domingo, 9 de agosto de 2009




Crónica del difunto

Muerto como nací hace ya 38 años, para contar mi cuento de ultratumba decidí hace una hora comenzar a remover el sarcófago para tumbar de la losa el catafalco fosilizado. Tuve suerte, lo logré, y empecinado como estoy en relatar la historia de mi larga muerte, empujé con tal fuerza de recuerdos la plancha pétrea – y empolvada – que limita el acceso a mi osamenta, que logré descorrerla unos centímetros, y aquí estoy, cómodamente prensada mi calavera desnuda y desdentada en la abertura resultante, tomando el aire puro de esta tarde plomiza del año no se cual, por el hueco craneal donde, supongo, al menos el día de mi nacimiento hubo una nariz; y miré usted que vitalidad ¡!: ¡ si hasta logro mover la mandíbula inferior!. … Octubre 22 de 1970, Hospital Leonor Pérez, en Marianao, o en Boyeros, o La Lisa, no sé, no puedo ubicarlo ahora con certeza porque estoy muerto hace un montón de años… Mi madre querida lleva un manantial de horas tratando de parirme, pero nada, no lo logra. El cansancio la tiene más muerta que viva: no sabe que estará, a partir de ese día, y ahora si literalmente, otras 2 semanas más muerta que viva y emulando con su hijo recién parido para ver quien muere primero. ¡14 horas en labores de parto y nada, mami sigue sin parirme! Mi padre se impacienta, ley de Arquímides mediante, ha estado todo ese tiempo junto a mi madre. La cesárea “se cae de la mata”, incluso un médico del equipo la sugiere pero el inepto que dirige el parto se niega a practicarla. Mi madre desfallece y le medicucho en jefe está cagándose en los pantalones pero es incapaz de tomar decisión alguna. Mi padre le increpa su conducta. El “tipo” no reacciona. PAUSA AQUÍ: a partir de este momento el medicucho no será ni eso, para mí y para mi padre ya es solo un tipo ahí… Se calienta el ambiente, la fiesta del Guatao en el salón de parto: mi viejo se abalanza sobre el tipo, lo golpea. Otro médico intenta sacar a mi padre del salón pero no lo logra, mi padre se bestializa y deciden dejarlo tranquilo. PAUSA 2: Meses después, por negligencias y conducta impropia, el tipo ahí sería inhabilitado para ejercer su profesión... Otro médico corre a buscar a alguien. Aparece un ginecólogo francés que imparte curso entre los docentes del hospital. El galo toma el mando. Ya no es posible la cesárea, tengo la futura calavera atorada en el canal de parto. Mi madre no reacciona, sus signos vitales se debilitan. Papi quiere matar al tipo ahí, lo ofende todo lo que puede pero el francés lo regaña y se controla. El francoparlante practica con sus manos arriesgadas maniobras de situación extrema. Logra sacarme pero no respiro, no hay signos vitales, estoy literalmente muerto. Ha sido extenuante la maniobra y se ha perdido mucho tiempo previo. Para complicar más el asunto, la asfixia es la causa del deceso, pensando que era cerveza me he tragado todo el líquido amniótico de mi madre. El galo otra vez a la carga, – en su homenaje el nombre de este difunto de 38 años – me oxigena e intenta descongestionar mis pulmones al mismo tiempo: algo logra; mi corazón late, se apaga, late, se apaga, late, late, late. De todas maneras estoy más muerto que vivo, y en el hospital no hay recursos para luchar por mi vida: no hay equipamiento especializado para este tipo de situaciones. Si me dejan ahí volveré a morir pero a quien le importa, nadie cuenta conmigo, solo mí padre, y yo. Intentar un traslado en ambulancia en situación tan crítica, es casi un crimen consciente, las ambulancias especializadas aún no existen, y para cerrar el dominó, no hay ambulancia disponible en ese momento. Mi padre asume la responsabilidad: decide sacarme de allí. El único que lo apoya, sin responsabilizarse, es el médico francés. Otra vez la Ley de Arquímides, mi viejo corre al teléfono: El director de CIMEQ (Centro Investig. Méd- Quirúrg.) es amigo suyo. El hombre – años después moriría apuñaleado por su propio hijo esquizofrénico – devolvió la llamada al instante: ya va en camino una ambulancia para recoger a tu hijo, los estarán esperando en el Hospital William Soler. Me colocan en una camilla. El galeno francés que trata a toda costa de mantenerme con vida y mi Padre con un pequeño balón de oxigeno bajo un brazo, corren hacia la puerta del elevador; una enfermera aprieta el botón para mantener la puerta abierta. Todos los presentes y paseantes vestidos de blanco reprochan a viva voz la conducta de mi padre. Nadie ofrece ayuda, solo el médico francés y la enfermera en el elevador se movilizan. Ya en la ambulancia el médico –se sabe que es el francés, los demás son unos inútiles– una vez más acude a toda su experiencia y ejecuta enmarañadas maniobras con mi cuerpo, la enfermera lo ayuda en lo que puede. Medio muerto como estaba, creo recordar que la enfermera estaba buena. Mi padre con el balón de oxígeno sobre las piernas le grita al chofer de la ambulancia por la ventanilla que los separa del conductor: métele la pata a esto coj… Hospital William Soler. La enfermera sale corriendo de la ambulancia, procedimiento a la inversa con el elevador y sale el médico normando a toda carrera con el jodedor en brazos, mi padre a su lado con el balón de oxígeno. Late, late, late.... Al mes del alumbramiento llega el turno a la terapia sicológica con mis padres: Mamá y Papá, recuerden que el niño nació sin signos vitales – muerto, cadáver extinto – y que estuvo mucho tiempo sin oxígeno en el cerebro antes de la reanimación por lo que hay un alto porciento de probabilidades de que aparezcan síntomas de retraso durante su aprendizaje y problemas cardiovasculares y respiratorios durante su crecimiento. Deben extremar los cuidados con él y bla bla bla…Si no fue textualmente así, se parece bastante. Más piedras que este cubano no tiró nadie en su barrio desde el 1er año de vida, nadie corrió con tantas ganas como lo hice yo, he amado y sufrido como el que más, los hospitales los conozco por referencia y aunque quedaron un par de tuercas flojas en este cerebro, con lo que tengo me alcanza para seguir deconstruyendo el mundo… A los 5 años del susto por aquella tremenda borrachera que cogí en mi día inaugural, mi madre acude a consulta de fertilidad en el Hospital Leonor Pérez. La doctora lee su expediente y le dice: usted no tiene problemas de infertilidad, aquí dice que usted parió hace 5 años, pero el niño murió en el parto... No doctora, mi hijo no murió, está vivo, tiene 5 años y es un niño tan saludable como cualquier otro... ¡Pero como, si aquí dice..cuénteme!... Aunque consta en archivos que mami entró a consulta a las 8:00 am, deduzco que fue la primera y única paciente de la doctora ese día... Juro que de mi viaje a la otra orilla no guardo memoria alguna, ni falta que hace. Al parecer la fetidez del reparto y la fealdad de los rostros que vi al asomarme me dieron mala espina y decidí que aún no era tiempo de formar parte de la mayoría…No obstante en el Hospital Leonor Pérez de la capital cubana aparezco como fallecido. Por tanto, esta es la crónica veraz de un difunto que recompuso el tiempo, caminó, creció, se hizo hombre, y sobre todas las cosas se agarró con fuerza a un corazón que todavía late, late, late…

Post data: en la foto puede observarse claramente la posición casi fetal que ha adquirido el cadáver a los 30 y pico de años de su enterramiento en la superficie y el alto grado de conservación de los restos...

jueves, 6 de agosto de 2009



5 de agosto de 1994. Estreno Mundial de foto y cronología inédita de mi Maleconazo.

Como buen cubano que soy, suelo pasearme por los extremos sin lograr ubicarme jamás en el justo medio. Ahora mismo del Astro Rey tolero apenas su eternamente insultado rostro en los amaneceres o en el crepúsculo montañoso de Costa Rica, y en alguna que otra sobria imagen cinematográfica. Debo aclarar a la concurrencia que esto no es moda snob de caribeño en la diáspora; al menos 7 u 8 años antes de salir de la isla (2006) lucía yo la categoría de “personaje” entre los parroquianos del barrio, no por mi aún hoy dudoso virtuosismo artístico, sino por las peculiaridades de mi estrafalario atuendo: camisa de mangas largas y sombrero estilo pachanga desde las 7 de la mañana hasta las 7 de la noche aún bajo 40 grados de temperatura y humedad de espanto en pleno Julio y Agosto. Quienes me conocen de aquella cosecha no me dejarán mentir. Pero el 5 de Agosto de 1994 todavía discurría yo por el extremo opuesto. Por aquel entonces difícilmente un mosquito isleño penetraba este carapacho curtido por sucesivas insolaciones. En playa “El Mégano”, al este de la capital cubana, bronceaba yo la borrachera dormido desde temprano sobre la arena, junto a la tienda de campaña, tratando acaso de rescatar este cuerpo flaco de la orgia nocturna que asaltó la madrugada hasta el amanecer. Rigurosamente enajenado del Universo conocido y por conocer, desperté la merluza al mediodía con una resaca de 3 pares y un hambre de 4. A falta de pan y de casabe, otra tanda de ron para llenar las tripas. A las 6:30 de la tarde de aquel memorable 5 de Agosto para la historia patria, no reparaba aún en el cívico acontecimiento pero si en el extraño olor a pescado tieso que desprendían mis genitales. El agravio a mi alcoholizado resuello se resolvió con un chapuzón vísperas de arrogante crepúsculo. La pandilla en pleno siguió mis pasos y acto seguido nos tomamos la histórica foto que revelo aquí. A las 9 de la noche mientras buscaba la 99.5 de Miami para recomenzar el zafarrancho con el acompañamiento de Nirvana, Sound Garden y cuanta banda de rock alternativo se embullara a meterse en el dial del radio Selena que había llevado uno de los socios de a bordo, tropecé con la noticia del Maleconazo en Radio Rebelde. Claro está, no era el pueblo harto de restricciones de espasmo, miseria generalizada y represión – con cuarteles – quien gritaba en las calles, sino una turba de delincuentes comunes alentados y previamente manipulados por el Imperialismo yanqui, SINA mediante. El hambre vieja y la tremenda curda no me dejaban pensar con nitidez en ese momento, y asumí que tal vez serían Dalí o Bretón los encargados de aclararme aquello: ¡puro surrealismo tropical sin manifiesto previo! Moví el dial apenas una pendejésima hacia la derecha, y Man in the box de Alice in Chains me reconectó con el Paraíso.

Post data I: 3 días después del Maleconazo recuperé la lucidez. Para ese entonces el líder supremo de la claque del centenario se empeñaba en remarcar ante las cámaras y micrófonos que tanto placer siente al acaparar, que la gentuza que protagonizó el incidente debió trasladar las piedras hasta el lugar de los hechos desde algún otro lugar,pues según él, ¡en Centro Habana normalmente no se ve una sola piedra en 40 cuadras a la redonda!. Semiderruidos como están desde hace 50 años, cada edificio de Centro Habana era desde aquel entonces una clásica cantera urbana. Me consta que según sello de fabricación, al menos el ladrillazo q merecidamente la partió la cara a un guarapito en San Rafael fue colocado durante El Machadato en la fachada de un edificio de Galiano esquina a Neptuno, ¡en pleno corazón de Centro Habana!

Post data II: Ninguno de los hombres presentes en la foto permanece en suelo patrio. El socio que ven a la extrema derecha (Roger) vive desde hace 9 años en Martinica, territorio de ultramar de Francia. El socio que está junto a Roger (Miguel) vive desde hace 6 años en Berlín, Alemania. El socio que se ve agachado al centro (Cristóbal) vive desde hace 11 años en los EE.UU (le perdí el rastro hace algún tiempo, no se en que Estado vivirá). El flaco arrodillado con los brazos abiertos salió de Cuba hace 3 años, ese soy yo. Las muchachas fueron compañía eventual y las causantes del penetrante olor a pescado tieso en mis genitales… No tengo ni la más remota idea de que ha sido de las vidas de ellas, justo desde el 3er día después del Maleconazo cuando dejaron la tienda de campaña.

Post data IV: Es evidente que el Régimen Dictatorial cubano sigue dando la cara porque la muerte por eutanasia aún no se ha aprobado en Cuba.

Post data V: este post debió salir al aire ayer, pero así como según Cesar Vallejo: Hay golpes en la vida, tan fuertes…Yo no sé!, …así también hay días en la vida en los que Internet se pone difícil, y obliga a posponer las intenciones de navegar en tierra firme... yo no sé…por qué?

Post data VI: No es que falte el post data III, sucede que me dio la gana de no colocarlo, por el aquello de alterar el orden y seguir siendo subversivo hasta el último aliento.

domingo, 2 de agosto de 2009



Breve reseña de contabilidad histórica.

En Cuba el itinerario escolar es por norma una sucesión monótona de escuelas según evoluciona nuestro nivel académico. Desde el Pre-escolar hasta la Universidad, como promedio no se rebasan los 3 o 4 centros estudiantiles, y una unidad militar para los que abultamos la portañuela, muchas veces sin calzoncillo como es mi caso... Una escuela para tirar piedras e intentar mirarle los blúmeres a las muchachitas con un espejo pequeño colocado sobre el empeine del zapato durante toda la Educación Primaria, otra para acelerar el corazón por primera vez con el ligero roce de una mirada femenina y ensayar con la almohada el beso que le daremos a la naciente amada – justo a las 5 de la tarde al salir de la Secundaria – mientras tomamos su mano montaraz para romper el cordelito que nuestra Dulcinea lleva atado a su muñeca derecha y que nos pertenece como legítimos dueños de su corazoncito tierno; una tercera escuela para creernos los hombres y mujeres que aún no somos durante el Preuniversitario, y una facultad específica en alguna Universidad isleña para consolidar el desenfreno sexual y en ocasiones nuestro pensamiento, aunque difícilmente nuestra conducta. En mi caso no fue tan breve la cifra: 4 escuelas me vieron desfilar durante mis años de estudiante en la Educación Primaria, otras 3 conocieron la silueta quijotesca de un servidor durante mis años de estudios secundarios; pizarrones de 3 Preuniversitarios desfilaron por estos ojos que algún día se llenarán de tierra y para no perder el paso en el tramo final, 4 Unidades militares durante mi Servicio Militar Obligatorio y 2 facultades de la Universidad de La Habana cerraron la cuenta. La suma resultante nos da un gran total de 16 pasillos diferentes por los que unas veces a placer y otras renegando, se gastaron las suelas de tantísimos pares de zapatos y botas que usé durante todos esos años... Para mantener un perfil leal a mi categoría de nómada y a mi abultada nomenclatura, cuando abandoné Cuba en el 2006, pensé llegar en 15 días a los EE.UU en vuelo directo desde Surinam; pero han pasado 3 años desde la fecha, estoy en Costa Rica coleccionando grillos y sumo al balance del trayecto otros 7 países por los que debí pasar atravesando cielo, mar y tierra antes de llegar a la ribera que hoy me ampara. Así las cosas, cada vez que deba ejecutar alguna empresa que de ordinario requiera constreñirse al dígito 1, será necesario que sume varias veces el numerito para adecuarlo a mi entorno vital: si voy al baño es probable que en algún momento no me alcance con un solo rollo de papel higiénico, por lo que debo entrar allí cada día con varios; si voy a viajar debo conseguir 4 boletos, todos a mi nombre, para el mismo vuelo, o el mismo autobús, pues son altas las probabilidades de que pierda 3 antes de la partida. Si voy a Mc Donald´s para tomarle bien el gusto a la chatarra pido hamburguesas hasta para los empleados (y después salgo corriendo porque quien paga todo eso?!) Si voy a enamorarme de una mujer, mejor me enamoro de 4 al mismo tiempo y si debo morirme alguna vez, ojalá pueda pasarme la eternidad tramitando el asunto…

jueves, 30 de julio de 2009



Construyendo Deconstruyendo…

El Convento de Mafra, en la ciudad homónima de Portugal, fue inaugurado el día de mi cumpleaños 240 años antes de mi nacimiento, por lo que a nadie – por el aquello de matar 2 pájaros de un tiro – se le ocurrió invitarme a la celebración. Tomando en cuenta la época del suceso, 13 años de construcción parece un tiempo breve. Este blog lleva por nombre el título de mi segundo libro de poesía: Deconstruyendo mi herencia, aún en preparación y al paso que voy, no es mucho el tiempo que me falta para superar el record del Convento de Mafra. Quizá para un Convento dieciochesco, y por añadidura, de las magnitudes de aquel, 13 años de brega constructiva se cuenten como pestañazo. Pero un lustro de agonía poética para un Don Polvo de Estrellas como yo, es una cifra tal vez considerable. 5 años llevo pasándole la mano o los pies por encima al cuaderno, según el día. Tampoco me apura demasiado publicar. Mi primer libro demoró unos 7 años para respirar sobre celulosa, fueron apenas 30 poemas y justo el día antes de entregarlo – después de haberlo estructurado durante semanas, celosamente y con la ayuda del editor – me atacó un nuevo germen de incertidumbre: revolví todos los textos sobre la mesa, encuadré las páginas del nuevo desorden, y ahí está el libro desde el 2001. Este segundo poemario va por 20 poemas: 4 poemas por año, si no es un record es un tremendo average, más lento que eso, quizá una jicotea caminando. Pueden creerlo o no, pero también estoy escribiendo una novela, comencé hace 4 o 5 meses y no rebaso las 15 cuartillas. Para ser fiel a mi estilo pienso publicarla póstumamente. Mientras tanto, Deconstruyendo mi herencia sigue con los andamios puestos; aún con las puertas y las ventanas sin desconchar los marcos, y aún cuando el edificio sigue con su flemático movimiento deconstructivo, ya coloqué la talanquera del fondo, y es esta:

Me alejo/ pero es de mí.