miércoles, 20 de junio de 2012

Cuba es un piano que alguien toca detrás del horizonte.


Cuba es un piano que alguien toca detrás del horizonte.
               
        Desde que parí este blog allá por el remoto 2008 no es mucho lo que de ajena producción he publicado en él. A memoria turbia: algún artículo de Carlos Alberto Montaner y de Martín Santiváñez Vivanco. Ahora coloco un fragmento de un texto del escritor cubano César Reynel Aguilera, cuyo aliento – el del texto – genera una admirable saudade extratropical. Fueron palabras que su autor ofreció a los presentes en el evento Cuba por fuera/Cuba inside out, que tuvo lugar en la Universidad de Nueva York el pasado 8 de junio, dedicado a la cultura cubana fuera de la ínsula y a los proyectos que genere la iniciativa. Pero no puede haber camisa de fuerza para tan bellas palabras. Aquí debajo las entrego. Disfrútenlas.


Distancia, tiempo, literatura, Cuba y ubicuidad. Tomo notas y vuelvo a mirar al mar. Es Historia aceptada que los habitantes de Abaco vivieron durante mucho tiempo de rapiñar naufragios. Cualquier mapa enseña que esa es una de las islas de Las Bahamas que está más cerca del Atlántico. Los barcos venían del alto a toda vela, le entraban confiados a los bajíos y se descuadernaban para convertirse en industria. Los habitantes de la isla (¿abaquenses?), conocedores de corrientes y arrecifes, se encargaban de sacarlo todo; de recuperar y “guardar” desde el ancla hasta la rondana del palo mayor, desde el mascarón de proa hasta los ornamentos de popa. De eso vivieron durante mucho tiempo.
Esa industria llegó a ser tan productiva que cuando la corona inglesa decidió construir un faro, en la isla de Abaco, casi todos los habitantes se opusieron activamente a la idea. Los sabotajes fueron tantos y de tal magnitud que tomó varias décadas, bajo protección militar, poder culminar la empresa. Después de inaugurado el Faro, sin embargo, la gente aprendió a crear luces falsas que guiaban a los barcos hacia los bajíos más convenientes, y así siguieron viviendo de rapiñar naufragios.
Miro al mar. Cuba es dos Morros con siglos de honestidad. Esa idea de ser Faro vino después; antes fuimos eso que siempre seremos: un cruce de caminos. Un punto por el que tenían que pasar casi todos los barcos que iban o venían hacia Las Américas. Un nodo y un nudo que fue tejiendo —a puntadas y bordadas— una cultura hecha de velas que llegaban en caravanas y dejaban, en los puertos de La Habana y Santiago de Cuba, algo más que mercancías: dejaban noticias, ideas, palabras, sonidos, religiones, esperanzas y nostalgia... mucha nostalgia.
La mayoría de las personas que llegaron a Cuba en esos barcos lo hicieron en busca de fortuna. Esa es, quizás, una de nuestras grandes diferencias con Las Bahamas, un país que debe una buena parte de su hechura a aquellos colonos ingleses que fueron leales a la corona y, en consecuencia, tuvieron que salir huyendo del territorio americano a raíz del triunfo de la Revolución de las trece colonias. Para ellos el regreso era una pesadilla, para los que llegaban a Cuba, sin embargo, el regreso siempre fue un sueño.
Muchos de esos soñadores fueron de un origen que hoy llamamos “español”, pero que en realidad nunca dejaron de reconocerse, algunos todavía lo hacen, como furibundamente asturianos, gallegos, catalanes o vascos. A esa masa predominante de “españoles” se sumaron chinos, irlandeses, ingleses y, con el tiempo, norteamericanos y rusos. Todos marcados por el regreso, todos marcados, a pesar de los siglos que los separan, por ese mirar al mar como a un espejo de paciencia, por esa forma de contar el tiempo en años, meses y días para un retorno que casi nunca sucedió, todos convertidos en nuestra primera hermandad de ultramar.
Durante siglos, también, llegaron barcos cargados de esclavos africanos, una masa de hombres y mujeres que al igual que sus captores nunca dejó de mirar hacia ese mar que los separó de la tierra donde habían nacido. Y fue ese deseo espiritual, esas preguntas de ¿cómo estará eso, cómo estarán aquellos que dejamos allá, allende los mares?, o ¿cuándo viajaré a mi semilla? la que hermanó —a pesar de leguas y siglos de distancia—, desde el mismo inicio de nuestra nacionalidad, a los negros con sus dueños, a los oprimidos con sus opresores, a los poderosos con aquellos que un día los derrotarían, y a los racistas con la sangre futura y mezclada de unos nietos que después harían nación.
Con el surgimiento de esa nacionalidad surgió, claro está, una forma de castigo que dio lugar a nuestra tercera hermandad de ultramar. Me refiero al destierro, y a esa variante ligera que hoy llamamos exilio. Pienso en Heredia buscando a Cuba en cada piedra, en cada árbol, y en cada despeñadero de agua que pudiera recordarle las crestas blancas y saladas de su mar; pienso en Martí conspirando para acortar la distancia y el tiempo de su retorno; en Carpentier, más cobarde que una ardilla, metaforizando ese retorno al único sitio donde se sintió seguro en su vida: el vientre de su madre; y pienso en Cabrera Infante declarándose muerto e inmortal en La Habana de un niño que ya nunca regresaría.
Siglos conectados por una misma hebra y un mismo nudo en la garganta. Distancia y tiempo borrados en una cuarta hermandad, esa hecha de varias generaciones de hombres y mujeres que por bien o mal que vivieran fuera de Cuba nunca dejaron de soñar —luchar, exigir, suplicar— sus regresos. Siglos de hijos criados hablando un español perfecto —para cuando regresemos— y de un mismo brindis en Navidad: El año que viene en Cuba. Porque la Nochebuena es, ya sabemos, un renacer.
En Abril de 1980 cortamos ancla y la isla, como un papalote, quedó a la deriva o al pairo, se fue a bolina. Los marielitos marcaron el inicio de nuestra quinta hermandad de ultramar. La de una generación pintada con lemas como “el último que apague el Morro”, “para atrás ni para tomar impulso”, y “a partir de aquí, por suerte, ya no hay regreso”. Distancia y tiempo contados como amuletos de un nunca jamás regresar, copas levantadas cada año para celebrar la partida, el renacer, la felicidad. Porque ¿quién carajos quiere vivir en el infierno? ¿A quién se le ocurre habitar un palacio de blanquísimas mofetas? ¿Quién puede ser feliz en una Cuba que se parece tanto a uno de esos asilos que en inglés llamamos “boarding home”? ¿Hogar de embarque? ¿Casa de abordaje? ¿Con sable en la boca y tibias cruzadas en la frente? No, gracias, ya nos consta que la muerte en vida es una nada cotidiana, y que de un país sin salidas de emergencia se escapa quemando las naves. Generaciones conectadas por un laberinto sin hilos; por un deambular desde Arenas hasta Zoé, por un regreso desde Romay hasta Victoria y Rosales.
Necesito pensar que hay una sexta hermandad de ultramar. Acaricio la idea de que muchos de los que nos reuniremos en Nueva York, dentro de unos días, formamos parte de ese grupo. Una generación literaria que por razones puramente biológicas tendrá, en algún momento, la opción de un regreso que casi ninguno de nosotros, creo, decidirá ejercer. Porque nunca olvidaremos que escapamos del infierno, porque ya tenemos nuestras vidas hechas aquí, porque no nos anima ninguna revancha ni triunfalismo alguno, porque no existimos en la realidad.
Somos virtuales, estamos hechos de palabras e ideas que sólo cristalizan en algo medianamente tangible cuando los desmanes del castrismo logran sacarnos de nuestras vidas reales, de nuestras luchas por las defensas de las mujeres o los homosexuales, de nuestras empresas en quiebra, de nuestras bodas y divorcios, de las tareas de nuestros hijos, de los libros que estamos escribiendo, del barro que pensamos hornear o del plato que queremos cocinar, de nuestras fiestas y cumbanchas, y de nuestros compromisos con los demócratas, con los republicanos, con los liberales, los conservadores, con Amnistía Internacional, África y el Sursum corda.
Sólo los desmanes del castrismo logran detener nuestros relojes y hacernos confluir, a pesar de las enormes distancias que nos separan, en algo medianamente cercano a una entidad real. Cuando eso sucede recordamos que hay un país encallado en el tiempo, un barco llamado Cuba que nuestros padres creyeron faro y terminaron convirtiendo en naufragio. Una tripulación de once millones de cubanos atrapados, como lo estuvimos nosotros, en una pesadilla indecible, en un infierno indemostrable. Cubanos desesperados por saltar sobre la borda, cubanos acostumbrados a la calma chicha o luchando por desencallar, lo mismo da. Para todos y cada uno de ellos sólo tenemos un hilo de palabras lanzadas como un cabo de luz.
Luces hechas de candiles y antorchas, de fósforos en aguacero, de algún que otro quinqué y de chismosas, muchas chismosas. Luces que juntas alumbrarían más que un faro, pero no necesitan hacerlo, porque no hay camino a señalar, porque para un barco varado en el tiempo hay un único mensaje posible: la vida es boga en el mar abierto y brutal de la realidad, el resto es morir respirando.
P.D: Cuba es un piano que alguien toca detrás del horizonte ( Caracol Beach. Eliseo Alberto Diego)

jueves, 14 de junio de 2012

La Trocha mocha



La Trocha mocha.
          Cuando Costa Rica comenzó la de/construcción de la trocha fronteriza paralela al río San Juan, Nicaragua, argumentando que la Trocha destrochaba el ecosistema local, soltó el grito y lo puso en el cielo. En primera instancia, todos en este lado de la ribera fluvial pensamos que el aspaviento de los pinoleros más que evidencias de desastre ecológico exponía la evidencia del desastre económico, la impotencia y la envidia de aquellos que viven en la rivera opuesta del río. Quizá algo de eso hay, pero el tiempo pasó, pasó un pájaro por el torrente a veces turbio, a veces claro del río San Juan, y otras duras, blandujas, pestilentes verdades se destaparon en la cloaca de los dimes y diretes binacionales. Lo que nació y creció – para los que vivimos a este lado del chorro de agua – como síntoma de pujanza y desarrollo económico nacional, termina siendo una vergüenza pública. Nicaragua tenía razón. La lengua de lastre que partió en dos mitades la zona selvática donde se trazó, increíblemente no contó con un estudio previo sobre posible impacto ambiental, y las secuelas del despelote fronterizo en el ecosistema son más grandes que los lunares de la Luna. Más de la mitad de la tronera de billetes que invirtió el gobierno en ese proyecto se evaporó como charco de agua en tórrido verano sin acercarse a la mocha trocha ni por óptico efecto de catalejo. Una lección de Perogrullo nos ha dejado este revolico: no siempre la verdad es la nuestra.   

viernes, 8 de junio de 2012

Réquiem por el progreso.


Réquiem por el progreso.
        
           En Costa Rica para aspirar a una imagen “decente”, a un perfil de atajo que te lleve a concretar un estatus inclusivo frente al quórum, es necesario ser blanco, católico y heterosexual. No lo digo yo, se lo soltó a boca de jarro un tico a la presidenta de esta República, allá en Alemania, mientras cumplía la mandataria itinerario de paseo presidencial. De las tres estacas que sostienen la tienda de campaña del paradigma social local, creo poder sostenerme de una sola porque cubano que no tiene de Congo algo le cuelga de Carabalí, y de católico tengo tanto como amistad tuvieron Catilina y Marco Tulio Cicerón. Mucha verdad llevaban las palabras de aquel que en germánica tierra gritería anti establishment  de la comarca formó. Costa Rica es el clásico emporio del conservadurismo más radical. Único estado confesional en toda América Latina. Una de las contadas con los dedos de una mano naciones de Occidente donde el aborto y la fertilización in vitro están prohibidos por draconiana y feudal ley. No es mucho lo que se puede hacer para trocar unos preceptos cuyas raíces se aferran y nutren en las circunvoluciones cerebrales de la muchedumbre. La mentalidad de grupo de esta nación está más cerca del manierismo festivo del rococó que del momento actual. Aquí en la capital, cualquier día ensamblan una hoguera en el Parque Central o en la Plaza de la Cultura para cobrar  “merecida” e inquisitorial cuenta a todo el que se atreva a vivir en el siglo XXI.

domingo, 3 de junio de 2012


¿Adónde va el palabreo libertino, la libertad cantinflesca?

          No está de más recordar que escritor(a) no es aquel que con todo empeño garrapatea cuartillas y publica libros. Cualquiera pare un descendiente tecnológico de las hilachas de un árbol, protegido el parto malogrado por dos tapas que anuncian lo que en su vientre de folios algún desdichado sufrirá leyendo. Pero no alcanza con enlazar cuatro o cinco metáforas medianamente dignas, o un par de historias semiprecarias frente al ojo público para dejar aquel rasguño en la piedra de que hablara José Lezama Lima. Al escritor el ego en soledad le crece. No se abalanza un escritor(a) sobre los cuatro gatos diletantes que junto a él comparten espacio y tiempo porque su tarea es tratar de colocar otra crucecita en el almanaque de la eternidad. Y eso es cosa seria. En esta comarca, como en cualquier otra, la ignorancia es atrevida, y sin patrones de contraste sólido cualquiera puede creerse lo que no es. Como en cualquier otro lugar, también aquí son frecuentes los artículos que en las páginas de opinión de la prensa, garabatean los escribidores de la comarca. En no pocas ocasiones inspira nulas ganas de pensar lo que se lee y sí mucha compasión, vergüenza ajena, deseos de llorar. Y no hay un alma en esos periodicuchos capaz de ponerle freno a lo que freno lleva. Por tanto, dado que no aparece, ni de lejos se ve en algún rotativo de la comarca un editor, un corrector de estilo que valga tres quilos, es justo que todo el peso de la faena recaiga sobre los hombros del escribiente. El problema es que alguien que respete el oficio – aunque no lo domine – de escribir, no puede darse el lujo de sacar a la luz pública en el periódico más importante del país un ¿artículo? donde se lea algo como esto: Con el corazón en la mano, con lágrimas de sangre, con las cenizas de un antiguo fuego, por citar solo algunas metáforas, seguimos siendo polvo de estrellas enamorado. Animales que aúllan ante el desierto, pájaros que le cantan a la lluvia. (…) ¿Adónde (va) la gracia, la obsesión misma que me hace escribir una y otra página a lo largo de mi vida? ¿Adónde la contemplación, silenciosa y obstinada, que hace soñar al astronauta con naves estelares combustionadas por plasma? (Dorelia Barahona. ¿Adóne de va la libertad? Sección Opinión. Periódico La Nación. Jueves 31 de mayo de 2012) Donde solo cabe una cosa no caben dos ni tres. Ese texto, del cual he tomado, para atenuar horrores, un botón de muestra, más que un artículo de opinión parece un extracto de tertulia pasada de copas en sabatina noche o dominguera madrugada, la clásica nota del suicida o el borrador de lo que de todas formas será un pésimo poema. Aún no se define la ruta. Lo que queda claro es que la verborrea que destila el asunto es abundante; tanta que se convierte en reverencia gratuita a Mario Moreno porque, ¡oye!, según el apiñamiento de palabras los derroteros de la libertad parecen inescrutables pero el lenguaje cantinflesco tiene puerto seguro.

domingo, 27 de mayo de 2012

Indianápolis 500: victoria pírrica.


Indianápolis 500: victoria pírrica.
          El escocés Darío Franchitti ganó hoy la carrera más famosa del automovilismo, las 500 millas de la Fórmula Indy, en Indianápolis. Pero hay victorias y victorias. Es cierto que Franchitti hizo una buena carrera. Llegó a ser el cascabel de la ringlera en las primeras vueltas y poco a poco fue ganando posiciones. Las 500 millas de Indianápolis se prestan solas para hacer algo así, es una carrera larga, de estrategias. Apenas a 30 vueltas para el revoloteo de la bandera a cuadros; entre él y el neozelandés Scott Dixon, su compañero en el equipo Chip Ganassi, se alternaban la cabeza de la competencia como si aquello fuera un jueguito de niños. Solo dos bólidos más presionaban por la punta con posibilidades reales: el del brasileño Tony Kanaan, ídolo de la afición en Indianápolis y vaya usted a saber el por qué, y el del japonés Takuma Sato. Unas 50 vueltas antes del final el nipón había entrado en zona de pits a retirar los alerones delantero y trasero de su centella: anuncio de que lo suyo iba en serio porque sin alerones su máquina perdía algo en estabilidad pero sacaba un par d millas de ventaja en la velocidad al resto de los competidores. A dos vueltas para el final la dupla Dixon-Franchitti mandaba en la punta, con Sato y Kanaan al asecho. Dixon, puntero, hizo la maniobra ya casi rutinaria para que Franchitti tomara la cresta y se llevara la carrera. Franchitti lo rebasó, pero Sato apretó el pedal, se  "enganchó" de la cola del escocés  y también pudo adelantar a Dixon. La mesa estaba servida entre Franchitti y Takuma Sato. Sin alerones, la nave del japonés era más veloz que la del esposo de la sabrosa Ashley Judd, pero menos estable, y Franchitti lo sabía. Última vuelta: se meten en la primera curva, Sato se le escurre por debajo a Franchitti y comienza a rebasarlo, se lo lleva; entonces Franchitti lo acorrala, le acorta el espacio. La maniobra no es ilegal para los libros, pero hay reglas no escritas que se cumplen por ética, por principios. Franchitti pudo cerrar el espacio antes de que Sato comenzara la maniobra porque era sabido que el japonés trataría de colarse por la parte baja del peralte. Si no lo previó, si no creyó que el otro se atrevería a tanto en plena curva y a 217 millas por hora, pues simplemente se equivocó. Pero cerrarle el espacio al nipón cuando ya los dos autos corrían uno junto al otro y el de Sato se llevaba en claro a Franchitti, para decirlo en cubano, es tremenda mariconá. Franchitti sabía que en caso de roce el auto de su rival llevaba las de perder por la falta de los alerones. Y así fue. Apenas se rozaron y la nave de Takuma derrapó haciendo un trompo que lo dejó fuera de la carrera, en la última vuelta!. El escocés debió dejar que su digno rival completara la maniobra espectacular con la cual se lo llevaba en claro. Le quedaban más de tres cuartos de pista y 3 curvas más en el óvalo para intentar hacer él lo que Takuma Sato le habría hecho en esa primera curva. Pero Franchitti tomó la más cómoda de las opciones, la menos digna, y ganó la carrera, por tercera vez en su vida(2007, 2010, 2012) sin complicaciones innecesarias. Esta habría sido su primera oportunidad para ganar al duro, acelerando a fondo, porque las dos anteriores entró con bandera amarilla. Pero no le alcanzaron los coj... para batirse con el japonés, y se llevó su tercer título en las 500 millas de Indianápolis, para no variar un ápice el estilo, con bandera amarilla, una que él mismo provocó con ese golpe bajo a Takuma Sato.

jueves, 24 de mayo de 2012

Confesión.


Confesión.
           Nunca silencio mis verdades, por dolorosas que sean. Ocasiones no han faltado para incinerarme y sin embargo aquí estoy, sin laceraciones notables. Entonces es justo reconocer que no he sido todo lo consecuente que he podido ser. Tampoco sobra aceptar que si he bajado la cabeza ha sido porque el gesto, más que gesto, resultado de algún resumen de pensamientos fue. Ser cubano es un oficio difícil, complejo. Vivir fuera de Cuba y al mismo tiempo mantener ese puente aéreo que nos lleva de vez en cuando al reencuentro con los amores que todavía en aquella orilla conservamos, implica, a qué negarlo, cierta renuncia, cierta cobardía subrepticia que termina convirtiéndonos en desolados cómplices de aquello que tanto detestamos. Eso, en el mejor de los casos. Nada nuevo bajo el sol. Cualquier cubano sabe de lo que estoy hablando. Cuba es el país que, en porciento, tiene el mayor número de nacionales en la diáspora. De 15 millones que somos, 3 millones vivimos veril afuera. En la ínsula, no a placer quedan casi 12 millones de compatriotas. Más que país, más que una isla en peso, aquello es un yerro de más de medio siglo con severo régimen penitenciario que estrangula hasta el ahogo cualquier revoloteo con la nariz por encima de la línea de flotación humana.  Los intentos de evasión se pagan caro y solo hay dos opciones como consecuencia: descolgar la vida de un bote o de un tren de aterrizaje, o consumar la fuga por mar o aire. Tres millones hemos logrado consumar el escape. Pero esa huida es parcial para los que, como dije, inclinamos el fiel de la balanza hacía nuestros amores allá retenidos. A quienes ya pasaron el eje central de la familia a foránea orilla, no les duele, no les preocupa cantar a los cuatro vientos las más de cuatro verdades siniestras que en aquel arrecife sufrieron. Hay otros que prefirieron quemar las naves y no extorsionaron su conciencia. Esos son los genuinos prohombres. Yo permanezco en el cuerpo de la caterva, en la fláccida mole, en el grupo que mantiene esa discreta cobardía que nos convierte todavía en rehenes de lo que no compartimos.

martes, 22 de mayo de 2012

En alta mar II


En alta mar II

          Paul Watson quedó en libertad en Alemania. En estática milagrosa ha quedado la orden de extradición presentada por las autoridades de Costa Rica. El egregio ambientalista pagó una fianza con cuyo montó se podría construir un barrio de clase media. El próximo paso de las autoridades germanas es un secreto a voces: cagarse soberanamente en la petición de extradición emitida por este pequeño país centroamericano y declarar no a lugar el proceso penal que en contra del capitán del Ocean Warrior y fundador de la organización Sea Shepherd se pretendía concretar aquí. Otro gallo cantaría si orden como aquella les hubiera llegado a los germánicos, por ejemplo, desde los Estados Unidos, desde Japón o desde alguno de los brazos fuertes de la Vieja Europa. Pero la orden llegó desde Costa Rica y eso es casi un desacato a la moral de los hijos de Bismarck. ¿Dónde me dijiste que estaba Costa Rica?¿En África? Ahh mira ¡!, es esta cosa que ni se ve en el mapa, en Centroamérica ¡!. Me han dicho que es un país de indios, y que llueve mucho...Lo mismo que la quilla de su barco multimillonario, la soberbia del canadiense no conoce de jurisdicciones: ya convocó, para mañana mismo, a una protesta en Berlín, frente al Palacio de Bellevue, por la presencia en suelo teutón de Laura Chinchilla, la presidenta de los ticos, quien tiene previstos un par de encuentros con Joachim Gauck y Ángela Merkel. Según Paul Watson, en Costa Rica su vida correría peligro y el juicio estaría viciado porque las mafias de aleteo manipularían el proceso. Siempre es un lujo tener una mente abierta y pródiga en fantasías, pero creo que llega demasiado lejos la imaginación de Paul Watson, tanto que se despeña por el barranco de las pifias y el ridículo más soberano. Ya calientan el aceite en el cuarto de máquinas los pistones del Ocean Warrior, las focas y las ballenas del Ártico o de la Antártida esperan ansiosas la llegada del protector de cetáceos, el postmoderno Poseidón de los mares y océanos del planeta Tierra. Y que reserven con tiempo suficiente para confesiones y demás asombros que deberá dios escuchar, los marinos de algún impreciso pesquero que se ponga a golpe de casco del Ocean Warrior, porque a cualquier barquito tercermundista le pueden gastar una broma pesada en alta mar.