jueves, 14 de mayo de 2009





Escultórico

¿Donde perdiste, Policleto

el temor a la muerte?

¿En tu remota costumbre de esculpir lo bello?

¿En el Doríforo?

¿Cómo te sientes al verlo

todavía terso el músculo

burlarse de la gloría

sin retirar el agudo bronce de su hombro?

Tú lo pensaste inmortal desde el comienzo

y le borraste los ojos

por no herir la levedad

de quienes nada dejaron en este par de milenios.

¿A quien le cedes entonces la posibilidad de quedar en los demás

si solo Fidias y Mirón se atrevieron contigo?

A nadie,

ni siquiera a quien puede reconocerte allí

donde lo bello permanece.



Cretense

Ajeno al poder de la fantasía,

al poco de leyenda que merece la historia,

alguien ha dicho, Teseo

que representas un falso testimonio del pasado.

Ha querido al desacreditar tu nombre

con el estigma del mérito apenas literario,

destruir el valor mitológico del héroe.

Ese pobre mortal nunca verá en el salto de una mujer

un pájaro volando.

No tendrá elementos para comprender

como Ariadna logró al entregar aquel hilo

salvar al hombre de la vida estéril.

La intolerancia,

lentamente,

apagará el jadeo del Minotauro que habita

su propio laberinto.


De mi libro Pasajero del Invierno. Editorial Unicornio. La Habana. Cuba. 2001

domingo, 10 de mayo de 2009


Querida Madre

Lo que soy y seré te lo debo a ti, Madre querida, y a mi querido Padre. Si estoy aquí, si no me han aplastado las circunstancias ni la fetidez logró contaminarme, ha sido porque tú no me has faltado nunca Madre querida, aunque tu ausencia temporal comprima este pecho y parta la humedad que provoca la distancia, estas mejillas a veces temblorosas. Si no he flaqueado Madre no es por mí. Si mi dolor te hiere, me hiere a mí. Si alguien te agrede me ofendo yo. Si algo te alegra Madre, también sonrío yo. Si me faltaras faltaría yo. Tan lejos de ti, donde tú vayas allí estaré yo.

lunes, 4 de mayo de 2009


Carpe Diem

Que no se pierda la vida, al otro lado no hay más que incertidumbre y piélagos deshabitados. Al menos donde yo iré nadie me estará esperando, el camino siempre será el mismo abajo y arriba y este montón de huesos ahora recubierto de acontecimientos, dará paso a otro montón de huesos brevemente recubierto de incienso y tierra. La eternidad llegará en esa nube de polvo que recubre los caminos, las piedras y el rostro de los caminantes. Tu soledad sin embargo me estará esperando allí donde yo iré, pero no serás tú quien le acompañe sino tu ausencia, y tampoco seré yo quien llegará a su encuentro sino el quejido amargo que desde ahora exhalo porque bien sé que el camino siempre será el mismo – preñado de polvo – abajo y arriba y ese Dios volteriano es apenas una excusa, un invento cobarde para tratar de sepultar nuestro temor de ancestro a lo perecedero. Carpe Diem, no hay más atributos contra la penitencia y los amagos en círculo, no hay mejor recompensa que estar vivo ni temor más severo que la muerte. Puedo no saber quien soy pero defiendo mi existencia febrilmente para que llegue a ser quizá entre risible y heroica la antesala de lo eterno y no se pierda la vida en simulacros estériles. Para evadir mí destino en la insultante aridez del polvo que recubre los caminos, las piedras y el rostro de los caminantes; corales brotando de mi pecho ya vacio derramándose en el arrecife y algas sobre mi pétreo cuerpo será todo cuanto podré legar a los días futuros. Será entonces suficiente recompensa lamer las caderas de una mujer compacta con el mismo mar que lamerá mi abandono. Que no se pierda la vida, al otro lado nadie seguirá con los ojos el estallido cromático de los otoños y las primaveras, nadie eyaculará ni verá en un pretil la elegante figura del gato sedente. Donde yo iré nadie me estará esperando pero el viaje no comienza aún; es todavía mi rostro de caminante el que se recubre del polvo milenario, todavía soy yo quien disfruta su mejor recompensa, acaricia en retina los otoños, las primaveras, la lluvia, el invierno, eyacula, repara en la elegante figura del gato sedente sobre el pretil y se pregunta si alguien, en algún lugar, espera por mí.

jueves, 30 de abril de 2009

Cuando se raja la luz en los espejos

Marcharse,

es buscar la manera de no enterrar el adiós,

cuando se raje la luz en los espejos del alma.

Partir, es dilatar la mirada aunque la gota parta la mejilla,

pero marcharse,

es colocar en tu lugar la ausencia,

dejar el acto a oscuras ejecutando el final,

para llevarnos el tiempo no visto entre los dedos,

y creer que podemos volver, de donde no podremos.

De mi libro Pasajero del Invierno. Editorial Unicornio. La Habana.Cuba.2001

1ra Edición Premio Aldea Poética. Editorial Opera Prima.Madrid.España.1997.

domingo, 26 de abril de 2009


No violaré la triste soledad de las costas abruptas y sin sol…

Voy a confiar en ti porque no encuentro razones para hacerlo y quiero jugármela en el intento. Haré lo que no deba. Me quedaré sentado cuando correr sea la sugerencia. Besaré con la mejilla, respiraré solo por la nariz. Consultaré el horóscopo. Trocaré cerveza por agua mineral, carne por vegetales, lujuria por apatía. No haré el amor, no veré pornografía. Seré metódico: comeré a horas fijas, colocaré la ropa en su lugar, escribiré continuamente pero iré temprano a la cama. Dormiré más. Soñaré menos. Respetaré señales de no adelantamiento en carretera, mantendré la calma. No mearé los bordes de la tasa, no me relajaré con la sinfonía del chorro ni eliminaré imperceptibles máculas con el orine. Seré discreto al escupir en la vía pública. No acomodaré mis genitales en el jean ante aglomeraciones urbanas. Seré feliz, al menos lo intentaré. Creeré en Dios y rezaré. Iré a velorios y a misa, contemplaré los rostros de la muerte cristal mediante y dormiré un tempranero sermón en bancos de Catedrales. Haré lo posible por caer mal de gratis: en algunos casos no será gran cosa lo que deba hacer y en otros no habrá desgaste alguno. Lloraré solo en buses abarrotados. Seré ingrato. Olvidaré a quienes no debería. Tomaré domingos libres. Daré frecuentes paseos familiares. Seré fiel. Me avergonzaré por venir de donde vengo y haré hasta lo imposible para disimular procedencia. De vez en cuando vestiré de frac. Hablaré con afectación, adoptaré poses e intentaré pasar entre los intelectuales. Beberé de la cicuta. Dejaré de maldecir. Me haré el interesante. Colocaré un tablero de ajedrez en algún rincón de la sala. Consultaré con la almohada y esperaré su respuesta. Me afeitaré diariamente, me pelaré las cuatro greñas sin esperar la recomendación. Diré lo que se quiera escuchar: mentiré más. No volveré a Mc Donald´s. Aumentaré mi dosis de frutas al desayuno. Patearé a los perros en las calles pero tendré un perfil ecológico, amigable con el medio ambiente, risueño, digerible, amistoso, sociable y recomendable. Daré un giro a la izquierda, iré a huelgas aunque sea para estirar las piernas. Leeré más y leeré menos. Consumiré enormes cantidades de refrescos de café, té de manzanilla. No violaré la triste soledad de las costas abruptas y sin sol y de las aguas grises (1), seré un clásico bañista de playas tropicales o tropicalizadas, me tostaré al sol. Jamás volveré a correr descalzo sobre la hierba. Aprenderé de marchas y revoluciones...en motores de combustión interna. Practicaré deportes al aire libre, sin reparar en el ocaso. Me tornaré predecible, rígido, conservador. Me aferraré al matrimonio sin amor y sin divorcio. Recomendaré mala literatura. Respetaré a los palabreros con ínfulas de poeta, caterva de libros y premios mediante. No seguiré la tabla de posiciones de Major League Baseball, del Tour de Francia ni de la Champions; intentaré con el golf. Gélida la mirada, me mostraré indiferente cuando sienta alegría. Seré cauteloso, la carreta siempre detrás de los bueyes, la casa lejos de la ventana. Recortaré el tiempo y la intensidad del abrazo. Imitaré otras voces, anularé la mía. Aceptaré el indulto. Seré cualquier cosa menos la cosa que soy, renunciaré a mi abismo y encenderé una luz para salvar la caída.

(1) Ezra Pound (Doria)