domingo, 4 de noviembre de 2012

Dominguera.


Dominguera.
      Mira tú – mirá vos, diría yo si aquí perteneciera pero no cumplo la faena y se acredita ese pretérito imperfecto del subjuntivo – nació el domingo. E igual que tú, igual que yo, completará lo que sea que deba completar, dejará a medias lo que a medias deba quedar. Crecerá para ojos que suyos no serán, y morirá. Igual que tú vo(s/z), igual que yo. Una calle un barrio una ciudad a la que tampoco pertenezco se desparrama al otro lado de la ventana. Un perro ladra, el sol no aparece ni en recuerdos y se agradece. ¿Por quién doblan las campanas? Por nadie, doblan al viento, que es fuerte. Cualquiera diría que se acerca la navidad. Hay misa y el cura es maricón, es lo que toca. Mirá vos, diría yo si aquí perteneciera (pero ya sabés, no cumplo la faena): este domingo se me parece bastante al anterior. Reparo acaso en una diferencia, nimia: más o menos a esta hora de aquel alguien pasó por esa acera que antes no mencioné, la que entre calle y casas se comprime, y dijo picha, dijo mae, sinónimos interpelativos en tono de doncella del muy espiritual ¿asere qué pinga e´? cubano. Ahí mismo un perro dominguero ladra hoy, y mea, mae. Fijáte vos, cosa curiosa: son parónimos los términos. Mirá, – diría yo si aquí perteneciera, pero ya sabés, no cumplo la faena y acredito ese pretérito imperfecto del subjuntivo – para el próximo domingo quizá el perro cague donde hoy meó, tal vez ni eso.  

jueves, 1 de noviembre de 2012

Dos momentos de Rayuela.


 
Dos momentos de Rayuela.
       Hay dos momentos en la novela Rayuela en los que Julio Cortázar se luce con sendos golpes de efecto para noquear al lector. La muerte de Rocamadour, el hijo de la Maga, y la contienda verbal entre Oliveira y Traveler, con Talita, la mujer del segundo, encaramada en unas tablas entre dos ventanas, sobre un abismo. En el capítulo donde muere Rocamadour, uno tras otro, en orden de aparición, se van enterando los personajes de la desgracia, todos menos la Maga, que ajena al hecho se mantiene trajinando dentro de la casa, con el niño – dormido para ella – ya muerto en la habitación. Y al lector lo secuestra Cortázar para convertirlo en testigo y por tanto cómplice del velado suceso, en un personaje más, quizá el que más sufre la muerte de Rocamadour, sin duda el único que desespera por no poder dar el aviso a la Maga ante la filosófica y cínica parsimonia de presentes. En el fragmento, relativamente extenso, de Talita sobre las tablas, mueve el escritor de tal manera los maderos y la narración que parece encauzada la escena hacia un fátum donde no puede esperarse otra cosa que no sea lo peor. Y sin embargo Talita no cae al vacio. No puede ser mayor la tensión en esos dos momentos de la novela, y no obstante, no utiliza Cortázar una sola sentencia tremendista. Es un maestro de la mesura y la contención del desborde emocional que el mismo ha provocado.

martes, 30 de octubre de 2012

Octubre: muerte/vida.



Octubre: muerte/vida.
       Cumplo años dos días del décimo mes: 22 y 30; y muero también dos veces en similares fechas. Debuté ausente al foro de los que de paso estamos un 22 de octubre de 1970, pero al contacto entre mi cuerpo y el de una enfermera riquísima, se me animó un gusarapo entre las piernas, me nacieron entonces – entre otras cosas – unas ganas inmortales de vivir, y pude embarcarme a la inversa, sin óbolo ni bolsillo del que sacarlo, en la barca de Caronte. Es decir que ya cuento 42 años de sobrevida después de mi primera muerte, y mi primer nacimiento. Un hoy de octubre, año 2006, salí de Cuba: volví a nacer a los 36 años. Soy un niño de seis octubres 30, con 42 almanaques al cesto de mi vida/sobrevida (sin alegorías a Retamar) que un poco también comenzó a morir a esos 36 años. Habrá que ver si el barquero me deja pasar definitvamente a la otra orilla o me pone a vagar un siglo largo por las riberas del Aqueronte cuando el destino le anuncie mi siguiente visita. 

domingo, 28 de octubre de 2012

Amores de puerto y otros motivos de peregrinación



 
Amores de puerto y otros motivos de peregrinación.
        Cuando en 1776 (4 de julio) en Filadelfia, Pensilvania, se reunían 56 integrantes del Congreso Continental para darle el espaldarazo a la Declaración de Independencia de los Estados Unidos de América, escrita un mes antes – en su cuerpo más gordo (el de la Constitución, no el del amanuense) – por Thomas Jefferson, no solo estaba por llegar lo mejor de la trifulca contra los británicos, sino que también en lista de espera estaba (y estaría otros 70 años) el más romántico, espectacular y crudo episodio que podría rodarse en la ribera oeste del continente americano. Ese mismo año, 1776, con un adelanto de 5 días (29 de junio), en la costa pacífica de Norteamérica los españoles establecían en las cercanías de la laguna Nuestra Señora de los Dolores (nunca se aclaró si la pena corporal de la doña era en los callos o en los juanetes) la Misión San Francisco de Asís, o Misión Dolores (¿?) Y para honrar el nombre del océano que allí costa lamía (y lame) no fueron pocos los hachazos, sablazos y disparos de fusilería que a manera de salutación sin optimismo intercambiaron ohlones y peninsulares. Pero esa historia merece novela escrita. El caso es que después de eso, y mientras la niebla cubría espacios en la bahía de San Francisco, en la otra costa oceánica hoy yanqui pasó un lapso – es para dar idea – de 7 años de beligerancia contra Inglaterra, pasó otra contienda breve contra la Gran Bretaña ya en la 2da década del s. XIX, pasaron otros 40 años de laudatorio despegue nacional (Luisiana, Arizona, Nuevo México, California, Nevada, Utah, bla, bla, bla poco a poco fueron grabando las 5 puntas de su estrellita en la U.S flag, y como dato aleatorio apunto que los EE.UU es el único país que ha pagado con generosas sumas de dinero territorios que ya tenía bajo su control…estudiar guerra vs México), pasó un pájaro por el mar y solo cuando corrió, como pólvora que traza un hilo de Ariadna hasta fortín enemigo, el grito de gold! en el far west, despertó el interés por el lejano oeste. Para ese entonces, 1848, todavía San Francisco no rebasaba los 1000 habitantes. Era un caserío de mala muerte cuando ya en la costa este y en el arco de los Grandes Lagos alguna que otra ciudad llegaba a las 100 000 almas. Pero en apenas un año San Francisco pasó de 1000 zombies a 25 000 habitantes. En 1849 era tal la fiebre del oro que los barcos llegaban a la ciudad californiana y las tripulaciones desertaban en masa para internarse rápidamente en tierra firme con intenciones de soterrarse. La bahía de San Francisco se convirtió en el único cementerio de barcos todavía útiles y dispuestos a encontrar el amor en atracadero más sociable. En los más de 150 años que se escurrieron de allá hasta aquí, la villa pasó de emporio de aventureros, delincuentes, prostitutas y libertinos a meca del arte, el liberalismo mental, el eclecticismo arquitectónico y la prosperidad económica. Hasta el beisbol ha crecido allí: ahora mismo están a un paso de barrer con los Tigres de Detroit y llevarse la segunda Serie Mundial en 3 años. Y si esto sucede, el asunto ya no será colocar a San Francisco en la guía turística o señalarla con el dedo sobre el mapa que indica la trayectoria del próximo viaje. El asunto ahora será poner a esta ciudad en el mapa de las peregrinaciones.

viernes, 26 de octubre de 2012

De cocos secos y la alegría de estar vivos.


 
De cocos secos y la alegría de estar vivos.

      Esto es simple: si usted cierra los ojos está muerto, pero en vida porque piensa. Más o menos así se vive en Cuba, incluso con los tres ojos abiertos. Para el cubano que perforó la cortina de hierro y traspasó el umbral del veril nacional, volver allá es un motivo de alegría que entristece, una tristeza que alegra. Y es que usted sabe que allí estará felizmente muerto, o vivo, pero en un panteón, lo mismo da. El caso es que disfrutará junto a los suyos esa muerte isleña de todos los días, esa vida inerte de paso firme. Pero esto es simple: si usted pestañea tiene dos opciones: estar vivo o ser un espejo (con un marquito lleno de abalorios) Al otro lado del veril isleño nadie le cerrará los ojos, nadie le obligará a irse con "la bola mala": su cerebro o el coco seco que en ausencia le sustituya, escogerá la candidatura que mejor llene la cavidad.

En la foto: un cocotero.

miércoles, 24 de octubre de 2012

Rostro de todos


 
Rostro de todos.
     
      Se diluye tu rostro en la muchedumbre que alimentas. A cada paso ajeno se levanta tu pie, y aunque no siempre a tu pisada me adelanto / para que tu impasible pie desprecie / todo el amor que hacia tu pie levanto, he sido también aquel paso ajeno que en tu pie se levanta aunque tu pie desprecie. Un remiendo de siluetas es la sombra que acompaña tu cuerpo, pero no alcanza un duplicado inorgánico para asir los abrazos donde falto. Se pondrá el tiempo amarillo sobre mi fotografía, que tuya será, e irás partiendo un día tras otro, de época en estación, con el amor disuelto en cada beso que darás.

lunes, 22 de octubre de 2012

Teológicas.


 
Teológicas.
    
       Las visitas que amenazan con tiempo son como las guaguas en Cuba: pasan o no. Alguien me dijo hoy en la tarde que últimamente dios ha estado visitando su casa. Me sorprendió un poco, apenas, la noticia de recién convertido, de feligrés de último minuto -cuidado que se te va el cabú!-, y no obstante me alegré por el ente con análoga alegría a la que sentía yo al ver aparecer la ruta 4 por la calzada de Mantilla -Arroyo Naranjo/ La Habana/ Antilla Mayor- en un traspaso meridiano de sábado para domingo. Pero dicho ha quedado el hecho demostrado: las visitas que se anuncian son como las guaguas en Cuba: pasan o no. En la parada donde estoy no se ha visto aparecer una alegría de ese tipo en los últimos – justamente hoy – 42 abriles de octubre. No se ve desde aquí una ruta 4 ni en lontananza.