miércoles, 16 de septiembre de 2009



Circularidad

No sé si de alguna manera seguiré aquí cuando se rompa el último de los círculos que aprisionan, con el vigor y la monotonía de un aro concéntrico, las rutas de acceso al destino perenne. No alcanzo a saber si viviré lo suficiente para sentir el peso de los años. No sé quien velará por estos huesos que reposarán ¿en que lugar? ¿Tendré energía suficiente para desplegar las ramas del arbusto que abonaré? ¿Será la ausencia el último de los círculos? La eternidad nos espera, enérgicos o pusilánimes, la hierba necesita de nosotros para seguir creciendo y lo sabemos. El intervalo siempre dolerá, lo mismo aquí que bajo el cielo magrebí. No logro reconocerme en territorio alguno: amanece siempre igual, siempre anochece.

sábado, 12 de septiembre de 2009



On the road

Debo encontrar la manera de readecuarme, recuperar el paso, reinsertar el pensamiento y la piel en el viejo esquema y repetir la idea con cualquier otra palabra que comience con la letra r y me sirva para remachar el concepto. Como casi siempre, tiempo no es lo que sobra para estar aquí, pero aún así me doy el lujo de meterme en camisa de 11 varas, e improviso a la carrera, en par de minutos, un ejercicio de escritura sobre la página Microsoft Word en blanco. Postergo para peor ocasión (encarne ahora con la letra p) mis intenciones de frenar el movimiento de rotación del planeta sobre su eje con el propósito de extender, cuando menos hasta las 36 horas, la duración del día terrestre. Suelto los libros, postergo también la gestación de clases, el estudio del contenido a impartir, la redacción de 500 informes de trabajo y el habitual desgaste sicológico porque quiero remover las teclas sin orden ni concierto, errático, a la deriva y expresiones similares. Me alcanza ahora con reconocerme cerca de quien soy : ¿quien soy, que soy, donde? Transcribo sin preocuparme por la existencia del Paraíso (1) y eso es lo único que cuenta. Vengo a devolverme. Me reconozco: ¿a quien, como?; no lo sé, pero el silencio y la vorágine no mutilan mi pisada.


(1) Eduardo René Casanova Ealo.

martes, 8 de septiembre de 2009


En Cuba

En Cuba no se puede orinar en ninguna esquina porque se corre el riesgo de mearle las botas al guardia de turno, y entonces ya usted sabe lo que le espera. En Cuba la gente no ceja en el intento de cagarse verbalmente y a toda hora sobre la madre del dueño del Fidelcomiso, pero siempre bajito, porque cagarse en voz alta conlleva una replica fecal en los pantalones, aunque sin mierda, porque no hay con que hacerla. En Cuba no se pueden encender los equipos de aire acondicionado porque todo el petróleo asignado a tan aburguesada encomienda, ahora pertenece por entero al Socialismo, es decir al bunker-mansión donde reposan, a temperatura siberiana – para garantizar la eternización – los restos insepultos de un muñecón de carnavales de metro ochenta de estatura, forrado de pellejo, relleno de guata y mal vestido con indumentaria deportiva. En Cuba no se puede colgar un cuadro en ninguna pared de más de 50 años sin riesgo de muerte por aplastamiento. En Cuba no se puede lavar la ropa interior con el jabón que ¿facilitan? en las bodegas porque aumentarían dramática y letalmente los niveles de colesterol de las ladillas y los caránganos. En Cuba se venden clavos para extender el número de huecos en los cintos, y se venden balones de gas para incrementar el número de suicidios por asfixia e incineración. En Cuba se puede ver beisbol – de ligas menores – siempre y cuando en el jardín central pueda leerse un cartelón que raza: el futuro pertenece por entero al Fidelcomiso. En Cuba las palanganas se venden como toboganes y los tubos de regadío agrícola como flotadores. En Cuba amor se lee de atrás hacia adelante aunque sea con una vieja del Medioevo. En Cuba la tridimensionalidad va quedando detrás, en el pasado; mientras más lejos de la costa se esté, más plano se vuelve el horizonte. En Cuba el tiempo no camina, rema, y casi siempre contra la corriente, incluyendo la del Golfo. En Cuba se come tierra, cable, soga, cualquier cosa que raspe la garganta, perfore los intestinos y no alimente. En Cuba la gente se muere dos veces: en vida y cuando les toca.

jueves, 3 de septiembre de 2009



Mañana es mi Día D.

Hace 2 años, 10 meses y 4 días que salí de Cuba. En ese lapso he desandado con estas piernas y con mis sueños al hombro, la geografía de 8 países de esta América nuestra, incluyendo 2 islas. En desorden cronológico: Guayana, Curazao, Trinidad Tobago, Surinam, Brasil, Venezuela, Panamá y Costa Rica. Y créanme que tengo historias para contar y para llevar. Sin dramatismo: la travesía fue tan dura que algunas veces morirme no parecía mala opción. Pero aquí estoy. Lo que no te debilita te fortalece no es una frase que pueda aplicarme literalmente porque ocasiones hubo en las que debí fortalecerme sin saber como lo hacia, totalmente abatido y sin aliento siquiera para pensar en el siguiente día. Digno ejemplar de mi especie, tuve montones de períodos de flaqueza, per eso sí, siempre creí en la validez de aquel salto al vacio que di el 30 de octubre de 2006. Solo yo sé las que pasé y como las pasé ¡! Casi 3 años de dura escuela de la vida. No es lo mismo alimentar una imagen de boca para afuera que verse dentro del rollo. Ahora pienso que nadie sabe ciertamente quién es, cuales serian sus reacciones, cuales son sus más arraigados valores y hasta donde sería capaz de soportar con integridad la presión de un entorno peligroso y hostil hasta límites de extremo, mientras no haya pasado por situación semejante. Aunque suene poco humilde, creo conocerme mejor que hace 3 años atrás, y me reconforta saberme aquí, íntegro, indomable después de tan duras pruebas. Sé que otros también se la han visto fea y aún así, han sido capaces de superar los inconvenientes de turno con toda la hombría que ameritaba el momento. Para no ir muy lejos, en mi propia familia tuve mis paradigmas: mi primo Gilbe, en Miami desde hace unos 20 años, y viviendo una vida merecidamente tranquila, es un patrón cercano. Otros: mi tío Virgilio y su hermana Marlén. En mi caso, dejo el probable mérito, no solo por la calificación en estos duros exámenes de vida, sino además por haberme ayudado a moldear esas quimeras aún recurrentes, en manos de un par de viejos que desde siempre alimentaron con devoción infinita este cuerpo y espíritu: mis queridos padres. Voy de regreso al refranero popular; madre hay una sola, y tenia que tocarme a mí, a lo que agrego (de mi autoría): y padre también hay uno solo, y me lo gané yo ¡! Coño, hace casi 3 años que no veo a mis viejos del alma, pero parece que tanto sacrificio, tanto riesgo y tanto dolor, tendrán, por fin, su mejor recompensa: mañana 4 de Setiembre desembarcan mis padres en el Aeropuerto de Alajuela, aquí, en Costa Rica. Mañana es mi Día D ¡! Un sueño menos en el jolongo.

domingo, 30 de agosto de 2009



Escribiendo sin llamar al mundo para que lo vean pasar.

A Miguel Terry Valdespino.

A la carrera improviso un post en la noche tica del 30 de Agosto de 2009. Ya se que la fecha sale automáticamente sobre cada capítulo pero quiero sentirme reincidente, aunque a estas alturas de vida y locación geográfica, sea apenas para repetir la fecha. Son pasadas las 10:30 pm, no pensaba escribir hoy ni media palabra con nuevo título en este blog, pero empecé a calentar motores con los comentarios de los 2 últimos artículos, recién fallecidos, pero siempre vitales; ustedes me entienden, y yo también…¿¡y yo también!?...Con aquellas acotaciones comencé a calentar motores pero hasta ahora no encontraba razón de fuerza para escribir. Un venturoso mail de mi ex suegra Yasmín Sierra Montes, escritora y abuela de mi querida hija, me ha dado el motivo que esperaba para lanzarme sobre la página en blanco. Acabo de saber que un viejo conocido, el escritor cubano, de Caimito, Provincia Habana, Miguel Terry Valdespino, ganó 1ra Mención en el Premio Iberoamericano de Cuento Julio Cortázar 2009. Y créanme que me he alegrado con la noticia. Esa mención tiene sabor a Premio. Terry es de aquellos buenos hombres que, como diría nuestro Apóstol José Martí, jamás llaman al mundo para que lo vean pasar, y es sobre todo por eso que me alegro por él. Mi ex (suegra) ha tenido incluso la gentileza de enviarme el cuento de Terry, aún fresco sobre las páginas Microsoft Word y sin sabor a celulosa de imprenta, por los que ahora mismo si se me ocurre lo publico en primicia en el blog, pero no lo haré, por respeto a Miguel Terry Valdespino. Las lecciones del vampiro, lleva por título, y aquí les cuelgo al menos las palabras introductorias (el cuento tiene 17 exquisitas cuartillas)

Tú eres la culpable de este juego sangriento.

Pablo Neruda

Para Alberto Guerra, por sus amantes del segundo piso.

Una semana antes de que yo cumpliera los cuarenta y nueve, mi esposa armó sus maletas y se fue a vivir con un tío que decidió dejarle su casa en herencia. El viejo no viviría demasiado. La herencia vino a acelerar el fin de un matrimonio muerto. Clara se llevó la mayor parte de sus cosas y aseguró que muy pronto vendría por el resto. También me sugirió escribir a Hamburgo para contarle a Marcela, nuestra hija, que nos habíamos separado. En breve retornó con una camioneta para cargar “el resto de sus cosas”, entre las cuales no incluyó un poemario donde yo le había escrito un par de décadas antes: Estos veinte poemas de Neruda no alcanzan para decirte cuánto te amo. Contemplé la soledad de mis palabras. El tiempo puede hacer añicos la más sentida dedicatoria. Concluyó nuestro matrimonio de veintisiete años. Concluyó nuestra carrera de resistencia.

Ni siquiera se quién ganó el Premio. No sería difícil saberlo, bastaría con clickear un par de veces en la Red pero al menos hoy, yo no lo haré. Podría también colocar un par de enlaces desde aquí mismo, pero tampoco lo haré. Quiero darme la noticia con el aura de los viejos tiempos, saborear el suceso como si estuviera en Cuba y me llegara la confidencia desde un murmullo filtrado, una llamada prudentemente imprudente, un gesto pedestre pero triunfal. No es mucho lo que recuerdo de la obra de Terry: un par de cuentos de sus libros publicados por Editorial Unicornio, sus artículos culturales en el periódico El habanero, y sobre todo, una obra que a mi juicio marcó asiento en la dramaturgia cubana de los últimos 20 años: Los duros mueren como Humphrey Bogart. Saber que Miguel Terry Valdespino ganó esta 1ra Mención-Premio en el Julio Cortázar, me ha hecho recordar, quizá por empatía de conductas, los nombres de otros dos excelentes escritores, y amigos suyos, de Provincia Habana, que jamás han llamado al mundo para que los vean pasar, y no obstante, el Mundo lo está viendo pasar: José Antonio Martínez Coronel y Francisco García González. Felicidades, acaso mudas, a Miguel Terry Valdespino.

en la foto: Humphrey DeForest Bogart