domingo, 4 de octubre de 2009



Octubre.

Abro las puertas de Octubre cuatro días después del advenimiento del nuevo mes (no confundir con eyaculación retardada) colocando un brevísimo borrador – continuación del anterior – de la novela póstuma de un servidor. El borrador que marca turno en la cola detrás del que subiré inmediatamente, aparecerá por acá cuando la novela esté “a punto de mate”, y esa frase admite doble lectura: aparecerá cuando yo recién cumpla los 90 años (porque pretendo llegar a tan remota orilla y sin pagarle un óbolo a Caronte) o cuando prepare la siguiente infusión con hojas de yerba mate, y eso puede ser, incluso, unos minutos después de ahora mismo…en fin, aquí estaré de regreso en breve si la bombilla no me quema los labios al degustar el sorbo, si aparece la bolsita de azúcar (quién ha visto a un cubano tomando mate sin azúcar), si el gato se cansa de joder y remolonear entre mis manos y el teclado, si el hambre no aprieta, si se acaba temprano el juego Colorado-Dogders, si termino de leer el último capítulo de Sinuhé el Egipcio, si me pelo las 4 greñas, si llueve, si no se calma el viento, si alguien grita de felicidad, si tiembla la tierra, si bajan los niveles de polución en esta ciudad, si cierran los Malls, si quiebra Mc Donald´s, si la gente comienza a manejar de espaldas a la ruta y de frente a la vida sencilla, si se cae la cúpula de San Pedro y Bin Laden se convierte al Cristianismo, si aterriza un marciano en la Quinta Avenida y un terrícola en Wall Street, si no muere la música, si el periódico logra colocarme sobre una buena pista informativa, si proscriben Internet, si un ave sonríe, si aumenta la producción de espermatozoides y disminuye la de tablas de surf y mujeres anoréxicas. SI el pan me come, si aparece la que busco en la distancia, inconfundible entre la muchedumbre, si el mar deja de amarme, si desecho la vereda por los rieles del tren suburbano, si anochece cuando amanece, y cuando alguien muere, si el crepúsculo no se cansa de matarme, si la espera no me desespera, si la esquina se endereza y el proyectil toma la curva, si la montaña crece, si las nubes se derritieran interminablemente y siempre sobre mi cabeza, si mi casa fuera mía y el dolor ajeno, si logro escribir sobre tu piel y entre las brumas del cuerpo llego a leerte, si jorobo una moneda, si me traiciono, si caen a la vez y a una sola voz, una estrella y un planeta; si encuentro una cerbatana para jugar un rato, si llego a creer en Dios… Creo que lo mejor será dejar esta letanía para otro día… y también la de los borradores.

miércoles, 30 de septiembre de 2009


Se nos muere Septiembre.

A memoria limpia - pues el único ejemplar de que dispongo permanece en préstamo desde hace varios meses - coloco aquí, ahora que veo-siento como la lluvia se desploma a cántaros mientras cae la noche sobre Costa Rica, y para no "irme en blanco" en el cierre de mes, el texto homónimo de mi libro Pasajero del Invierno. No recuerdo con certeza si la división de los versos y la colocación de los signos de puntuación en la versión de celulosa es la misma que ven ustedes aquí, pero al menos tengo la certidumbre de que no sobra ni falta palabra alguna...

Llueve,
y chorrea en los portales la tregua del verano,
pero los otros prefieren drogarse con la brasa
a contener el bochorno del martirio
mientras yo,
pasajero del invierno,
si tuviera boleto reservado hacia Diciembre
o hasta el último crepúsculo boreal,
perdería la ocasión de irme,
porque llueve,
y eternizo la mirada sobre tus pechos de agua.

domingo, 20 de septiembre de 2009


Soliloquio


Si necesitas nutrientes, te redimo con las migajas que lancé al foso de los cocodrilos. Debes ir a buscarlas. Si proyectas golpearme, sin pausa inclinaré el torso hacia el costado que me permita, con más impulso, devolverte el gesto como un hachazo. Si pretendes amarme, te odiaré. Si me abandonas seré feliz. Si caes a mi lado, no dejaré que el sol te hiera, un montículo de tierra será tu confidente. Si te adelantas, sin desearlo me detendré. Si te rezagas, con más fuerza correré. Si me sonríes temeré. Si te molestas conmigo, intratable seguiré. Tus motivos de duda alimentaré. Sonriendo entre la muchedumbre tu soledad cultivaré. Si pretendes citarme, impuntual seré. Si me cortejas, descortesía te ofreceré. Si me rechazas trascenderé, pero si vienes por mí, ahh muerte, inexorablemente me iré. Si me retienes contigo, lo entenderé.

miércoles, 16 de septiembre de 2009



Circularidad

No sé si de alguna manera seguiré aquí cuando se rompa el último de los círculos que aprisionan, con el vigor y la monotonía de un aro concéntrico, las rutas de acceso al destino perenne. No alcanzo a saber si viviré lo suficiente para sentir el peso de los años. No sé quien velará por estos huesos que reposarán ¿en que lugar? ¿Tendré energía suficiente para desplegar las ramas del arbusto que abonaré? ¿Será la ausencia el último de los círculos? La eternidad nos espera, enérgicos o pusilánimes, la hierba necesita de nosotros para seguir creciendo y lo sabemos. El intervalo siempre dolerá, lo mismo aquí que bajo el cielo magrebí. No logro reconocerme en territorio alguno: amanece siempre igual, siempre anochece.

sábado, 12 de septiembre de 2009



On the road

Debo encontrar la manera de readecuarme, recuperar el paso, reinsertar el pensamiento y la piel en el viejo esquema y repetir la idea con cualquier otra palabra que comience con la letra r y me sirva para remachar el concepto. Como casi siempre, tiempo no es lo que sobra para estar aquí, pero aún así me doy el lujo de meterme en camisa de 11 varas, e improviso a la carrera, en par de minutos, un ejercicio de escritura sobre la página Microsoft Word en blanco. Postergo para peor ocasión (encarne ahora con la letra p) mis intenciones de frenar el movimiento de rotación del planeta sobre su eje con el propósito de extender, cuando menos hasta las 36 horas, la duración del día terrestre. Suelto los libros, postergo también la gestación de clases, el estudio del contenido a impartir, la redacción de 500 informes de trabajo y el habitual desgaste sicológico porque quiero remover las teclas sin orden ni concierto, errático, a la deriva y expresiones similares. Me alcanza ahora con reconocerme cerca de quien soy : ¿quien soy, que soy, donde? Transcribo sin preocuparme por la existencia del Paraíso (1) y eso es lo único que cuenta. Vengo a devolverme. Me reconozco: ¿a quien, como?; no lo sé, pero el silencio y la vorágine no mutilan mi pisada.


(1) Eduardo René Casanova Ealo.