viernes, 13 de marzo de 2009

Hasta hoy..

Hasta hoy: ¿He logrado acariciar la textura de mis sueños, de alguno al menos? ¿Maldije, renegué, para luego arrepentirme? ¿Mantuve los labios cerrados cuando hablar fue necesario? ¿Hablé lo que no debí? ¿He sido infiel? ¿He sido fiel? ¿Cuántas veces logré golpear yo el primero con el puño cerrado? ¿Cuántas veces no logré golpear con el madero, lanzar la piedra? ¿Podré decir que he sido más valiente que cobarde, más temerario que prudente? ¿A quien le importaría? ¿Cuantas veces, hasta hoy, hice el amor en esta vida? ¿Habrá otra vida? ¿La sobrevida? ¿Podré hacer allí el amor? ¿Alguna mujer me amó? ¿Amé? ¿Alguien esperó por mí? ¿Alguien me espera? ¿Espero por alguien o algo espero antes que el rictus se me vuelva un gesto grotescamente pálido, grave? ¿Busqué a quien debí? ¿Le encontré? ¿Seguiré buscándole? ¿Merecí las carencias que me apocan y lo que tengo? ¿He sido humilde? ¿Me dominó la ira en el porciento? ¿Sufrí en exceso? ¿Fui paciente? ¿Reí de más? ¿Perdí calvas ocasiones? ¿Dudé más de lo que de mí dudaron? ¿Estuvo mi lugar entre los justos? ¿Ofendí a quien no debí? ¿Devolví la mirada en el instante preciso? ¿Me insultaron injustamente? ¿Di todo lo que pude? ¿Prevaleció el egoísmo? ¿Quedé como el amigo entrañable? ¿He sido feliz? ¿Me dominó la tristeza? ¿Necesité sentir que viviré para contar historias a mis nietos? ¿Existió Dios? ¿Abracé sin ser correspondido? ¿Devolví a tiempo la sonrisa? ¿Les di a mis padres el hijo que esperaban? ¿Luché hasta donde pude o hasta donde quise? ¿Marqué mi número en el galpón de los deshonestos? ¿Llegué a creer que volveré? ¿Otra vez noctámbulo? ¿Hice el ridículo? ¿Perdoné? ¿Confundí camino por vereda? ¿Lloré poco? ¿Lastimé? ¿Vestí jeans cuando no debí? ¿Por rebelde o por irreverente? ¿Logré tapar el Sol con un dedo? ¿Seguí los buenos consejos? ¿Sirvieron para algo? ¿Pasé inadvertido? ¿Se habló mal de mí a mis espaldas? ¿Logré ser original o pedante? ¿Algunas veces original, otras pedante? ¿Defendí siempre mi primer pensamiento? ¿Mantuve inalterable el rumbo? ¿Admiré? ¿Sentí envidia? ¿Serví de mascarón de proa? ¿Decoré la popa? ¿Me marché a tiempo? ¿Regresé tarde? ¿Resulté incómodo? ¿Frecuenté sitios que no debí? ¿Llegué sin ser invitado? ¿Actué a la ligera? ¿Fui ingenuo? ¿Sobreactué? ¿Sangré por la herida ajena? ¿Quién me abatió? ¿Quién en mi creyó? ¿Quién soy yo? Estoy tratando de averiguarlo.(1)

(1) . Jorge Luis Borges.



lunes, 9 de marzo de 2009

2da Muestra de Arte Erótico. San José.Costa Rica.

El pasado 26 de febrero, en San José de Costa Rica, Galería Medrano abrió las puertas de su 2da Muestra de Arte Erótico. La intención era clara: constatar y disfrutar desde la obra plástica el mosaico creativo que en torno al erotismo generaron 27 almas, algunas de artistas, radicadas en suelo tico. La intención era clara, loable. El resultado: un montón de cuadros decorando o decolorando paredes, según el caso. Lo mismo que en cualquier otra manifestación artística – aún cuando el objeto final no sea establecer vencedores ni vencidos – si se quiere convocar a un evento donde prevalezca el rigor sobre la nomenclatura, el filtro y la ley del embudo no pueden faltar en el libreto. Si descontamos 5 o 6 dignas singularidades (Mariano Prado, Manyu Fung, Virgilio Jordi, Juan C.Portilla, Greivin Ureña, Alejandro Herrera, Carlos Salazar..) Galería Medrano no ofreció mucho más que poder de convocatoria, y mucho público en el día inaugural de la Muestra, algo que no deja de ser meritorio. Pero no es bueno privilegiar record de convocatoria y tumulto snob en detrimento de la genuina sensibilidad y espiritualidad humanas, pues no es la exuberancia de gentilicios ni patronímicos no que nos lleva al estremecimiento.

El realismo sensual – sin llegar a hiper – de los cuerpos femeninos de Manyu Fung, encuadernados en ambientes ocres, nos demuestran que cuando el arte prevalece, la fiesta cromática es lo de menos.

Más allá del disfrute ante la sobriedad del trazo y la elegancia con que degenera y reanima los tonos, la estilizada figura equina de la obra presentada por Virgilio Jordi nos enseña que el erotismo y la sexualidad humanas también están presente en las sugerencias que nos transmiten cuerpos no precisamente humanos.

Mariano Prado y su entorno surreal , sin parecer repetitivo, nos hace pensar en Salvador Dalí.

Greivin Ureña deconstruye bien la tradicional imagen del erotismo femenino con cuerpos amorfos, avejentados o de rictus homo que rozan en lo grotesco con peculiar originalidad.

Alejandro Herrera nos lleva hasta la sonrisa con el ambiente lúdico, el desparpajo y la desnudez de sus ranas metamorfoseadas. De aquí en lo adelante, excepto 2 o 3 nombres más; simple suceso, abultamiento del Catálogo de exposiciones de Galería Medrano, esbozo colectivo del cuerpo humano desde la perspectiva de estudiantes de Colegio y Bachillerato.

No son pocas las precauciones a tomar en el intento de llevar el erotismo al arte, por tanto, no está de más recordar que la pornografía nada tiene que ver con el asunto, pero aún así, muchas veces por desconocimiento, inmadurez, falta de sensibilidad, o necesidad de “tapar un hueco” a costa de lo que sea, se abren las puertas y ofrecen espacios a imágenes que mejor ambientarían las tapias y cornisas de un burdel barato. Galería Medrano también debería tomar en cuenta esta sugerencia.

La 2da Muestra de Arte Erótico adoleció de alternativas enriquecedoras. Desconozco si la convocatoria era solo para pintores, pero la escultura, la instalación y el Performance son “géneros” creativos que se incluyen dentro de las artes plásticas, y que tradicionalmente mucho aportan a este tipo de acontecimiento.

Esperemos tiempos mejores para la 3ra Muestra de Arte Erótico de Galería Medrano. Esperemos que en su tercer intento desherede el mimetismo generalizado y se convierta en un punto de ruptura, en un Movimiento que revierta la inercia gremial e indique la auténtica ruta a seguir y un sitio donde puedan congregarse cada año con mejor presencia las propuestas, para anunciar al quórum que aquí están los cultores locales de la plástica, no importa cual sea su procedencia, nutriendo con su color de región la acuarela global, integrados a la única evidencia humana que al trascender nos dignifica, la única que seguirá por siempre intimidando al Tiempo: la del Arte verdadero.







jueves, 5 de marzo de 2009

Érase una vez en América..Latina

La creciente violencia e inseguridad ciudadana es tema que ayuda al desarrollo del objeto social no solo de sus más o menos auténticos promotores – podría decirse culturales – , sino que deja también su generosa contribución solo como ayuda al desarrollo del objeto social ¡!¿? – , en los medios de comunicación y las instituciones. ¿Quién ha visto en el mundo libre un noticiero raigalmente verídico sin un charco de sangre a mitad de transmisión?¿Quien ha encontrado la gallina de los huevos de oro y no ha salido corriendo con ella bajo el brazo?

Estudios serios y no tanto sobre el tema, de afiliados a la izquierda, a la derecha, y a los ganchos al estómago con puño cerrado y manopla de hierro, proliferan a los cuatro vientos las cuatro estaciones del año en los cuatro puntos cardinales. América Latina, para no quedarse atrás y estar a tono con la ventisca, reporta no solo apasionantes índices de violencia e inseguridad social, sino espectaculares modus operandi de sus bandas de cacos y novedosos estilos de arrebato, robo, ejecución y sicariato, que ya quisieran vislumbrar en sus mejores sueños los guionistas de Hollywood.

Desde magos aztecas que desaparecen cuerpos humanos en estanques o cisternas de ácido sulfúrico con encomiable denuedo, hasta orfebres que incrustan esculturales huesecillos de especie homo sapiens sapiens en su exquisita metalería, alla por Cali, Colombia, con el noble propósito de acrecentar el valor artístico de su trabajo, y de paso, evitar implicaciones con la moto-sierra, pasando también la escoba por los básicos y nunca retraidos malandros, chapulines, pintas, mareros, y un largo etcétera; adornan repulsiva y temerariamente el paisaje, el pavimento y las venas abiertas del impersonal Sub Continente, y sus vapuleados habitantes.

En Costa Rica tanto la prensa escrita como los noticieros televisivos han descubierto el filón de oro que brilla en la recreación novelada de los frecuentes sucesos delictivos, y los ya diarios asesinatos, porque en Costa Rica, la Suiza de América, oasis económico regional y aún privilegiada nación por carecer de ejército, ostentar clima y geografía de ensueños, entusiasmo democrático y niveles de desarrollo social atípicos para el área; decir emporio de paz ya no es parte del menú cotidiano. La creciente violencia y consecuente inseguridad ciudadana, aunque lejos aún de los dramáticos niveles centroamericanos, acercan cada vez más las fronteras delictivas. En Costa Rica ya no se siente la tranquilidad de antaño, y lo peor es que el País funciona con leyes de antaño. En Costa Rica matar mostrando total desprecio por la vida humana no se castiga con la muerte del asesino. Y sin embargo en Costa Rica, según encuestas recientes, más del 50 % de la población está a favor de la pena de muerte, y un porciento similar a favor de los linchamientos. ¿ Que sucede en Costa Rica, la Democracia más sólida de América Latina, que las leyes no responden al clamor ciudadano? Debemos cuidar de la libertad democrática ejerciéndola, y cuando el pueblo ejerce, por derecho, su opinión soberana, nada ni nadie puede obstaculizar el cumplimiento del clamor colectivo. Las instituciones jurídicas, judiciales, o de cualquier tipo, en un país democrático como Costa Rica, funcionan para facilitar el cumplimiento de los legítimos reclamos de su pueblo, no para desvirtuarlos, ni obstaculizarlos.

En Costa Rica el temor es parte de la vida pública y el show mediático también, aunque es sabido que llega con patente de corso internacional: ..Que si la bala entró por el ojo derecho..Que si el proyectil impactó en la nuca y dejó un rastro de pólvora y destrucción en las circunvoluciones hasta llegar al parietal izquierdo y salir partiendo el hueso craneal por un orificio…Que si el hombre corrió media cuadra con el puñal sembrado en el pecho hasta caer muerto en medio de la calle a dos metros de su casa... Que ya es entrada la madrugada y mañana tengo que levantarme bien temprano, con la idea de regresar acá en un par de días, pero si no vuelvo, ya les adelanté la crónica del acontecimiento.



sábado, 28 de febrero de 2009

Chiquita.

Una novela es un espejo que paseamos a lo largo de un camino, definiría alguna vez Stendhal, seudónimo de lujo de Henri Beyle (1783–1842), uno más entre los escritores franceses de peso pesado, interrogado sobre una de sus obras cumbre : El rojo y el negro (1830). La tensión – in crescendo – que genera el enfrentamiento psicológico entre el joven Julien Sorel y la señora de Renal, dejaría profunda huella en la literatura posterior. Y no conforme con tanta grandeza, Stendhal colocaría también, como botón de muestra y sentencia para los siglos futuros, la pincelada de tan soberbia frase : una novela es un espejo que paseamos a lo largo de un camino. No importa el siglo o planeta en que se escriba, eso es una novela.

Antonio Orlando Rodríguez, periodista y escritor cubano radicado en los Estados Unidos, sorprendió a la concurrencia con la publicación – nada menos que como Premio Alfaguara 2008 ¡! –, de su novela Chiquita. Conocido en la cofradía y en la junta de lectores como autor itinerante tanto por sus desplazamientos geográficos como por sus desplazamientos en la estatura de los consumidores, (Cuentos de cuando La Habana era chiquita, Concierto para escalera y orquesta(Lit. para niños y jóvenes), Aprendices de brujos (Novela para adultos)…), luego de varios años de investigaciones y apuntes logró concretar Chiquita en un cuerpo trabado, y decidió, sin nada que perder, lanzarse al vacio en la convocatoria del Alfaguara, para aterrizar con gravedad cero y sobre colchón de plumas.

Conocedor o no de la frase de Stendhal, Antonio Orlando Rodríguez agarró el espejo por el marco y sin complejo alguno lo sacó a pasear. La segunda mitad del siglo XIX cubano y los albores de la República desde el reflejo que dejaba en su bahía la Ciudad de Matanzas, Chiquita y su entorno familiar, la Feria Panamericana de Buffalo en 1901, el mundillo de los vaudeville y los primeros treinta años del siglo XX en Nueva York, la Babel de acero y concreto, desfilaron como resplandores de fogonazo por el bruñido espejo. Sin un lenguaje de arrobo ni oscilaciones de intensidad que fueran marcando cotas de mucho climax, Chiquita se deja leer sin ejercicio de obligación. Pero cuidado, que donde autor y jurado dicen ver una simbiosis entre realidad y ficción, se puede detectar y sin esfuerzo quirúrgico – algún que otro pasaje sacado a flote por los pelos.. o por las greñas de Espiridiona Cenda chorreando agua sobre el lomo de Cuco, su Manjuarí devenido rescatista en el rio Sena.

Un jurado presidido por el nicaragüense Sergio Ramírez, quien 10 años antes había ganado la primera edición del Premio compartiendo recompensa con el también cubano e hijo de gato y por extensión, cazador de ratones, Eliseo Alberto Diego, vio más méritos en el manuscrito del cubano Antonio Orlando Rodríguez que en los restantes 510. No es que vamos a confiar en el fallo de un jurado con la obediencia medieval que se debía a los Concilios de Letrán, pero se siente compensado uno al ver, una vez más, la obra de un cubano acaparando el ámbito literario de Hispanoamérica y los cintillos de las páginas y noticieros culturales. Más no pasemos por alto que no es este un oficio de, ni para multitudes escribo para las grandes minorías, diría alguna vez Juan Ramón Jiménez y que no hay premio alguno que defina quien dará la zancada sobre el tiempo y quien perderá el paso con la zancadilla de las estaciones.

Mira si yo te querré , Chiquita, que de mi título al tuyo este honor literario extenderé, parece decirle a “la muñeca viviente” la voz impresa de Luis Leante, el Premio Alfaguara del año anterior, y nada más.