia la nada de similar manera antes de permitir la entrada de alguna al estudio. Deduzco que esos 500 dólares serán entregados a quien la suerte le acompañe después de haber recaudado el programa y el canal por extensión, varios miles de dólares con el engaño. ¿Cómo es posible que las instituciones encargadas de velar por la transparencia necesaria en este tipo de manejos, no tome cartas en el asunto? ¿Cómo es posible que a un canal  televisivo de la nación se le permita fabricar semejante patraña ante la vista, paciencia e indiferencia de las autoridades, digamos judiciales de este país? ¿Quién paga por la estafa? Hasta ahora, pagando está mi bolsillo, y supongo que el de otros tantos miles de crispados habitantes de este país.